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Las consecuencias de la Guerra: El patrón oro

miércoles 13 de agosto de 2014, 14:36h
El patrón oro fue sustituido por un patrón cambio-oro, que acabó fracasando.

Durante la Gran Guerra, el oro, que era la base del sistema financiero, desapareció de la circulación. Familias y empresas lo atesoraron. Los países cortaron su circulación internacional, y el oro era, sobre todo, una moneda internacional. Cuando se produjo la derrota de Alemania, los vencedores se esforzaron por reconstruir el sistema financiero mundial.

Pero las circunstancias habían cambiado. El patrón oro funcionaba, entre otras razones, porque las economías nacionales estaban liberalizadas. Pero el contexto político era ya nuevo, y estaba marcado por realidades que no han desaparecido, y que condicionaban al sistema monetario hasta impedir su regreso completo: “Unas relaciones laborales burocratizadas, una política monetaria politizada”, entre otros.

Sólo los Estados Unidos tenían una cantidad de oro significativa, un 8 por ciento de la oferta mundial. ¿Cómo volver a hacerlo circular? La solución que se encontró fue concentrarlo en los bancos centrales. Los gobiernos impusieron grandes cantidades mínimas para rescatarlo con billetes.

En segundo lugar, lo que hicieron los bancos centrales fue no entregar oro por los billetes nacionales, sino entregar otra divisa que era convertible en oro. En principio era lo mismo, pero en realidad alejaba un paso más a los tenedores de billetes del oro que en teoría representaban. Es decir, se convirtió el patrón oro en un patrón cambio-oro.

El patrón oro, que funcionó hasta el conflicto mundial, tenía un carácter autónomo, mecánico, indomable, del patrón oro. Era un sistema financiero que no se sometía al control de los políticos. A pesar de ello, o más bien a causa de ello, funcionaba muy bien. Contribuyó a frenar la inflación. Cuando el mercado financiero de un país se excedía, el sistema aplicaba de forma automática unos frenos, en forma de crisis económica. Duros, pero que evitaban que la caída fuera aún mayor.

El mecanismo del patrón oro no era en exceso complicado. Si un país había permitido que el crédito creciera en exceso, esa liquidez excesiva se saldaba con compras en el exterior; importaciones a cambio de oro, o de billetes con los que se podía rescatar el oro. Cuando los bancos privados y bancos centrales veían crecer las divisas de ese país, reclamaban el preciado metal, que en consecuencia salía del país. Al estrecharse la base monetaria del sistema, los bancos privados comenzaban a tener problemas para mantener su liquidez, primero, y su solvencia después. El banco central del país reaccionaba entonces subiendo los tipos de descuento. Al hacerlo, habría menos intermediarios financieros dispuestos a llevar facturas al descuento. Al hacerlo en menor cantidad, el banco central entrega una menor cantidad de dinero. De este modo, logra que se controle el crédito. Se drena el dinero y los créditos a corto plazo del mercado, y se paraliza la salida de oro. Pronto se revierte la situación. Si actúa con rapidez, puede incluso solventar el problema sin que empiece a salir el oro.

El mecanismo funciona tan bien, que los inversores se adelantan a esta situación, invirtiendo en el país que está en dificultades, lo que alivia su situación. Lo hacen porque cuentan con que el banco central de aquél país va a elevar el tipo de descuento. Esa decisión elevará el tipo de cambio de la moneda. Pero ellos entran antes de que esto ocurra, de modo que se beneficiarán de la revaluación de esa moneda nacional. Este proceso es tan efectivo que en ocasiones el banco central no se ve en la necesidad de elevar los tipos de interés. Pero funciona porque todos saben que, si fuera necesario, lo hará sin ninguna duda.

La Gran Guerra acaba con todo ello. El patrón cambio oro tenía como objetivo acabar con esos automatismos, permitir una mayor inflación. Y para eso el sistema tenía que someterse a unas riendas que los responsables políticos pudieran manejar. Por eso se retiró sutil, pero eficazmente, la libre circulación del oro.

Se celebró una conferencia monetaria en Génova, en 1922. En ella prevalecieron las ideas de John M. Keynes y Ralph Hawtrey. Gran Bretaña fue la arquitecta del sistema que prevaleció hasta la Gran Depresión, y que pasaba por el cambio-oro, con la libra esterlina como base. Francia, defensora del patrón oro, creía que el nuevo sistema era un intento británico por copar el mercado.

En cualquier caso, el nuevo sistema funcionó tal como se esperaba. Se habían levantado algunos de los frenos automáticos del patrón oro, por lo que se logró lo que se definió en su momento como el principal problema monetario: la “flexibilidad”. Es decir, la capacidad del sistema de aumentar el cédito sin más frenos que los que deseasen los políticos. Las consecuencias fueron unos años 20' de gran prosperidad, que acabaron abrupta y trágicamente en octubre de 1929.

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