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Crónica de América: El tirano en su rincón

jueves 14 de agosto de 2014, 08:32h
Crónica de América: El tirano en su rincón

Fidel Castro acaba de cumplir 88 años en un supuesto retiro desde donde sigue ejerciendo el poder último en Cuba. Por Rafael Fuentes.

 

Este miércoles trece de agosto Fidel Castro cumplió 88 años, casi dos lustros después de que traspasase la presidencia de Cuba a su hermano Raúl.  El aniversario ha sido aprovechado para realizar ditirámbicas conmemoraciones en la isla caribeña para aclamar la figura del viejo dictador. El castrismo echa toneladas de incienso sobre el castrismo. Un autohomenaje de la estructura oficial de la dictadura bajo la mirada impotente y solapadamente irónica de una población que ya sabe a qué atenerse. La publicación del Órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, “Granma”, declaró en su portada: “Homenajear a Fidel es una gran fiesta. Los cubanos y gente de todo el orbe, conocedores de su incansable lucha por una humanidad más justa, tienen cada 13 de agosto una razón más para creer que realmente un mundo mejor es posible.”

Tras rendir servilmente pleitesía en términos tan hiperbólicos, da cuenta de la exposición “Fidel es Fidel (+ Fotos)” preparada por Roberto Chile en el Memorial José Martí, donde la efigie de Castro se repite “ad nauseam” en cientos de fotografías tomadas en la última década por Chile mientras trabajaba cerca del caudillo: un marasmo de instantáneas captadas en los momentos más banales que configuran una muda omnipresencia del poder desde una pesadilla de fotos sin fin del mismo rostro. Lo que trata de hacerse pasar por la reivindicación de un supuesto paladín de la dignidad humana, viene a convertirse inconscientemente en un reflejo del poder en la sombra de un Fidel Castro cuya fisonomía se multiplica inquietantemente desde el aparente retiro que ha fingido escenificar.

La cuestión reiterada en los últimos ocho años es determinar cuál es el grado de autoridad que realmente conserva y ejerce entre bambalinas en la vida pública cubana. Abandonados oficialmente sus cargos políticos para afrontar una durísima enfermedad, Fidel Castro no perdió en ningún instante el dominio moral en el seno de su propio país, y de paso, tampoco en la izquierda latinoamericana, ni siquiera entre la española, incapaces de llevar a cabo el más mínimo análisis crítico ante un dictador trasnochado y con crímenes de toda índole a sus espaldas. ¿Habilidad dialéctica de Castro, o tercermundismo ideológico de la izquierda hispana?

La ascendencia de su personalidad no agota en modo alguno el control político de Fidel Castro. Sobre la piedra angular de ese crédito, el dictador en apariencia retirado ha ejercido desde su simulado aislamiento la labor de marcar la ortodoxia sobre la política exterior cubana, haciéndola pública a través de sus constantes artículos tanto en “Granma” como en “Cubadebate”. Sirvan de ejemplo las panfletarias diatribas aparecidas bajo el epígrafe “Reflexiones de Fidel” en torno a lo que viene considerando “El papel genocida de la OTAN”, la exaltación de Hugo Chávez en “Las dos Venezuelas”, el carácter criminal de Barack Obama en “La vergüenza supervisada de Obama” o en “Los horrores que el Imperio nos ofrece”, junto a la descalificación de la Organización de Estados Americanos en “Realidades edulcoradas que se alejan” o “La Cumbre de las guayaberas”. El caso más inmediato nos lo ha ofrecido este agosto con la publicación en “Granma” de su incendiario “Holocausto palestino en Gaza”, donde su reflexión se sustenta en la siguiente premisa: “Pienso que una nueva y repugnante forma de fascismo está surgiendo con notable fuerza en este momento de la historia humana.” (Artículo, por cierto, que sirvió de soporte a una Proclama firmada, entre otros, por Javier Bardem y Pedro Almodóvar que a su vez supuso el nombramiento de una de sus defensoras, Penélope Cruz, como “tonta de la semana” en medios cinematográficos estadounidenses.)


Quien se tome la molestia de leer los inacabables artículos de Fidel Castro una vez dejados sus cargos oficiales no encontrará precisamente un pensamiento muy elaborado. Cualquier conflicto es un holocausto o un genocidio contra militares izquierdistas y todo movimiento en el tablero de la política internacional es un modelo de acción fascista e imperialista. Esta tosquedad  -con indudable capacidad de influencia en mentalidades simplistas-, no debilita en modo alguno el poder interno del dictador sin cargos que es hoy Fidel Castro. La supervivencia del comunismo en Cuba ha estado íntimamente ligada a la política exterior diseñada por el glorioso comandante, en primer término a través de la alianza con la Venezuela chavista que Castro ha sabido manejar magistralmente a partir de la embobada admiración que le han venido profesando Hugo Chávez primero y Nicolás Maduro después.

La relación directa de Chávez y Castro es la que ha permitido la filtración cubana en Caracas en grados asombrosos. E inversamente, la donación por parte de Venezuela de ingentes cantidades de crudo a Cuba sin contrapartidas, lo que ha impedido el desplome económico de la isla. La implosión de la riqueza venezolana, desmoronándose en barrena, ha animado a una segunda estrategia internacional consistente en crear puntos de inversión extranjera que generen altos dividendos a los países que colaboren, simulando una liberalización de las prohibiciones que pesan sobre una población hundida en la miseria. La primera nación en colaborar ha sido el Brasil de Dilma Rousseff, banderín de enganche que ha abierto el apetito de otros Gobiernos hasta ahora reticentes, como el México de Peña Nieto, que ya ha anunciado su intención de cooperar.

Pero la verdadera pieza a cobrar por Fidel Castro es otra: la inversión de la Unión Europea (UE), sorteando la Posición común de Bruselas a favor de una democratización de la isla a cambio de ayuda económica. Desde 2012, Fidel Castro viene atacando durísimamente en sus publicaciones a España y Europa, al mismo tiempo que alienta una negociación donde se produzca un desembarco de capital europeo a gran escala en Cuba. Castro no ha dudado en clasificar a Aznar y a Rajoy como admiradores de Franco y entusiastas de los “miembros de la División Azul enviada junto a las SS y las SA nazis para matar soviéticos.” Cuando el tirano en la sombra escribió estas delirantes y previsibles palabras, en 2012, ya se estaban recibiendo en La Habana a los funcionarios de Bruselas encargados de diseñar la operación político-económica que desmonte definitivamente la Posición común europea sobre Cuba. La estrategia internacional de Fidel Castro sigue siendo, pues, el soporte último de la supervivencia de la estructura dictatorial.

La Unión Europea (UE) fingirá creer que se levantan prohibiciones sobre la población cubana -como pernoctar en hoteles, tener negocios propios o comprar coches europeos que con el valor del peso cubano, necesitarían varias vidas para hacerse con una sola pieza del automóvil-, mientras el capital europeo llega a la isla para sostener el aparato de la dictadura y hacer la vida más placentera a los miembros del partido. Fidel Castro no tiene cargos oficiales, pero es la mano que mece la cuna indispensable para que el armazón comunista no se venga abajo. Y eso le otorga el poder último, razón por la que hoy aplausos, soflamas, conciertos, exposiciones y ceremonias le rinden una risueña pleitesía en su cumpleaños. Las más de 8.000 personas asesinadas por el régimen castrista, entre ejecuciones, crímenes extrajudiciales y homicidios en las cárceles, no tienen quien les tribute ningún homenaje ni recuerdo. La propia Unión Europea (UE) está en trámites de olvidar sus exigencias de democratización. El dictador sin cargos oficiales puede disfrutar de sus cumpleaños.