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DESDE ULTRAMAR

Centenario del Canal de Panamá

viernes 22 de agosto de 2014, 20:36h
Cuando el 15 de agosto de 1914 navegó su cauce el primer buque atravesando América de mar a mar, terminaba la azarosa etapa de construcción de una de las obras más espectaculares de la Era Contemporánea: el Canal de Panamá. Lleno de escollos y penurias, de abusos y despojos –como la insolente y rateril frase de Teodoro Roosevelt escribiendo su “yo tomé Panamá”– apenas sería el comienzo de una historia compleja, cuyos alcances llegan hasta nuestros días y el centenario de aquella empresa merece unas cuantas de reflexiones.

En mal momento se inauguró aquel portento, apenas dos semanas después de estallada la ulterior Primera Guerra Mundial, que obligó a cerrarlo muy pronto. Sus terrenos fueron despojados primero a Colombia y después a la misma república de Panamá, una invención que aprovechó el sentimiento separatista panameño encubriendo intereses ajenos a ella, para que los Estados Unidos actuaran a sus anchas aplicando la política del Gran Garrote. Panamá quedaría fraccionada y a expensas de las exigencias de Washington, propietario a perpetuidad de la zona canalera, sujeta a una Comisión del Canal de Panamá que era dependiente de las llamadas Oficinas de la Casa Blanca.

El Canal de Panamá evitaría la circunnavegación por América del Sur y así se convirtió en un punto estratégico. Fue empleado como la base militar del Comando Sur, una suerte de gendarme regional, con la que los Estados Unidos –que junto con las bases en Guantánamo, Navassa y Puerto Rico– facilitaron la ingerencia permanente de la potencia continental y avasallaron a la región centroamericana y caribeña durante gran parte del siglo XX en su llamado, con soberbia, como “mar americano”. Ya no mencionemos las permanentes invasiones estadounidenses sufridas por Panamá, la última de la cuales (la vergonzosa de 1989) nos dejó escenas tan peripatéticas y dantescas como la de Guillermo Endara imponiéndose como presidente de la república de Panamá, tomando posesión en un buque de guerra de los Estados Unidos. Y costó Dios y ayuda que Panamá pudiera reintegrar el Canal a su territorio. Los Tratados Torrijos-Carter de 1977 permitieron su entrega a los panameños en 1999, con la insalvable condición de preservar su neutralidad, aun existiendo casos de conflicto.

El Canal de Panamá es geoestratégico aún en nuestra época. Además de mover la economía mundial, el susodicho paso fue y es valorado por su importancia militar. Costó mucho sacar al Comando Sur –no hallando Estados Unidos la forma de cómo permanecer en la región latinoamericana– y ahora el Canal enfrenta nuevos retos como su requerida expansión y crecimiento. Igual que en el siglo XIX con Lesseps, ya sabemos que la empresa española encomendada para dirigir su ampliación, se ha embrollado con los costos, impidiendo terminar su obra a tiempo para este centenario.

China en la región ha motivado una alianza en pos de construir un canal similar en Nicaragua, reviviendo un viejo proyecto anterior al de Panamá. Nicaragua despliega por todo lo alto ese trato. La construcción del canal nicaragüense –que en blogs y espacios de aquel país genera opiniones encontradas– será sufragado por China y es previsible que sea la principal usuaria. No obstante que hace pensar en Managua que será una gran idea, no está tan claro si el mercado da para tanto cruce (no me atrevo a sentenciar nada en sentido alguno) y por lo demás, una Nicaragua que lo mismo amenaza con arrebatarle a Costa Rica el Guanacaste (sin importar que a los pobladores de la rica región les llamen nicas regalados) y exige el cumplimiento del arbitraje que la posiciona sobre anterior mar territorial de Colombia, deja entrever una política activa en Managua algo envalentonada con los chinos detrás, que no puede perderse de vista en el hemisferio.

Entretanto, para saber y opinar, interesado en el canal panameño que nos viene estupendo en estos momentos de aniversario redondo, buscando la mirada del Sur entre países mucho más relacionados con el Canal de Panamá, consulté a una amiga y colega internacionalista colombiana, Catalina Robledo, quien habiéndolo visitado en un par de ocasiones, me expresó algunas consideraciones sobre la importancia del Canal para su país y para la región: “lo vi como una magnífica obra de ingeniera, imposible de describir en su precisión e importancia para el comercio internacional (pues) acorta el tiempo y hasta la distancia para el transporte de mercancías que viajan de un océano a otro. Me pregunto ¿qué pasaría si no existiera este canal? Sin duda la respuesta es que afectaría a los países sudamericanos, que no tendrían la misma capacidad de exportación hacia la costa este de los Estados Unidos, a Canadá y hacia los países europeos; por otro lado, se elevaría el precio de los productos, las comunicaciones no tendrían el desarrollo que hoy en día tienen (y) las rutas marítimas y los esquemas de distribución de la carga particularmente en Sur América cambiarían.” Añadió: “para Colombia ha sido favorable para el desarrollo del comercio internacional y del transporte marítimo. La ampliación del Canal traerá como consecuencia una excelente oportunidad para evolucionar aún más en asuntos de comercio exterior, porque se ampliaría la capacidad de los puertos fronterizos como Cartagena de Indias, que será el puerto del Atlántico para recibir buques de gran calado”.

Pero la internacionalista sentencia, describiendo una situación prevaleciente: “Panamá y Colombia se han visto afectados por el comercio proveniente de China, de donde llega mercancía baja en aranceles con la que para varios sectores ha sido muy difícil competir.” ¿Le suena familiar estas palabras, amigo lector? Seguro que sí.

Para finalizar, en este centenario no podemos omitir referirnos a la Alianza del Pacífico, que sigue su marcha. Economías más boyantes la conforman y han invitado a Panamá, como a España, a pertenecer a ella. Una estrategia comercial para enfrentar el desafío chino merece siempre nuestra atención porque hay retos compartidos. El Canal de Panamá puede ser un estupendo impulsor del comercio entre estas naciones y su proyectada consolidación. Qué mejor que tener a Panamá de referente, la cinturita de América, como lo tuvo Simón Bolívar, el grande, el de todos, pensando en la unión regional.
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