www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

POR LIBRE

Los retos de Rajoy

domingo 24 de agosto de 2014, 19:43h

A la vuelta de sus largas vacaciones, al presidente del Gobierno le espera un turbulento curso político. Y no podrá contar con nadie fuera de su partido para abordar los retos más espinosos: reforma electoral ante las municipales, las propias elecciones locales y, como no podía faltar, el desafío secesionista catalán.

El proyecto de reformar la ley electoral para que en las ciudades españolas gobierne la lista más votada tiene tanto sentido común como una violenta y unánime oposición de todos los partidos. No le falta la razón a Rajoy cuando propone la reforma, pues la alianza de media docena de partiditos nunca debería desplazar del poder al grupo político que ha logrado la victoria y un 40 por ciento de los votos. Las elecciones autonómicas en Andalucía pueden servir como ejemplo. El PP se quedó al borde de la mayoría absoluta, el PSOE obtuvo una descomunal derrota, pero la alianza de socialistas y comunistas propició un nuevo gobierno de izquierdas. El resultado, como suele ocurrir en estos casos: el partido ganador está en la oposición y Susana Díaz tiene que consultar a IU hasta el color de sus zapatos.

Como era previsible, el PSOE, pese a que propuso una reforma similar en la campaña de las pasadas elecciones generales, se opone ahora casi con violencia a tal reforma, pues sabe que con ella no gobernaría ni en Tribulete. Y, al igual que el resto de los partidos políticos, ya ha tachado la propuesta de antidemocrática e ilegal. ¿Y no es más antidemocrático que gobierne un partido político que ha sido ampliamente derrotado por otro?

Rajoy tendrá que armarse de valor para poner en marcha la reforma. Sabe que está solo y que una modificación de la ley electoral requeriría el consenso con el PSOE, pero también sabe que sin ella, el PP puede perder injustamente un buen puñado de ciudades en las que ahora gobierna, entre ellas algunas plazas tan emblemáticas como Madrid y Valencia. Pues el Partido Popular, a diferencia del PSOE, está obligado a obtener mayoría absoluta para gobernar. Los socialistas, en cambio, se alían hasta con el diablo con tal de tocar poder. Y el diablo ya tiene nombre.

Y el ya enquistado reto que le espera a Rajoy no puede ser otro que el desafío secesionista catalán. Mientras el presidente del Gobierno se bamboleaba en su hamaca, los Mas, Junqueras y Homs no han cesado en su empeño y parecen haber retomado con ímpetu su desquiciado desafío al Estado. Pese al escándalo de Pujol, o para contrarrestarlo, y pese a las advertencias de ilegalidad, los impulsores del proceso soberanista no dejan de echar carbón en la caldera: más dinero, más mítines, más comunicados, más sermones, más informes jurídicos, como el aprobado este jueves por los pelos por el Consejo de Garantías Estatutarias…

Nadie sabe todavía cómo afrontará Rajoy el escollo si, en efecto, los nacionalistas catalanes están dispuestos a despreciar la Constitución. Dispuestos a la insurrección. De momento, a mediados de septiembre el Parlamento catalán aprobará la llamada ley de consultas. Será el momento de ver la reacción del presidente del Gobierno. Previsiblemente, el Ejecutivo recurrirá al TC y, como parece evidente, el Alto Tribunal impugnará la ley. Pero ya han advertido los nacionalistas que no acatarán la resolución y seguirán adelante. Para ellos, le ley solo emana del Parlamento catalán.

En este caso, también podría el Gobierno inhabilitar a Artur Mas, incluso anular la Autonomía catalana. Un misil demoledor. Rajoy tendría todo el derecho del mundo para poner en marcha tales medidas. Pero debería armarse de valor y los nacionalistas lo recibirían como un insulto, como una afrenta del Estado opresor español anticatalán y antidemocrático. Artur Mas, incluso, se convertiría en un héroe de la causa y es más que previsible que las legiones de radicales secesionistas tomaran las calles y arrasaran con todo. Las sedes del PP y de la Delegación del Gobierno deberían blindarse ante los previsibles ataques. La agitación incendiaría toda Cataluña.

Y el último recurso del Gobierno, en caso de que los nacionalistas llegaran a instalar las urnas el 9 de noviembre, consistiría en mandar a las Fuerzas de Seguridad para desmontar el chiringuito (o los chiringuitos). Las algaradas también se producirían.

Rajoy espera, como suele, que el problema catalán se diluya ante estas previsibles medidas o amenazas veladas del Gobierno. De momento, medios cercanos al PP han difundido la posibilidad de que los secuaces de Montoro podrían revisar con lupa las finanzas de Artur Mas en busca de posibles trampas. El antecedente de Pujol no es una casualidad y el 3 por ciento benefició a más de uno. El presidente del Gobierno tiene un arsenal a su alcance para derrotar a los secesionistas y quitarles el caramelo de la boca. Habrá que ver si está dispuesto a disparar el misil. De momento, medita al suave vaivén de la hamaca. Que lo medite bien.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.