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ENTREVISTA

"No quiero morir en el escenario sino haciendo cruceros por el Danubio"

viernes 29 de agosto de 2014, 19:48h
María Luisa Merlo estrena este sábado Villa Puccini en el alternativo Teatro del Arte de Madrid.
'No quiero morir en el escenario sino haciendo cruceros por el Danubio'
La actriz María Luisa Merlo regresa a los escenarios de Madrid con Villa Puccini, el texto de Miguel Ángel Orts y Alexander Herold que ya representó en gira por España en 2012. Vuelve a ponerse el abrigo de piel en pleno agosto –“está como un cencerro”, justifica Merlo a su personaje- para jugar a ser la diva de ópera internacional que se enfrenta a su último concierto y que, entre los focos y bambalinas de un escenario de Torre del Lago (Italia), deambula entre su pasado, su presente y su futuro inmediato. Su ‘yo’ de juventud queda representado en escena por la reputada soprano valenciana Emilia Onrubia. El resto no es más que un biombo y el juego de luces que dejan el protagonismo a la interpretación y la música. Un drama, -“como en toda ópera”, defiende- adornado por la ironía y la gracia del personaje. “Vamos, que no es un tostón”, aclara Merlo en una charla con El Imparcial a pocas horas del estreno de Villa Puccini en el Teatro del Arte de Madrid, una pequeña sala de la capital en la que Merlo se estrena, a sus 72 años, en el circuito alternativo de la escena madrileña.



¿Cree que es curativo en determinado momento pararse a rememorar el pasado?

Siendo la última noche que vas a trabajar, como en el caso del persoanje, puede que sí, pero a mí personalmente recordar me gusta muy poco. Me parece una pérdida de tiempo. Yo vivo el día, el momento. Mi lema es Carpe Diem.

¿Ni siquiera haciendo una obra como esta ha tenido la tentación de hacer recuento?
Nada absolutamente. Sobre todo porque el personaje no se parece en nada a mí. Disfruto mucho de ella, pero no me provoca esa necesidad de rememorar. Hay funciones que recuerdo con gran cariño, por el texto o por lo a gusto que he trabajé con compañeros y directores, pero en general no me gusta rememorar mi trayectoria. Me importa más el ser humano que la carrera.

Pasa de la locura cómica de Locos por el té, que representó hace pocos meses también en Madrid, a una obra mucho más profunda y reflexiva. ¿Le apetecía este cambio de registro?
En cierta manera sí. Cuando hice Locos por el té, lo que me apetecía era reírme, y me lo pasé en grande con los compañeros jóvenes, que son precisamente quienes me han empujado a hacer de nuevo Villa Puccini. Me enganché al oírles hablar de las salas alternativas de Madrid, unos espacios que están adquiriendo ahora un carisma bárbaro. Creo que soy la primera actriz española de mi generación que trabaja en una sala alternativa. Yo he visto a grandes actrices actuar en los ‘fridges’ londinenses de teatro alternativo, pero aquí yo creo que hasta ahora no. A esta gente joven con la que trabajaba en Locos por el té les he visto en sitios como La Casa de la Portera, eso que está ahora tan de moda de hacer teatro en un piso y que a mí me parece ideal. Todo lo que sea un invento nuevo me parece genial.

A parte de nuevas, ¿cree que estas alternativas más low-cost son hoy una necesidad?
Por supuesto. Ante esta cosa tan bonita del 21 por ciento que nos han plantado, es necesario montar otro tipo de teatro. No van a poder con nosotros.

Siempre ha confesado una pasión enorme por viajar y siempre que puede se escapa a Londres. ¿Ayuda este movimiento a tomar decisiones como la de probar de pronto en este tipo de salas?
Me gusta probar todo lo nuevo y creo que lo haría igual aunque no hubiera viajado, pero es cierto que moverte a otros sitios abre mucho la mente. En el caso concreto de mi profesión, he comprobado que hay países para los que el teatro es como para España los toros. Aún así, vamos a salir adelante, seguro. Estoy viendo cantidad de actores estupendos, jóvenes y no tan jóvenes, promoviendo este tipo de iniciativas alternativas. El teatro ya es otra cosa, ha tenido que cambiar por obligación, pero creo que al final va a ser algo bueno. Al final nos van a hacer un favor.



La diva de esta obra siente predilección por un autor en concreto. ¿Quién sería el Puccini de Maria Luisa Merlo?

Seguro que ofendería a alguien si dijera algún nombre. En realidad creo que no lo he encontrado todavía, lo estoy buscando.

Hay quien puede pensar que esta obra, sobre una cantante de ópera ante el último concierto de su carrera, puede ser una declaración de intenciones…
Bueno, esta no va a ser mi última obra, pero tampoco te creas que voy a estar mucho más. Desde hace muy poco tiempo me está ganando terreno el pensamiento de que me apetece trabajar menos. Me han entrado muchas ganas de ver mundo, de viajar, de vivir mi vida familiar… todo eso que no he podido hacer de forma plena. No creo que esté mucho más en esto. Hay gente que sigue hasta el final. Mi padre mismo murió pocas horas después de salir de escena, pero yo no quiero morir en el escenario, sino haciendo cruceros por el Danubio.

En su caso sí ha podido compatibilizar una trayectoria profesional inmensa con una familia numerosa…
Sí, pero ha sido muy difícil. Cuesta un trabajo tremendo, sobre todo con cuatro hijos. Cuando yo era pequeña vivía con mis abuelos y mis padres me llevaban a todos los sitios que podían en la España rara de esa época. Pero en mi caso, con cuatro hijos y teniendo que levantarme a las cinco de la mañana para ir a televisión y luego hacer dos funciones a las siete y a las diez… He pasado mucha hambre de hijos pequeños, por eso creo que tengo ahora esta locura con mis nietos.

¿Nos sorprenderíamos si pudiéramos espiar por una mirilla la sobremesa de una familia de artistas como la suya?
No creo, porque además hablamos poquísimo de teatro. Cuando vamos a estrenar es cuando igual nos pedimos consejo unos a otros u opinión sobre algún ensayo, pero si no, para nada. Solo guisamos, hablamos de cualquier cosa y nos reímos.

A pesar de los sacrificios, ¿qué le da el teatro?
Realización personal. Cuando era joven quería vivir otras cosas que eran muy poco compatibles con el teatro, así que me gustaban más el cine y la televisión porque me dejaban más libertad. Sin embargo, ahora es donde me siento realizada. Incluso en los momentos en los que he estado más baja, el instante antes de salir a escena me cargaba de energía; luego igual me quedaba todo el día en casa, pero el escenario siempre me ha dado fuerza. Ir encadenando trabajos y hacer papeles diferentes ayuda mucho en lo personal. Mi forma de trabajar es sentar a los personajes e ir preguntándoles, como si yo fuera un psicólogo, para saber qué les está pasando. Mirar dentro de los personajes, sean cómicos o dramáticos, también me ayuda mucho.

¿Qué no haría nunca encima de un escenario?
Dar un mensaje político con el que no esté de acuerdo. Aunque sea a través de un personaje, es una cosa que no haría jamás. Me costaría mucho.

Por último, una sensación que quiera transmitir al público con Villa Puccini.
Quiero que al público se le pongan de corbata, como se ponen a mí, que salgan diciendo ‘qué bello es lo que hemos visto’.

Villa Puccini podrá verse en el Teatro del Arte desde este sábado, 30 de agosto, todos los sábados a las 20.00h y los domingos a las 19.00h.
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