www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

DESDE ULTRAMAR

Museografía mexicana: de manteles largos

lunes 01 de septiembre de 2014, 20:52h
2014 marca el septuagésimo quinto aniversario del importantísimo Instituto Nacional de Antropología e Historia (Inah, por sus siglas), que en México es el hacedor de su museografía contemporánea, la que lo distinguió en el siglo XX como una de las más valoradas; al grado de haber inspirado la creación de similares instituciones públicas en varios países hispanoamericanos. Tres cuartos de siglo no son poco. ¡Enhorabuena!

El Inah –heredero del rico patrimonio histórico mexicano y de sus recintos culturales del siglo XIX– articula la vida museística de México a través de sus museos y sus zonas arqueológicas de fama mundial –verbigracia, Teotihuacán, Chichen Itzá, Tulum o Mitla– y si me apura –y lo digo como ciudadano asiduo visitante de sus espacios– incluso haciendo su entregada tarea con mayor prestigio y solera que el propio Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) que coordina sus esfuerzos con otras entidades culturales del Estado mexicano; siendo el gran impulsor de las magnas exposiciones de arte y cultura mexicana que se pasean por el mundo, pues es el que aporta los principales acervos que las nutren, siendo además el gran patrocinador e irremplazable anfitrión de magnas exposiciones de arte y patrimonio mundial, proveniente de los más recónditos lugares del planeta y de todas las épocas.

No es cosa menor hablar de esta bizarría –tal es el rango con que merece calificarse la gigantesca tarea emprendida por el Inah– que descuella imbatible, resultante del impulso generado por la eclosión de estímulos que supuso la Revolución Mexicana en la cultura nacional, con su nacionalismo abarcando todas las manifestaciones. Los estudios y cuidados de la institución celebrada cubren desde asesoría, restauración, custodia de murales de O’Gorman y Diego Rivera o archivos bibliográficos, su industria editorial promotora del conocimiento o la posesión de piezas arqueológicas de inmenso valor, abarcando el estudio de los pueblos indígenas actuales, esparcidos por todo México. Ingente cometido que contribuye a su conocimiento y respeto. El Inah merece por lo tanto, más presupuesto, más espacios y hasta ampliar horarios de acceso a sus galerías para recreo y admiración de sus ciudadanos y sus visitantes.

Y en esta coyuntura, en 2014 se cumple también medio siglo de varios de los museos más importantes de la red perteneciente al Inah. Inaugurados al finalizar el sexenio del presidente López Mateos (1964), se unen a estas felices conmemoraciones. Destaco tres que, quien pasa o se pasea por México, nunca debe de perdérselos, puesto que atesoran gran parte del legado, la memoria y el patrimonio cultural histórico de México, bajo su protección y resguardo: el Museo Nacional de Antropología, el Museo Nacional del Virreinato y el Museo Nacional de Historia, conocido como Alcázar o Castillo de Chapultepec.

A precios asequibles y muchas veces gratuitos, merced al Inah somos receptores de ese inconmensurable caudal de obras esplendorosas propias y ajenas, así como son proveedores de ellas hacia los museos más importantes del mundo.

Evoco dos cosas más que no quiero dejarme en el tintero en este bonito aniversario. Primero, destaco a mi museo favorito, el Nacional de Antropología, que conocí a los siete años de la mano de mi padre en el verano del 79, que es de los más sugeridos en cuanta guía turística describe la capital mexicana. Ha sido hasta hace poco el más grande del mundo en su género, superado ya por el nuevo Museo Egipcio de El Cairo, destinado a exhibir el regio y enigmático arte faraónico proveniente del don del Nilo. El nuestro me sigue pareciendo tan didáctico, tan vanguardista aún hoy, espacioso y situado en una inmejorable ubicación, rodeado del espeso bosque de Chapultepec –el bosque urbano más antiguo de América– que se avista desde sus enormes ventanales, aportándole frescura y verdor procurando un armónico equilibrio, como lo dispuso su arquitecto, Pedro Ramírez Vázquez, autor también del actual Museo Olímpico de Lausana, que falleció en 2013.

Siempre que lo recorro en compañía de mis amigos extranjeros que visitan México, lo disfruto enteramente como el primer día. Aguardan a develarse ante ellos el Calendario Azteca, la máscara de jade del señor de Palenque con sus casi mil quinientos años de antigüedad, la cabeza olmeca, la maqueta formidable de la capital azteca, Tenochtitlán, conquistada por Hernán Cortés y el arte zapoteco en oro y obsidiana que lo ornamentan, junto con sus jardines albergando templos mayas de magnífica reproducción, ahora ya envueltos de un ambiente selvático muy bien logrado, tras medio siglo, similar a las densas junglas del sureste mexicano donde yacen los originales. Son ecos del México antiguo que retumban en sus muros de mármoles y genuinas maderas preciosas provenientes de la selva chiapaneca, y donde en una soleada tarde veraniega, cuando el viento caluroso henchido de un pasado remoto vivo, sopla en su patio central, va meciendo los crecidos y abundantes papiros de su estanque, retando nuestro imaginario, provocándonos nuestro solaz, mientras sus calmadas aguas reflejan las alas del palpitante edificio que posee un silencio peculiar, pese a estar abarrotado de visitantes, muchos de ellos niños.

Además, lo segundo debo remarcarlo: en los últimos años, mi tarea investigadora me ha conducido a los valiosos fondos antiguos que posee el Inah. Por tal razón solo puedo expresar mi agradecimiento a quienes me han facilitado acceder a ellos para proseguir mi labor académica: a doña Alma Montero, a doña Cecilia Genel, a las académicas doña Rocío Uribe y doña María de los Ángeles Ocampo, a doña Itzamara Vargas y a doña Estela Dorantes junto con todo su valiosísimo equipo que, desde el Museo Nacional del Virreinato situado en Tepotzotlán, y que también cumple su cincuentenario, me han brindado su entero apoyo, sin olvidarme desde luego, de las autoridades que presiden el Inah y al museo.

Así pues, no puedo más que ser agradecido y en esta ocasión más por la feliz coincidencia con este aniversario, y más aún por ese quehacer invaluable y por el servicio que presta el Inah en definitiva al pueblo de México y a la Humanidad entera, porque su actuación después de todo, impacta en una manera muy positiva y destacada. Mis parabienes en esta celebración de órdago.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios