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CRÍTICA DE CINE

'Jersey Boys', Broadway meets Clint Eastwood

jueves 04 de septiembre de 2014, 15:07h
'Jersey Boys', Broadway meets Clint Eastwood
Particular adaptación a la gran pantalla del exitoso musical sobre los míticos Four Seasons.
Desde el mismo instante en que el encargo de adaptar a la gran pantalla el multipremiado musical de Broadway Jersey Boys terminó en manos de Clint Eastwood se podía intuir que el resultado no iba a ser un videoclip de dos horas de duración. Lo que llega este viernes a las salas es, más bien, un drama con carga musical específica, un biopic sobre la banda de pop-rock americana que batió records en los sesenta, los Four Seasons, en el que la música juega un papel evidentemente fundamental pero siempre desde de la trama, con una justificación narrativa y sin excesos. Meterse en el terreno del musical le ha servido a Eastwood de excusa para dar rienda suelta al mimo y la exquisitez con que ha tratado per se las banda sonora de toda su filmografía. Desde la perspectiva del género, eso es todo. El ‘hombre sin nombre’ no se ha desmelenado, y es necesario aclararlo porque ya hay quien se ha echado las manos a la cabeza por no haber asistido a multitudinarios y coreografiados números musicales en Jersey Boys. Clint Eastwood sigue siendo Clint Eastwood y Jersey Boys es barrio, es calle y venganza, honor y picaresca aderezada con la música seminostálgica y de luminosidad rabiosa del mítico cuarteto de Nueva Jersey.

La cinta cuenta los inicios, ascenso y caída de los Four Seasons, la banda liderada por el barbero italoamericano Frankie Valli (y completada por Bob Gaudio, Tommy DeVito y Nick Massi) que arrasó en las listas americanas de éxitos durante los sesenta, a la altura de The Beatles. La trama se desenvuelve en el ambiente del Jersey de la Cosa Nostra y explota el atractivo cinematográfico de sus escenarios y sus personajes, navegando entre las sofisticadas mieles del éxito y los códigos de honor, la comunidad y la familia.

En su apropiación del musical de Broadway, Eastwood acierta al mantener la estructura narrativa en cuatro actos contados directamente al espectador por cada uno de los cuatro integrantes de los Four Seasons. Las confesiones a cámara de los protagonistas metidos a narradores, más incisivas a medida que avanza el metraje, marcan un ritmo interesante y mantienen la atención durante las dos horas y cuarto que dura la película.

Y en este punto, el único ‘pero’. Es muy probable que Jersey Boys sea una de esas películas que ha tenido que renunciar, por razones obvias, a una ingente cantidad de material rodado en montaje. Por un lado, hubiera sido excesivo superar los 134 minutos con los que llega a los cines y hay que reconocer la labor de condensación de una vida en dos horas de este tipo de cine biográfico. Dicho esto, Jersey Boys sí adolece de algunos problemas, bien de guión, bien de recorte en posproducción, que dejan huecos por los que se escapa parte de la satisfacción general que produce la película. La vida personal de los protagonistas, al margen de su carrera profesional en la banda, se deja en un plano muy secundario, con apenas unas pinceladas exigidas para aplicar un contexto a la historia de éxito y lodo de los Four Seasons. Sin embargo, las situaciones particulares de cada uno ganan importancia hacia el final de la cinta, encontrándonos con algunas tramas que nacen y mueren de pronto, sin tiempo a que el espectador las digiera. Ocurre especialmente en la relación de Frankie Valli con su hija pequeña: no se nos da la suficiente información para que entendamos e interpretemos algunos comportamientos del personaje.

Lo que para un drama puro hubiera sido una herida mortal, para el musical entrecomillado que es la 33ª película de Clint Eastwood es un corte que molesta pero no duele. Jersey Boys se disfruta. Es una película elegante que brinda nostalgia complaciente a través de la música, el vestuario y la ambientación. Es fácil, además, que sus cuatro protagonistas gusten: Frankie Vallie (John Lloyd Young), el chico de barrio ingenuo pero rodeado de malas compañías y el que, probablemente, mayor arco dramático desarrolla en la película; Tommy DeVito (un genial Vincent Piazza), el líder nato, tan seductor como egoísta e impulsivo; Bob Gaudio (Erich Bergen), el punto de inflexión, la nota discordante por su rectitud, más reflexivo; y Nick Massi (Michael Lomenda), el hombre callado, pero efervescente en un discreto segundo plano. La interacción entre los cuatro conquista y queda apoyada por el enorme papel secundario de Christopher Walken como el padrino de DeVito y Valli, que ofrece el contrapunto cómico en algunas de las mejores escenas de la película.

Por su parte, la banda sonora no tiene desperdicio. Desde el estilo doo wop y el inconfundible falsete de Valli (increíble el registro vocal del actor) en los orígenes de los Four Seasons, marcados por sus tres primeros números uno –Sherry, Big Girls Don't Cry y Walk Like a Man-, hasta el icónico e infinitamente versionado Can't Take My Eyes Off You. Para los puristas del género, el cierre del filme esconde un guiño a la obra original, fuera de trama y justo antes de los títulos de crédito, que satisfará las ganas de espectáculo con mayúsculas.
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