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TRIBUNA

¿Tiene Nicolás Sarkozy la solución a la crisis francesa?

lunes 22 de septiembre de 2014, 20:06h
Domingo por la noche, en el telediario del segundo canal (público) de la televisión francesa, Nicolás Sarkozy ha concedido una larga entrevista en la cual ha justificado su regreso a la política francesa, compitiendo por la presidencia de uno de los partidos de la oposición, la UMP.

La UMP se consideraba hasta junio pasado como el principal partido de la oposición. Tiene unos 200 diputados (de 577), 130 senadores (de 348).

Pero en junio, el Frente Nacional de Marine Le Pen consiguió el 25% de los votos frente al 20% para las listas UMP. Los últimos sondeos apuntan a que Marine Le Pen podría, si se celebraran hoy en día las elecciones presidenciales, obtener hasta un 27% en la primera vuelta (frente a un 17% para Hollande o Valls). Sabemos que faltan 32 meses para las elecciones de 2017 y que muchas cosas pueden cambiar (una de las cosas que bien podrían cambiar es la fecha de las elecciones porque muchos dudan de la posibilidad del presidente Hollande para llegar al final de su mandato), pero todo apunta a que el paisaje político francés está en plena recomposición (si somos optimistas) o descomposición (si somos pesimistas).

En este ambiente, la vuelta de Nicolás Sarkozy a la primera fila de la actividad política es, guste o no, un acontecimiento importante. Acaba de explicar el exmandatario francés que vuelve a implicarse porque le horroriza el grado de desesperación que siente en la sociedad francesa.

Propone reorganizar por completo el partido UMP. Su planteamiento parte de la idea que el enfrentamiento izquierda-derecha ya no vale y que el pragmatismo se impone si se quiere superar la crisis económica.

No cabe la menor duda de que este discurso gustará a una gran parte de la opinión pública, tan desorientada. Izquierda y derecha no presentan hoy ni coherencia ideológica, ni sistema de valores, ni menos aún programas de gobierno que puedan organizar la competición electoral y orientar el voto de los franceses. El auge del Frente Nacional lo manifiesta y el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon tuvo la honestidad de reconocer que su partido no superaba el 6% de los votos porque Marine Le Pen le había “robado” su discurso. Me parece que Nicolás Sarkozy se prepara a subirse al carro de los populismos.

¿Por qué? Por una razón sencilla: la derecha francesa es hoy un desierto político, ideológico y moral. En diciembre de 2012, un voto interno a la UMP se salda por un robo electoral a favor del candidato derrotado (Jean-François Copé) en detrimento del exprimer ministro François Fillon. Este mismo presidente mal-electo Copé se ve envuelto en un enorme escándalo de financiación del partido… y tiene que dimitir. Y ¿de qué ha hablado la oposición en estos dos años? Pues de nada, salvo de la denuncia automática del gobierno socialista. ¿Qué programa ha elaborado? Ninguno. Sarkozy vuelve porque viene a cubrir el vacío de la oposición.

Pero no es una buena noticia de cara al porvenir. De ahí a 2017, vamos a vivir una larga repetición de la campaña de 2012… y mientras tanto el país se tambalea, los franceses asisten deprimidos al espectáculo de una clase política encerrada en sí.

¡Ojalá me esté equivocando!
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