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TRIBUNA

¿México se atrevió a cambiar?

Juan Federico Arriola
jueves 25 de septiembre de 2014, 20:38h
En México, es común llamar al mes de septiembre, el mes de la patria, porque se festeja cada 13 de septiembre la actuación valiente de los cadetes mexicanos frente a la invasión militar de Estados Unidos en 1847 en la defensa del Castillo de Chapultepec, porque el 16 de septiembre se conmemora el inicio de la lucha encabezada por el sacerdote católico Miguel Hidalgo por la independencia de México frente a la corona española y el 27 de septiembre, de manera curiosa y misteriosa, es la fecha oficial de la consumación de independencia, pero no hay desfiles, ni discursos y tampoco una explicación oficial de por qué no se reconoce el papel que jugó Agustín de Iturbide en el inicio del Estado mexicano en 1821.

No deja de ser curioso que haya sido el dictador mexicano Porfirio Díaz quien comenzara la costumbre de hacer el famoso grito de independencia, la noche del 15 de septiembre y no en la madrugada del día siguiente cuando efectivamente lo realizó Hidalgo. Los gobiernos revolucionarios y post revolucionarios mexicanos fueron incapaces de cambiar la costumbre porfirista.

Así también los dos gobiernos panistas y por tanto en la letra conservadores, el de Vicente Fox y de Felipe Calderón no se atrevieron a recordar la figura de Agustín de Iturbide, que sí cometió el error de autoproclamarse emperador de México, pero que sin él no hubiese sido posible la independencia

Desde hace mucho tiempo, en septiembre el presidente de la república da su informe anual de gobierno frente al Congreso (Cámara de Senadores y Cámara de Diputados).

Existe la vieja broma de que existen en México tres formas de comenzar los cuentos: “Había una vez…”, “Érase una vez…” y “Honorable Congreso de la Unión…” Generalmente los presidentes mexicanos están divorciados de la realidad: sus discursos y declaraciones no son acordes con la realidad y como la realidad no miente me quedo con ella aunque me duela.

El actual titular del Poder Ejecutivo Federal, Enrique Peña declaró en su discurso del pasado 2 de septiembre –aunque cumplió con la formalidad de enviar su Informe de Gobierno el día anterior- hizo énfasis de que “México se atrevió a cambiar.” ¿A cambiar en qué?

La corrupción, la opacidad en la información de las entidades públicas, incluidos los grandes sindicatos que son parte del PRI-Gobierno o bien que tienen intereses políticos estrechos con el poder presidencial, la violencia criminal y la pobreza no han disminuido en términos reales.

Peña y sus colaboradores se autofelicitan por logros menores durante casi dos años. La verdad es que la corrupción es una materia en la que el gobierno de Peña está reprobado. Son más de cinco ex gobernadores de extracción priista que no son investigados por la Procuraduría General de la República. Más grave es que líos tremendos que heredó el gobierno actual tampoco han sido resueltos: la quiebra fraudulenta de la compañía Mexicana de Aviación que era la aerolínea más antigua de Iberoamérica, el escándalo de los mineros muertos por la negligencia del Grupo México. Ahora también el escándalo del dueño y sus socios accionistas de Oceanografía que afectó intereses económicos de bancos mexicanos y extranjeros, del Seguro Social mexicano, del Instituto de Vivienda para trabajadores y por supuesto delitos tributarios contra la Secretaría de Hacienda.

No sé a qué se refiere el presidente Peña, de que México se atrevió a cambiar si la mal llamada clase política sigue siendo la misma: rapaz, ineficiente y corrupta. A los hechos históricos y actuales me remito. La realidad no miente, sólo hay que salir a las calles y carreteras, sin guardaespaldas y coches blindados. Es una pena que siga la demagogia campeando en mi atribulado país.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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