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CRÍTICA DE CINE

La desaparición de Eleanor Rigby, Jessica Chastain camino del Oscar

viernes 03 de octubre de 2014, 08:24h
Delicadeza, reflexión, introspección y buen cine.
La desaparición de Eleanor Rigby, Jessica Chastain camino del Oscar
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En la primera, como una agente de la CIA y en la segunda como una ingenua y auténtica ama de casa inconscientemente adelantada a su tiempo en la década de los sesenta. Tras sus brillantes acercamientos al Oscar con Zero Dark Thrity y Criadas y Señoras, Jessica Chastain va camino de hacer cumplir aquello de a la tercera va la vencida. La explosión contenida de la que hace alarde en La desaparición de Eleanor Rigby, de estreno este viernes, la coloca merecidamente en todas las quinielas de nominadas a la mejor actriz.

El debut del cineasta Ned Benson llega a las salas españolas un mes después de su estreno en Estados Unidos y tras haberse sometido a una cirugía comercial que probablemente genere malestar en muchos de los amantes del cine independiente y de los experimentos kamikazes –en términos de mercado, entiéndase- como al que se lanzó Benson con la primera versión de La desaparición de Eleanor Rigby: dos películas autónomas que cuentan la misma historia desde dos perspectivas diferentes, una, Ella, desde los ojos de la propia Eleanor Rigby del título, interpretada por Chanstain, la otra, Él, con la mirada de su marido en la ficción, el actor James McAvoy (X-Men). A pesar de su innegable arrojo y su buena acogida en el Festival Internacional de Cine de Toronto de 2013, la exhibición en salas comerciales de esta obra bicefálica quedaba muy restringida. No todo el mundo disfruta de más de cinco horas en una sala de cine. El resultado es este montaje reducido que es 'Ellos' y que, con todos los 'por supuestos' que supone recortar la mitad del metraje, compone una obra poética, estética y pulcramente filmada sobre el amor puesto a prueba y las reacciones del ser humano en situaciones límite.

No puede negarse que la idea primigenia de La desaparición de Eleanor Rigby se diluye en este Ellos en el que Chastain queda en la posición de protagonista. Él pasa a un plano inferior, pero sí se conserva la esencia de la cinta: ese golpe de la realidad más sucia que sufre el feliz matrimonio de Eleanor y Connor con la muerte de su bebé y cómo cada uno deja de ser una parte de la misma cosa para convertirse en una isla, para salir del agujero a su manera.

La historia que cuenta Benson se ha contado muchas veces. La opción del cineasta es la del edulcorante en la parte más cruda para mostrar sin pudor lo que de verdad pretende: el después, los mecanismos que las personas usan por instinto de supervivencia, ya sea huir hacia delante o quedarse parado sin más, sin que ninguno sea mejor que el otro. Eso sí se conserva, con tino y buen hacer, del metraje original, la capacidad de mantener al espectador dando bandazos entre uno y otro personaje, siendo a veces Él y a veces Ella y, sobre todo, no juzgando a ninguno. En La desaparición de Eleanor Rigby no hay buenos ni malos, ni siquiera eventuales.

En lo que ambos coinciden es en regresar al calor de los padres como base de operaciones para recuperar una vida, mostrando una perspectiva sugerente sobre el amor que une a una pareja y el que simplemente existe, pétreo, de padres a hijos

Una historia contada muchas veces y, sin embargo, única también por el trabajo de guión, minucioso, elaborado hasta la naturalidad, donde nada sobra y nada –con el perdón de los fans de la versión extendida- falta. Hay silencios que cuentan más que muchos diálogos y éstos están medidos para que un drama romántico flirtee a veces con la atmósfera del suspense. Con un ritmo delicado, en reposo, la dosificación de la información consigue mantener el interés del espectador. Queremos saber qué pasa y el texto fluye tan a sus anchas que siempre hay una pregunta en el aire. Los pocos momentos en los que se rompe la magia y el paso del tiempo se hace más denso, se perdonan por la maestría de un instante cumbre en la película que encoge el alma de la forma más simple imaginable, con una cámara fija y unas cajas. El trabajo previo para llegar a eso es brutal y merece indudable reconocimiento.

La inmensa interpretación de Chastain no eclipsa a su compañero de reparto. El irlandés James McAvory sabe lucirse en su personaje, más simple en la primera capa que el de la actriz pero con más fondo invisible, un reto para McAvory de cara al espectador que cumple con solvencia. A pesar de los recortes que han sufrido sus intervenciones en esta adaptación al cine convencional, los secundarios –capitaneados por una enorme Viola Davis, además de William Hurt e Isabelle Huppert- apoyan la psicología de la trama y acogen a los protagonistas en una especie de reedición de sí mismos, de vuelta al pasado para reafirmarse y poder asimilar el presente.

Delicadeza, reflexión, introspección y buen cine en La desaparición de Eleanor Rigby.

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