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DESDE ULTRAMAR

El Estado Islámico

miércoles 08 de octubre de 2014, 20:39h
La noticia se concretó en el verano pasado: la conformación de un califato –vocablo que me suena arcaico, muy retro– llamado Estado Islámico (EI) localizado de manera difusa en Medio Oriente, y que ya luego en las redes sociales han permitido adelantar en diagramas –que desconocemos si son reales o apócrifos– que sus pretendidas extensiones corren desde una España musulmana a su juicio, ese Al-Andalus con que se la tienen jurada que recuperarán, pasando por los Balcanes al completo y poco más, mientras se engullen la mitad de África, hasta abarcar media porción de India. Casi nada, por lo visto.

Se trata entonces de una apuesta audaz y ambiciosa de una entidad a la que la propia Wikipedia describe como “grupo terrorista insurgente”, cuyos fines se antojan complejos de obtener, como no se asesine a la población de tan extensas regiones de mundo y se colapse a los gobiernos de tales territorios. Está visto que no será garantía siquiera, el compartir la fe musulmana.

Y desde allí se ha venido cual cascada, un baturrillo que involucra conceptos y nombres de difícil disección, para entender su alcance real. Se entrecruzan palabras como complicidades tales como Yihad, Obama, Estado Unidos, Siria, radicalismo y un largo etcétera que embrolla aún más la madeja, como si hiciera falta. Dicen que se le escapó a Estados Unidos de las manos un bicho que creó. ¿Será verdad? Ya lo veo como el Aprendiz de Brujo de Disney, perdiendo el compás del universo.

El Estado Islámico ha nacido y no. Carece de momento de un territorio y de un gobierno cierto, no reconocido por la comunidad internacional, y por lo pronto, parece más un difusor amedrentador y fantasioso que otra cosa. No hace falta aguardar a que sea otra cosa, naturalmente.

Pues ya le digo: si ya invocar la figura de califato mueve a imaginario más trasnochado, lo importante es saber si en verdad puede ser lo que aspira a ser y qué clase de relación está dispuesto a guardar con el resto del mundo, que no está obligado a secundar sus designios. La ejecución de periodistas occidentales en su nombre no nos anticipa ni su capacidad de diálogo ni sus deseos efectivos de emprenderlo. Van por mal camino.

Por la otra, pero en la misma tesitura, se difunden comunicados que amagan al resto del mundo. Sancochados de mensajes religiosos, claman por imponer su verdad. En su estrategia y tirando coces a diestra y siniestra, los promotores del EI ¿sabe usted amigo en ambos hemisferios, que hasta se rumora frecuentemente, que matarán con sus esbirros al papa, como si desoyeran o de plano ignoraran la conseja que advierte que a los pontífices romanos no los mueve el miedo a la muerte en cualquier circunstancia? Su calidad de siervos de Dios los sitúa más allá de lo mundano y por lo tanto, su especial naturaleza y condición no está sujeta a los amagos de ciertos bravucones que en el nombre de ese mismo Dios, claman contra su vida.

Amén de que el referido Estado Islámico sea o no una suerte de quimera alimentada por las potencias occidentales en un juego peligroso de ajedrez y que se les haya ido de las manos, como se advierte en diversos medios, ciertamente que refleja que el Estado Islámico es una muestra más de una serie de crisis y conflictos entre musulmanes y entre musulmanes y cristianos. Un eslabón más en una serie de choques y agresiones a comunidades cristianas como lo sucedido en Malí, Nigeria. Con agresivos resultados como en Sudán, desgajándolo, y que no hacen sino mostrar caras diversas de un mismo asalto: el revanchismo y la agresividad de mentes inmersas en la cerrazón y el odio, que el mundo no tiene porqué secundar.

El Estado Islámico reclama su verdad. El mundo tiene la propia. En todo caso no augura nada positivo y es importante desarticularlo. Los pueblos que comprenden sus primeras acciones no merecen semejante suerte.

No le extrañe lo que le digo: que a veces pienso si lo que muchos lamentan que sea, es decir, que un océano entero se interpone separando el Viejo Mundo del Nuevo, al paso que vamos quizás un día sea una bendición para nosotros en América. Por lo pronto, ojalá que el tema se atienda y el radicalismo sea erradicado. Se puede entablar diálogo, pero de momento nada lo favorece.
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