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CRÍTICA DE CINE

Perdida, brillante juego de apariencias en lo nuevo de David Fincher

jueves 09 de octubre de 2014, 14:46h
Perdida, brillante juego de apariencias en lo nuevo de David Fincher
Con Ben Affleck y una impecable Rosamund Pike. Por Laura Crespo
David Fincher no suele poner de acuerdo a la crítica. Algunos de sus trabajos considerados hoy dignos representantes de un cine crítico desde el entretenimiento, como Seven o El Club de la lucha, fueron semivapuleados en su estreno y llegaron a ser tal cosa con el paso del tiempo. Con Perdida (Gone Girl), el realizador de Colorado tiene difícil terminar con su tendencia a la bipolarización (siempre presentes las palaras de cierto profesor universitario sobre que el buen cine es el que genera debate entre la crítica; el consenso generalizado mata al cine). El caso es que Perdida llegó a las manos de Fincher después de que su primigenia versión literaria, se convirtiera en un best seller en Estados Unidos. No es la primera vez que el cineasta juega con el fuego de convertir en cine un fenómeno de masas del papel (y el eBook), y, como ocurrió con Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres, el grado en que la película reproduce con exactitud el devenir de la novela puede sumar o restar puntos en según qué casos. En un estado de virginidad con respecto al trabajo de la escritora Gillian Flynn, degustar la Perdida de Fincher es un exquisito placer de principio a fin.

Ben Affleck es un escritor frustrado, reconvertido en profesor de literatura, sospechoso de asesinato tras la desaparición de su mujer, una espectacular Rosamund Pike (James Bond: Muere otro día u Orgullo y Prejuicio). Poco más se puede decir de Perdida sin spoilear al lector, pero bajo estas dos líneas que resumen su argumento hierve una especie de forcejeo entre la apariencia y la realidad transversal a tantas realidades como lecturas temáticas tiene la cinta: el matrimonio, el individuo en sociedad, los medios de comunicación, la justicia y el cine mismo. Tras la etapa de liberación que supusieron para Fincher El curioso caso de Benjamin Button y La red social, en Perdida demuestra que su olfato cinematográfico para rastrear historias que permitan, por un lado, indagar en las zonas más oscuras del hombre y la sociedad y, por otro, crear productos con buena trayectoria en taquilla e importante nivel de satisfacción para el espectador, sigue intacto.

Durante el primer acto, Perdida navega entre los días posteriores a la desaparición de Amy Dunne y los flashbacks que, a través de las páginas del diario de la extraviada, leídas por su propia voz en off, se muestran al espectador sobre el matrimonio, desde su romántico primer encuentro, pasando por el amor fogoso e incondicional de su noviazgo, hasta un matrimonio con un problema de comunicación y diferencias aparentemente irreconciliables. El juego de apariencias está en el ADN de la relación, incluso en la más estricta intimidad y de una forma casi inconsciente. En un contexto excepcional, la trama arroja un puñado de verdades sobre las relaciones sentimentales, sobre la ficción que hay detrás de las primeras citas, la cesión implícita de buena parte del individuo, el egoísmo, las huidas hacia adelante y el ‘hasta que la muerte nos separe’.

Los juicios paralelos en casos mediáticos han ocupado horas y horas de cine. En Perdida, los medios de comunicación, en especial la televisión, y la justicia juegan en el mismo tablero. No se trata de culpabilidad o inocencia, sino de los juicios de valor que ‘opinólogos’ de todo pelaje vierten en los platós. ¿Les suena? La verdad no es tan relevante frente a las tácticas de comunicación adecuadas, la imagen y (sí, también) los recovecos de los textos legales.

El leif-motiv de las apariencias impregna al propio esquema de la película, que se esconde al espectador y, hasta bien entrado el segundo acto, no parece lo que es. Puede ser una cura para escépticos, esos que se creerán sentados frente a “la típica película de…” varias veces durante la proyección y, probablemente, deban reconocerse sorprendidos. Ahora bien, en este sentido, Perdida es una película tramposa con el espectador. Fincher juega sin pudor al despiste, desde el mismo tráiler promocional. Como público, estamos totalmente en sus manos, sujetos q lo que nos quiere mostrar y lo que no. Lo bueno es, en este caso, que podemos fiarnos: dejarnos hacer y disfrutar del camino.

Fincher toma fórmulas que funcionan en otros géneros para componer un atractivo thriller con elocuentes escenas propias del cine romántico e incluso dejes de comedia de enredo. No es perfecta y algunos cabos sueltos en el guión obligan a encomendarse al pacto implícito que el público hace con una ficción, pero una vez aceptadas ciertas dudas, la trama se hace sólida y, sobre todo, adictiva. El ritmo dramático no decae en momento alguno y mantiene el interés por la resolución del conflicto.

Aunque la cinta arranca con Ben Affleck, la guinda es, sin duda alguna, ella. El personaje de Rosamund Pike, al que conocemos a través de ese artificio cursi, evocador de una perfección insoportable y claramente intencionado por parte de Fincher de las confesiones de un diario, marca el punto de inflexión de la película y acapara, mucho más que su marido, las sensaciones del espectador. La interpretación de Pike es fina, elegante, recta, incluso en el difícil tránsito de su personaje de semidiosa a carne. Affleck se ve irremediablemente eclipsado por la potencia de su compañera de reparto, aunque no puede decirse que no esté correcto en su papel. No le van mal a Afleck los personajes apocados, un poco encogidos y cuyo destino saben lejos de sus propias decisiones.

En lo formal, la indiscutible firma de Fincher, ese don del cineasta para explotar el género también en lo visual, esa atmósfera pesada, asfixiante, que se sirve de la desaturación y el tono plomizo. Una calma visual que se revuelve hacia el final del metraje con las escenas más sangrientas, sin perder con ello su elegancia.

Perdida no hace sino reafirmar una vez más la solvencia y maestría de David Fincher para conectar con el público, demuestra el tino de Afflec en sus trabajos y destapa las tremendas capacidades de Pike. Muy recomendable.

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