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POR LIBRE

El ébola infecta el futuro de Rajoy

sábado 11 de octubre de 2014, 17:36h
Ya debería saber Rajoy que no se puede estar tocando la lira mientras el fuego devora Roma. El presidente del Gobierno no ha provocado el incendio como dicen que hizo Nerón. Pero bien podría haber sacado las mangueras para apagarlo. Porque la crisis del ébola puede chamuscar todas las expectativas electorales del PP a seis meses de las municipales y a poco más de un año de las generales. Todo el esfuerzo y el éxito del Gobierno para superar la envenenada herencia de la crisis económica pueden acabar en tierra quemada.

Porque no son tiempos para la lírica. Ni para tocar la lira. Ni para regalar munición a los adversarios. El PSOE, IU y, por supuesto, Podemos se están armando para fusilar a Rajoy. El bochinche del Gobierno, de la Comunidad de Madrid y del PP en la gestión de la crisis del ébola supone un regalo para la artillería electoral de la oposición. Y todos dispararán sin piedad.

Salvo la industria farmacéutica, que solo se ocupa de producir medicamentos que alimenten sus atiborradas alforjas, nadie es culpable de la expansión del virus asesino. Si acaso, el murciélago que mordió a un niño africano hace más de medio siglo. El Gobierno actuó con acierto y diligencia al acoger y tratar a los dos misioneros infectados, que, por desgracia, ya no tenían salvación. Pero a partir de ahí, ni parches ni siquiera tiritas. Solo despropósitos, errores, desbarajustes.

Para empezar, resulta inaudito que la ministra y el consejero de la Comunidad sigan en sus puestos. Ya deberían haber sido destituidos. Ana Mato, porque ha demostrado su incapacidad para dirigir un Ministerio tan relevante como el de Sanidad. Y Javier Rodríguez por prepotente, chulito y torpe. ¿Cómo se puede criminalizar a Teresa Romero, una voluntaria que ni sabía cómo quitarse el traje de bioseguridad? ¿Y por qué no lo sabía? ¿Alguien se lo había enseñado? Parece ser, que nadie. Los médicos han denunciado hasta la saciedad la falta de entrenamiento y preparación. Pero el orondo consejero ha llegado comido a la política. Y bien comido. No ha dejado ni las raspas.

España, seguramente sin razón, vive conmocionada por la amenaza del virus. Resulta más que improbable que se pueda expandir. El alarmismo está fuera de lugar. Lo que alarma, en todo caso, es la apática actitud del Gobierno ante un acontecimiento tan sensible. Ahora solo importa que Teresa Romero tenga las fuerzas y el tratamiento adecuado para salvar la vida. Y en ello debe centrase el Comité especial que ha endilgado Rajoy a Sáenz de Santamaría, porque él sigue tocando la lira.

El presidente del Gobierno ha demostrado ser un buen gestor, un brillante parlamentario, un hombre sensato e inteligente. Pero le falla el reloj. Siempre reacciona con retraso. En la crisis catalana, ha dejado que Artur Mas siga adelante con su desafío sin apenas ponerle trabas. Ahora ha disparado todos los misiles que tenía a mano, pero el presidente de la Generalidad ya estaba fuera de su alcance. El resultado: Cataluña ardiendo por los cuatro costados. En la reforma de la ley del aborto, más de lo mismo. En la campaña electoral prometió que la derogaría, la recurrió ante el Tribunal Constitucional, le encargó a Gallardón que la reformara y, luego, Arriola le convenció de lo contrario. Resultado: pierde más votos que gana. E incumple otra promesa electoral.

Y ahora el ébola. Parece como que el presidente del Gobierno esté cavando su propia tumba política por pachorra. No puede reaccionar siempre tarde y mal. No puede ir al hospital Carlos III para hacerse la foto en plena efervescencia e indignación de los médicos, porque sale trasquilado, abucheado, abofeteado. Y para nada. Rajoy, raro en él, compareció atorado, tartamudo, atenazado, demacrado. El pico de oro, oxidado.

El ébola está infectando peligrosamente el futuro político de Rajoy. Y, por ende, el futuro de España. La munición que está regalando al despistado y atolondrado Pedro Sánchez o al descerebrado Pablo Iglesias puede provocar un cataclismo político. Si por una vez aciertan, las encuestas reflejan un mapa político delirante. El PP retrocede hasta la prehistoria, el PSOE se hunde aún más y Podemos se encarama con su letal e inquietante populismo. El frente popular se prepara para asaltar el poder. La democracia y la libertad corren serio peligro.

El alarmismo no viene del virus del ébola. Viene del terremoto político que provocará. Las torpezas del Gobierno pueden poner en bandeja el éxito electoral de sus adversarios políticos. Y, por desgracia, esos adversarios políticos resultarían letales para la estabilidad de España. Pedro Sánchez, porque está haciendo bueno a Zapatero. Y Pablo Iglesias, porque acabaría con la democracia y la libertad de un plumazo. Como Hitler, como Castro.

Si Rajoy no sabe tocar la lira, que no la toque.
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