www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Ken Follet: El umbral de la eternidad

domingo 12 de octubre de 2014, 14:17h
Ken Follet: El umbral de la eternidad

Traducción de Anuvela. Plaza & Janés. Barcelona, 2014. 1.152 páginas. 24,90 €. Libro electrónico: 11,99 €

Por Carmen R. Santos

Ken Follet ha confesado que le gusta mucho el teatro. Aunque aclara que no tiene intención de escribir ninguna pieza de este género, señala que es asiduo asistente a espectáculos teatrales. No es extraño, pues, que las presentaciones de sus exitosas novelas suelan concebirse como una elaborada puesta en escena. A finales del pasado mes, vino a Madrid a presentar su último título, El umbral de la eternidad, en el Teatro La Latina. En el escenario, un gran Muro de Berlín, repleto de grafitis, que el escritor galés echó abajo con un martillo, mientras sonaba la célebre canción The Wall, de Pink Floyd, y un actor vestido con ropas militares entraba con una carretilla llena de ejemplares del libro. Tampoco es casual que El umbral de la eternidad se publique de manera simultánea en todo el mundo precisamente ahora cuando el próximo 9 de noviembre se cumple el veinticinco aniversario de la caída del Muro.

Así, la construcción, historia y demolición del llamado por las autoridades de la Alemania del este “Muro de Protección Antifascista” será uno de los trasfondos de su nueva novela, que comienza en 1961 -año del levantamiento del Muro-, en el momento en el que la Stasi, el poderoso y temido servicio de inteligencia de la República Democrática Alemana (RDA), convoca a la profesora Rebecca Hoffman como sospechosa de actividades a favor del imperialismo de Estados Unidos: “En sus clases contamina las mentes de los niños con propaganda americana”, le espeta el sargento Scholz, encargado de su interrogatorio.

Junto al episodio del Muro, cuya construcción y derribo enmarcan para Follet el comienzo y el fin de la Guerra Fría, otros acontecimientos decisivos de la historia del siglo XX entre 1961 y 1989, surcan el relato: el magnicidio del presidente norteamericano John F. Kennedy, y pocos años después el asesinato de su hermano Robert y de Martin Luther King, la lucha por los derechos civiles de los negros en Estados Unidos, la guerra de Vietnam, la prisión de los disidentes soviéticos en los gulags -cuyo horror conocimos sobre todo gracias al estremecedor testimonio de Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag-, la invasión de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia, o el escándalo del Watergate y la dimisión de Richard Nixon, entre otros. La novela, tras sus más de mil apretadas páginas, se cierra con un breve epílogo fechado el 4 de noviembre de 2008, cuando Barack Obama se convierte en el primer inquilino afroamericano de la Casa Blanca.

El umbral de la eternidad -hay que reconocerle a Follet su elección de títulos sugerentes- es el tercer y último eslabón de su trilogía The Century, que incluye La caída de los gigantes (2010) y El invierno del mundo (2012), que abarca lo más significativo de la historia del convulso siglo XX a través de la historia de tres generaciones de cinco familias -estadounidense, alemana, inglesa, galesa y rusa-, que conforma un fresco de grandes dimensiones. Si esta última parte abarca el periodo de la Guerra Fría, la primera aborda la I Guerra Mundial y la Revolución rusa, y la segunda el ascenso de Hitler al poder, la II Guerra Mundial y nuestro enfrentamiento fratricida de 1936.

Como es sabido, Follet, si bien ya había antes publicado otras novelas, fue con Los pilares de la tierra con la que se convirtió en un escritor superventas con millones de lectores en todo el mundo. Unos lectores que esperan ávidamente sus nuevas entregas, sin importarles demasiado que la obra se ambiente en la Edad Media, como es el caso de Los pilares…, o que dé un salto al siglo XX, centuria que a Follet le parece “la más dramática y sangrienta de la historia de la humanidad”, aunque es “muy emocionante” y, sobre todo, “es nuestra Historia. Una Historia que nos tocado vivir directa o indirectamente, a través de nuestros padres y de nuestros abuelos”. Lo decisivo es la marca Follet, tan sencilla como efectiva: en esencia, una medida combinación de hechos históricos y dramas personales servida con un estilo igualmente sencillo y eficaz, que consigue que millones de personas se interesen por lo que les ocurre a un buen número de personajes -muchos de los cuales deben luchar y enfrentarse a situaciones difíciles-, entre los que Follet suele poner un juego de contrastes. Sin duda, elementos estos de enganche y búsqueda de empatía, junto a su defensa de la libertad individual y colectiva.

En su declaración de amor al teatro, Ken Follet ha señalado también su admiración por Shakespeare -precisamente una cita del inmortal dramaturgo inglés se consigna al final de El umbral de la eternidad-, y su preferencia por Hamlet. Pero, a diferencia del príncipe de Dinamarca, a Ken Follet no le corroe la duda. Conoce, y cocina a la perfección, los ingredientes de un best seller para consumo masivo, y ha convertido su actividad literaria en una verdadera y triunfante empresa.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.