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AL PASO

Un libro sobre el Nacionalismo

martes 14 de octubre de 2014, 20:37h
Ultimando una nueva edición del libro, vuelvo a la consideración de Nationalism, la obra cumbre de Elie Kedourie. Su ejemplo me ha servido para defender que el valor fundamental de toda obra intelectual, aun en las ciencias sociales, contradiciendo a Max Weber, no reside en el método o la neutralidad objetiva del autor sino sencillamente en la perspicacia o la inteligencia del análisis. Kedourie es claramente beligerante contra el nacionalismo, de hecho su estudio forma parte de la literatura panfletaria que lo denuncia, y sin embargo, como podríamos decir sucede con la mirada antiliberal de Carl Schmitt que le permite desentrañar muchos de los fundamentos de la democracia constitucional, esta obra, como digo, escrita desde sus antípodas espirituales, es capital para el entendimiento cabal de este movimiento.

La consideración de Kedourie del nacionalismo no puede ser más dura. Ni cree que la nación, entendida como grupo territorial culturalmente homogéneo, sirva de una base de legitimación conveniente para las formas políticas, específicamente los Estados; ni juzga que el criterio de organización internacional más adecuado sea el que respeta las exigencias nacionalistas; ni piensa que la devoción nacionalista sea compatible con los postulados de libertad e igualdad para todos los ciudadanos propios de una idea de la política ilustrada o racional. Claramente Kedourie considera que el nacionalismo es una doctrina política divisiva, que justifica las políticas opresivas contra las minorías, y que como sentimiento político conlleva frustraciones y sufrimientos. Kedourie, quizás equivocadamente, no cree posible un tratamiento institucional del nacionalismo que no sea la independencia, y desconfía de las posibilidades de acomodación de las minorías territoriales en un Estado que no les confiera la preeminencia, de manera que hablar de nacionalismo liberal le parece una contradicción insuperable. Y sin embargo, como decíamos, el nacionalismo, como fenómeno ideológico, ha recibido un torrente de luz sobre sus orígenes doctrinales por parte del profesor iraquí imprescindible para su conocimiento cabal.

La nueva edición del libro acoge una presentación consistente en unos papeles que la viuda, y colaboradora del escritor, Sylvia Kedourie, encontró tras su fallecimiento, “de repente y de forma inesperada”, el 29 de Junio de 1992. Me llama la atención de las notas de Kedourie, en primer lugar, la ilustración que aportan sobre el origen del libro. Nationalism traspone las conferencias que había dictado su autor en un curso en la London School of Economics, a sugerencia de Michael Oakeshott, a la sazón director de Government (algo así como Política comparada), que le encargó que lo diera cuando entró en el departamento como profesor asistente en octubre de 1953. La formación de Kedourie era la de un historiador de las ideas, y precisamente el relieve intelectual del problema del nacionalismo, y no su acuciante actualidad, determinó la elección del tema, de modo que merecía la pena, dice nuestro hombre, presentarlo al público de los alumnos que se preparaban para la graduación y debían ampliar su habilidades intelectuales y ensanchar su mentes.

El prólogo rastrea el desarrollo de la ideología nacionalista como un proceso en el que se traslada, según sabe el lector de este Cuaderno, el principio de la autodeterminación como criterio de la excelencia moral, o verdadero imperativo, desde el plano individual al colectivo o nacional. Solo un estado nacionalista disfruta de verdadera legitimación ante los ciudadanos; y la paz internacional solo puede asegurarse en un orden en que cada nación goce de una existencia independiente en su propia forma política. Pero lo más sagaz de la introducción consiste, a mi juicio, en la contraposición que Kedourie establece entre lo que llama la política constitucional y la política de la ideología: el concepto que diferencia ambos tipos de política tiene que ver con el propósito del estado en una y otra situación. La política constitucional asigna al estado la resolución de los problemas ordinarios de los ciudadanos, protegiéndolos de las amenazas exteriores, resolviendo los desacuerdos y conflictos en su seno por medio de las instituciones de gobierno, haciendo respetar la ley superior por encima de los intereses sectoriales por importantes o poderosos que sean estos. El propósito de la política como ideología no es la gestión ordinaria de los asuntos de la comunidad sino el alcanzar una situación en la que todos sus miembros sean felices para siempre.

Para conseguirlo el ideólogo, como prescribe la analogía de Platón, imaginará, dice Kedourie, que el estado y la sociedad son un lienzo que ha de ser borrado completamente, para que su visión de la justicia, la virtud y la felicidad se pinten en la tabula rasa. Lo que se propone el nacionalismo como ideología es, entonces, un objetivo que ha de negar el estado de cosas existente, imponiendo el autogobierno nacional, donde este no se encuentra establecido. La pretensión nacionalista: acabar con el gobierno donde este no sea nacional tiene un significado revolucionario imposible de disimular. Aunque los propósitos del gobierno legítimo y de la paz internacional sean atractivos, su consecución, indefectiblemente, dice Kedourie, conducirá a la arbitrariedad, la ilegalidad y la violencia en una gran escala, posponiéndose continuamente en el horizonte la visión de la paz y la alegría perpetuas. Así la política del nacionalismo como ideología, necesaria e inevitablemente, se encuentra sumida en una tensión siempre desastrosa y autodestructiva entre los fines y los medios.

Kedourie escribe estas palabras en el contexto de la guerra de Yugoslavia y teniendo delante el desmoronamiento de la Unión Soviética, que no ha supuesto la desaparición del estilo ideológico de la política a la que era también propenso el socialismo, sino su supervivencia en el nacionalismo. Y concluye con una advertencia, que leída hoy suena atroz en los oídos españoles : “los peligros que resultan de la balcanización no se confinan a los Balcanes”.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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