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PARA ARTURO MAS, EL ÚNICO CAMINO DECENTE ES LA DIMISIÓN

miércoles 15 de octubre de 2014, 11:05h
En democracia, los fracasos políticos se pagan con la dimisión. Arturo Mas...

En democracia, los fracasos políticos se pagan con la dimisión. Arturo Mas no quiso hacerlo, dos años atrás, cuando anticipó las elecciones autonómicas para alcanzar los 80 escaños y se quedó en 50. Prefirió arrodillarse ante ERC y conservar la presidencia de la Generalidad, cuando lo decente es que hubiera presentado su dimisión. No lo hizo y aquellos polvos engendraron estos lodos, puesto que no le quedó otro remedio que obedecer a Oriol Junqueras emprendiendo una alocada carrera hacia la secesión.

Ahora ha vuelto a fracasar. El Tribunal Constitucional ha frenado sus despropósitos y el Gobierno de Mariano Rajoy se ha mantenido firme. Arturo Mas ha replegado velas pero no ha dimitido. Ni siquiera ha aceptado la posibilidad.

El presidente de la Generalidad se ha hecho secesionista. No lo era pero ahora sí lo es. Eligió para sus objetivos el camino equivocado, el del desafío a la Constitución. Podía haber aceptado el artículo 168 y poner en marcha su operación dentro de la legalidad constitucional. Porque la Constitución de 1978 es tan abierta que admite la reforma y el propósito de Arturo Mas. Claro que para eso hay que superar los condicionantes lógicos en una nación como España que mantiene su unidad desde hace más de 500 años. La reforma constitucional que ampararía la secesión catalana debe ser aprobada por los dos tercios del Congreso y los dos tercios del Senado. A continuación, se convocan elecciones generales y el nuevo Congreso y el nuevo Senado deben aprobar también por dos tercios la reforma. Después, referéndum nacional para que decidan todos los españoles y entre ellos los catalanes.

Ese es el camino que debería haber seguido Arturo Mas. Hubiera fracasado pero sin quebrantar la estabilidad española, sin lesionar la prosperidad de los españoles y sin hacer el ridículo.