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PASO CAMBIADO

De la mentira de la consulta al engaño del plebiscito

José Antonio Sentís
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directorgeneralelimparciales/15/15/27
miércoles 15 de octubre de 2014, 20:22h

Después de mentir largamente a los catalanes sobre la realización de una consulta independentista, el todavía presidente de la Generalidad de Cataluña ha decidido tomar el pelo a sus conciudadanos con un simulacro de referéndum. Y si la primera era ilegal, y su celebración tenía matices de tragedia, el segundo es un chiste propio de la comedia más surrealista.

El tránsito de Mas de la épica a la vulgaridad, de Moisés a Pilatos, era previsible. Y, sin embargo, sus compañeros de viaje, especialmente Junqueras, parecen sorprendidos. Incluso indignados. Y esto no parece normal. ¿Pero, no conocían a Mas? ¿Creyeron en algún momento en su heroísmo? ¿O es que están escenificando una rabieta, cuando sabían exactamente lo que haría Mas con su desafío artificial?

Lo supieran o no los compañeros de viaje de Mas, lo cierto es que lo que no pueden evitar, por muy calculadores que sean, es que todo aquel que se acerca al líder de Convergencia termina contaminado por el ridículo que éste está desplegando. Porque hasta ahora se ha considerado a Mas el títere de los independentistas, especialmente los de Esquerra. Ahora empieza a dominar la sospecha de que también son marionetas los que acompañaban, o empujaban, a Mas hacia el desafío independentista.

Mas no está planteando la independencia, sino su mantenimiento desesperado en el poder. Poder que no puede tener si ejecuta un desafío a la legalidad, y que también perdería si fracasara en las urnas. Por ello tiene que salvar a la vez su cara institucional (y muchos le tienen bajo la lupa por si se le ocurriera saltarse la ley) y a la vez contaminar a sus competidores mientras les sume en el desconcierto.

Hasta ahora, Mas no ha regateado oportunidad para hacer el ridículo. Ahora, los que lo están haciéndolo son los del bloque soberanista, especialmente ese bravo Junqueras dispuesto a declarar la independencia cada mañana y cada tarde, pero que nunca termina de hacerlo, porque espera que otro lo haga por él.

Pues parece que ése no va a ser Mas, que nunca ha estado muy listo en el proceso, pero que tampoco quiere quedar como el único tonto de la película. Junqueras ha creído tener un juguete, pero ahora que éste pierde fuelle, no sabe ya cómo darle más cuerda.

Claro que la valentía de Junqueras es descriptible. Se pasa la vida exigiendo coraje a los demás, pero se esconde tras las faldas de la mesa camilla cuando la tiene que demostrar él. Porque, si tan claro tiene el destino independentista, ¿no es hora ya de que abjure de los tibios convergentes y del propio Mas, que no están a la altura histórica que él reclama?

Pues no. Seguirá Junqueras presionando a Mas para que dé pasos al frente. Seguirá mostrando su escándalo por la falta de ardor guerrero del presidente de la Generalidad. Seguirá exigiendo la consulta imposible (ahora ya, hasta técnicamente) y protestando por el sucedáneo que quiere hacer Mas, ése que le instalará en la absoluta estulticia política. A él, y a quien lo respalde.

Pero Junqueras no puede apoyar el simulacro, el votito en cajitas con las preguntitas, sin la más mínima seriedad y sin la más mínima imagen de ritualidad, ésa que tanto persiguen los independentistas. Y si lo hace, entonces Mas habrá conseguido diseminar como un virus letal su impotencia política entre todos aquellos que se aproximen a él.

Junqueras no puede aceptar la operación maquillaje de Mas con la consulta. Pero tampoco puede decir que no quiere que los catalanes voten. Por lo que va a quedar mal de todas formas, salvo que hoy mismo rompa de forma desairada con el que ha sido su socio en la aventura soberanista. Quizá ya lo haya pensado, pero quizá también lo tema, porque los votantes también pueden perder su fe en él si rompe el bloque soberanista, por mucho que lo explique por la traición de Mas.

Lo que desde luego no podrá hacer es a la vez abjurar de la falta de coraje de Mas, y luego ir en una lista conjunta con él. Luego en las próximas elecciones, tendrá que dar la batalla contra Convergencia, por si se mantiene la tendencia y gana las elecciones. Pero será una victoria peleada, y no un resultado transversal de un bloque por la independencia. Podrá ganar, y seguramente lo haga, pero difícilmente podrá sacar de ahí el resultado épico que exige este tipo de procesos escisionistas. Entre otras cosas, porque a los perdedores les escocerá más su derrota que el prodigioso futuro nacional que sueñan.

Y a estas próximas elecciones catalanas vamos. Elecciones que expondrán la siguiente mentira, después del engaño de la consulta: que tengan carácter plebiscitario.

Lo siento una vez más por los constructores de la neolengua separatista, ésa que inventa cosas como lo del derecho a decidir. Las elecciones en España no son plebiscitarias, sino parlamentarias. Decir lo contrario es mentir.

Y, concretamente en Cataluña, las elecciones autonómicas no solo no son plebiscitarias, sino además, exclusivamente regionales. Es decir, que decidirán un Parlamento que tiene tasadas competencias concretas. Y entre ellas no está su capacidad de fraccionar el Estado.

Los plebiscitos están fuera de la Ley, de la misma manera que lo estaba la consulta refrendaria. Y aunque los nacionalistas crean que su voluntad está por encima de la Ley, lo que se está viendo es más bien lo contrario. La Ley está por encima de los caprichos y de los inventos. Y Mas, recuérdese, lo ha aceptado para el 9 de noviembre. ¿Qué hace pensar a algunos que hará otra cosa tras las elecciones autonómicas?

Todos los juegos de salón que están sucediendo en Cataluña se encaminan a un final prosaico. Quién puede engañar más a más gente con las pasiones infantiles del nacionalismo. Y quien lo haga, sea Mas o Junqueras, podrá ganar. Pero, ay, no un plebiscito, sino la mucho más vulgar poltrona de la Generalidad.

Y como esa batalla lleva tiempo librándose, por eso Junqueras ha querido jugar con Mas durante todo este tiempo, y es ahora Mas quien quiere poner en ridículo a Junqueras, con el simple procedimiento de que haga lo mismo que él, que es un especialista en el engaño, y un reputado miembro del club de los cobardes.

José Antonio Sentís

Director general de EL IMPARCIAL.

JOSÉ A. SENTÍS es director Adjunto de EL IMPARCIAL

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