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NOVELA

Luis Mateo Díez: La soledad de los perdidos

domingo 19 de octubre de 2014, 17:31h
Luis Mateo Díez: La soledad de los perdidos

Alfaguara. Madrid, 2014. 584 páginas. 18,50 €. Libro electrónico: 9,99 €

Por Rafael Fuentes

Los territorios míticos encierran un gran atractivo. En nuestra literatura, uno de los escritores que ha llevado a cabo su creación con mayor acierto es Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) con la puesta en pie de Celama, espacio en el que se reúnen inolvidables personajes, que recrea en su trilogía El reino de Celama, formada por El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer. Junto a Celama, otras ciudades imaginarias -pero de rotunda presencia-, como Ordial, Borenes o Doza, pueblan su potente obra, en la que se encuentran títulos como La fuente de la edad, El paraíso de los mortales, Fantasma del invierno, El animal piadoso, o Fábulas del sentimiento, volumen aparecido el pasado año -reseñado en este mismo suplemento-, donde se recogen una docena de novelas cortas. Miembro de la Real Academia Española, su producción se ha alzado con prestigiosos galardones como el Premio Nacional de Literatura, el Miguel Delibes, el Francisco Umbral y el de la Crítica.

Entre los espacios imaginarios ideados por Luis Mateo Díez se halla Balma, Ciudad de Sombra, donde se ubica La soledad de los perdidos, en cuyas casi seiscientas páginas asistimos al deambular de su protagonista, Ambrosio Leda, maestro sobre quien pesa un expediente de depuración decretado por los vencedores de la guerra fratricida que arruinó nuestro país en 1936. Ambrosio Leda se ha visto obligado a dejar a su familia, convirtiéndose en un fugitivo que lucha por sobrevivir en la España de los años cincuenta, en una postguerra repleta de desgracias, negrura y culpas. Así, quien aconseja a Ambrosio Leda que vaya a Balma, esa Ciudad de Sombra, le dice en significativas palabras: “La sombra es lo que podemos ver en el agua o en el espejo como el alma, o, al menos, como una parte vital de lo que somos. No será errado que vayas allí. Yo no lo hago porque lo que me queda de Balma, desde el sufrimiento de las trincheras donde hice guardia, es el remordimiento de la conciencia. Los muertos que maté y los que me mataron. Ya sabes que hace años que no existo”.

Por la novela, sin duda enormemente ambiciosa y simbólica, que nos llega a través de un narrador omnisciente, se mueven, a lo largo de la noche en la que se concentra, variopintos y singulares personajes que dan cuenta de un rico mundo personal, enraizado en una tradición que abarca nombres como el de Cervantes o William Faulkner. Muy revelador es lo que ha apuntado el propio Luis Mateo Díez sobre La soledad de los perdidos: “Creo que he escrito una novela tragicómica, con un punto de cercanía entre el patetismo y el humorismo, donde hay bichos parlanchines que huyeron del bosque, y seres humanos que padecen el extravío de un siglo y de un mundo donde, en los puntos más negros del mismo, perdimos la dignidad y la cordura. Ambrosio Leda también pierde el destino, aunque su noche alcanza, al fin, la luz de un amanecer morado”.

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