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QUÉ ASCO, QUÉ ASCO

martes 28 de octubre de 2014, 10:46h
Qué asco, qué asco. Esta es la expresión habitual del ciudadano medio ante la revelación...

Qué asco, qué asco. Esta es la expresión habitual del ciudadano medio ante la revelación de un nuevo y copioso caso de corrupción en la Comunidad de Madrid, en el que están implicados dirigentes del Partido Popular y del Partido Socialista. Tras el escándalo Gürtel, parece claro que la práctica de beneficiarse con mordidas por la concesión de contratos públicos se convirtió en demasiado frecuente en una buena parte de los Ayuntamientos madrileños.

Especialmente grave es la participación del número 2 de Esperanza Aguirre. La lideresa madrileña ha reaccionado con celeridad, ha asumido su responsabilidad y ha pedido perdón. Era lo menos que podía hacer. Pero lo ha hecho, cosa no habitual entre los políticos. Su responsabilidad en eligendo y su responsabilidad en vigilando está clara. Sus enemigos dentro del PP piden solapadamente su dimisión y, en poco tiempo, recibirá las acometidas socialistas, comunistas y radicales. Las espadas están en alto y brillarán además las navajas cachicuernas en los próximos días.

Los partidos políticos se han convertido en España en un gran negocio y en agencias de colocación. Algunos lo venimos denunciando al menos desde hace diez años. La respuesta de los dirigentes políticos fue siempre la sonrisa de suficiencia. La prepotencia ha sido la característica de nuestra clase política. “Hemos ganado las elecciones, hacemos lo que no da la gana y aquí no pasa nada”. Pues sí pasa. Ha tardado en pasar pero en estos momentos un clamor popular ha reducido a los partidos políticos al ludibrio general. Desde hace ya muchos años ocupan el último lugar en la escala de las instituciones. Y la gente, la gente media, en cuanto reconoce a un político en un restaurante, en un teatro o en la calle le increpa con insultos, entre los que los menores son “chorizo” y “ladrón”. Así están las cosas.