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DESDE ULTRAMAR

Migrantes: decir lo políticamente incorrecto

domingo 02 de noviembre de 2014, 19:14h
Migrar es cada vez más un fenómeno complejo y de difícil atención, que involucra a gobiernos, agentes económicos, a las personas en su drama de traslado y finalmente, no puede ser ajeno a la sociedad en su conjunto.

El tema tiene muchas aristas y carece de una sola versión, una sola visión y una sola razón que, además, no necesariamente siempre es válida. Así es. Y es que en el tema migratorio se ha comprado la idea del “todo vale” y de que en el nombre de altos valores, no ha de tener ni límites ni orden, que es aún cosa más grave. Por si faltara, hay que ser políticamente correctos y preferir, tal parece, que se diga los “sin papeles”, los “indocumentados”, los “migrantes” a secas, pero no llamarles como ilegales. Y que conste que el concepto de “ilegal” no implica criminalizar per se, pero si partimos de no reconocer que se actúa de manera ilegal si se pasa a otro país sin las debidas autorizaciones, así sea solo de paso para llegar al sueño de su vida, lamentablemente entonces se es ilegal y no lo estamos admitiendo. No caben eufemismos. Y al decirlo, en efecto, no pretendo ser políticamente correcto, porque al serlo nada se avanza. Más ganamos aceptando las cosas como son, para atenderlas. Y lo reitero: donde comen 10 no comen 867. Las matemáticas no fallan.

Pero hay más: en el caso de la migración que atraviesa México, vende mucho y vende más, decir el migrante que sufre para alcanzar su sueño, porque los mexicanos son tan malos que les hacen ver las de Caín. Pues entonces permítame decir varias cosas que no gustan a los defensores de los migrantes, a juzgar porque las callan, de forma que decirlas abonen muy a su pesar a delinear mejor y de forma aun más completa, el tema migratorio, pues no sea que solo se quiera hacer valer una versión. No todo es que el territorio mexicano es peligroso para los migrantes. Hay mucho más aunque no guste reconocerse que hay más.

Que sí, porque sonaré muy políticamente incorrecto por sostener algunos aspectos que no suelen mencionarse; porque en el tema de migrantes parece que solo vale el discurso permisivo, exculpatorio, lastimero hacia los migrantes, y condenatorio de la autoridad, al grado que, no nos engañemos, no se les llama ilegales, a pesar de carecer de las autorizaciones legales de tránsito, estancia y residencia, ya no digamos que omite el derecho internacional que fija fronteras; el mismo que privilegia el libre tránsito y el derecho humanitario. No hay mejor tensión de derechos por vía de la contradicción. Algún día armonizarán los criterios, quizás.

Hay fronteras porosas para la migración ilegal y el tráfico de personas. El Mediterráneo, Sudáfrica, Israel mismo frente al mundo árabe, los estrechos que separan Australia del sureste asiático y Gibraltar de África, también. Todos son magníficos ejemplos. No podemos olvidarnos de la frontera entre México y Estados Unidos. Y todas esas partes tienen un común denominador: traspasarlas significa pasar del mundo pobre a uno más prometedor. O al menos eso nutre un imaginario.

La crisis humanitaria que subyace en la frontera entre México y Estados Unidos desde el verano de 2014 –por la presencia de migrantes que han llegado sin documentos legales a Estados Unidos, atravesando México y ha cobrado dimensiones inhumanas, escandalosas – supone una solución no unilateral ni permanente, dada la complejidad del fenómeno migratorio. En ello se acusa a México de no impedir la llegada de tales migrantes, especialmente los niños sin compañía de mayores que respondan por ellos, aventados a la aventura como quien arroja una pelota esperando que no sea devuelta, pese a suceder. Como si México los hubiera llamado e introducido.

Pues en efecto, México no lo ha hecho y sí ha expresado en diversos foros y de múltiples maneras que su territorio no es seguro para ser atravesado. Que lo entienda quien quiera. Más claro no se puede decir. Un gobierno, después de todo, puede controlar el paso de migrantes legales, registrados, contabilizados en garita mucho mejor que los que entran por la puerta de atrás o por las rendijas. Es de sentido común. Y bajo advertencia no hay engaño. Y que todos los países se corresponsabilicen. En una ocasión anterior precisé que los gobiernos de la región centroamericana poco hacían por frenar a sus migrantes. Pues bien, tras la crisis de junio de 2014 en que la frontera sur de EE.UU. se llenó de niños sin personas mayores que respondieran por ellos, ante el reclamo de Washington, aquellos gobiernos emprendieron campañas para desincentivar la migración, para no presentarla ni como la panacea ni como el curatodo que no es, pensando que al norte se amarran los perros con longaniza. Pues bien, la propia oficina migratoria estadounidense advierte que desde entonces tales campañas disminuyeron ese flujo. Eso demuestra lo que tantas veces se ha dicho: la cooperación entre gobiernos que se corresponsabilizan de temas en común y las campañas de promoción del “no” a la migración, sirven. Y más a los gobiernos centroamericanos que han sido especialmente omisos, arrojando a otros países y no impidiéndolo, a sus excedentes de población sin saber cómo recibirlos. El mismo caso de México.

Y lo peor es que la solución pasa por la colaboración de EE.UU., que se evade y no reconoce que atrae esa migración a la que no llama, pero sí que la ocupa –escamoteándoles salarios y libertades, mientras obtiene provechos indebidos – convirtiéndose en parte del problema y sin duda alguna, en parte de la solución, puesto que se trata de un problema compartido. Debería de ser el primer interesado en ordenar tales flujos, que son negocio millonario de trata de personas dentro y fuera de sus fronteras al margen de la legalidad. Y se trata de exigir trato justo a los nuestros y a los ajenos y de que cada país cumpla sus leyes, que al final también es cosa de legalidad y no solo de derecho a tener una mejor vida. Los dos.

Los defensores de Derechos Humanos que acusan a México de omisión, se callan olímpicamente y lo agradezco mucho que lo hagan, porque me dejan la oportunidad de decirlo, que México lleva varios años de campañas concientizando sobre el paso de migrantes. Ha tenido que aceptar no criminalizarlos, dejarlos pasar hasta una frontera donde se atorarán y carga con gran parte del costo de devolverlos a sus países, pues aquellos no lo asumen. Se callan que muchos mexicanos ayudan a esos migrantes y de múltiples maneras, pues de lo contrario les sería imposible llegar a la frontera con EE.UU., pues también dígase y muy alto que muchos mexicanos comprenden su desesperada situación estableciendo alberges para migrantes, redes de ayuda muy organizadas, activistas que los defienden, autoridades permisivas que los dejan pasar montados en el lomo de los ferrocarriles e infinidad de personas que les extienden limosnas y manzanas para comer en el camino. Que la Iglesia se involucra en su paso y que muchos encuentran empleos con los que van financiando su paso al norte. También todo eso sucede y no debe minimizarse. Y omiten aceptar que la actual ley de migración privilegia principios migratorios tales y de gran calado, como el de la unidad familiar y el de reconcentración, satanizado en EE.UU. y la Unión Europea, dicho sea. Así pues, solo resta añadir que este problema compartido los hace presa de redes de trata desde sus países de origen convirtiendo a sus naciones en cómplices. Que se diga, porque tampoco merece callarse esa realidad tan compleja.
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