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TRIBUNA

La Italia de Renzi

lunes 03 de noviembre de 2014, 20:21h

Los últimos meses en Italia han sido bastante convulsos, aunque parece que lo peor está aún por venir. Tras un periodo de parálisis, acusaciones y pugnas intestinas, Matteo Renzi ha decidido empezar por la reforma del trabajo, perfilando un despido prácticamente libre y una "tutela creciente" de los trabajadores en base a su antigüedad. En realidad el cambio sigue las directrices europeas y modifica el panorama laboral nacional asemejándolo al de los principales países de la Unión Europea. Sin entrar en el detalle de la reforma, quizá los más importante es destacar que modifica el artículo 18 del estatuto de los trabajadores (que establece readmisión del empleado despedido injustamente), definido por el propio Renzi "un tótem de la izquierda". La decisión ha sido saludada con júbilo por el presidente de la patronal italiana y ha provocado una serie de protestas entre sindicatos y trabajadores, preanunciando un otoño caliente.

Tras esta premisa sobre la actualidad, merece la pena destacar una serie de elementos del Gobierno Renzi, empezando por la deriva autoritaria del Presidente del Gobierno, que encuentra su escenificación en el abuso del voto de confianza (ha aprobado casi el 75% de las leyes en este modo). Se trata de un recurso extraordinario al que no debería acudir para forzar la acción de las Cámaras. Ni siquiera justifica su uso el temor a posibles "emboscadas" del ala crítica del Partido Democrático, de momento la única oposición del Gobierno. Sometiendo al Parlamento a esta constante presión y amenazando con irse, el Presidente consigue hacer siempre lo que quiere, desde pactar con el demonizado Berlusconi a aprobar polémicos cambios en el ámbito laboral.

Otro aspecto llamativo de la acción del Ejecutivo es la falta de un programa coherente y lineal: parece que su acción esté animada por golpes de efecto y alentada por la amenaza de representar la "última esperanza" para Italia. Recuerdo que cuando anunció las reformas prometidas, sorprendió el dinamismo y el calado del cambio: ley electoral, abolición del Senado, simplificación administrativa, reforma judicial y del mercado del trabajo... Y también sorprendía su tabella di marcia, dando fechas concretas: prometía todo estos cambios en apenas 4 meses. Era evidente que era imposible y por eso ahora habla de 1000 días (la legislatura completa). La realidad es que en estos meses poco ha cambiado e inevitablemente el favor del Parlamento, la confianza de la opinión pública y la esperanza de los electores se van difuminando. Su poder de seducción -y la popularidad- decrecen, mientras aumentan las voces críticas.

Por otra parte, Renzi no parece contar con un equipo válido, eficiente y preparado. Se tiene la impresión de que cuando hablan sus Ministros, al PD le pase algo parecido a lo que sucede en España con las palabras de Monedero y Podemos: el partido pueda perder al menos un 0,2% de apoyo. Muchas veces sus declaraciones parecen carentes de practicismo e incluso fuera de lugar. Sería recomendable una selección más hábil de quienes le rodean, de sus colaboradores, apostando por la experiencia y el conocimiento, sacrificando de vez en cuando el culto a la giovinezza, su obsesión tan modernista-fascista por la juventud.

Se debe reconocer que el entorno político no le ayuda: el Movimento 5 Stelle (M5S) sigue sin asumir responsabilidad de Estado, viviendo en una paralela realidad virtual entre batallas prometidas y pospuestas y criticas constantes al Gobierno. Sigue sin comprender que las propuestas, las iniciativas y los pactos son parte del juego democrático: los electores le delegaron el sueño de cambiar el país, no expulsiones y luchas internas. La gestión personalista de Grillo y la falta de independencia de los parlamentarios, que siguen sus dictámenes sin rechistar ni reflexionar, perjudica la acción de un movimiento que ha conseguido que el antiguo centralismo democrático evolucionase en un centralismo cibercrático (De Rosa). Y por otro lado, la derecha italiana parece incapaz de sobrevivir sin -o a-Berlusconi. En el horizonte, no aparece un partido conservador moderno y moderado, sino una serie de facciones aún aferradas al residuo carisma del ex Presidente. Elcavaliere no permite una sucesión sin darse cuenta que su capricho y la falta de alternativas favorecen a Renzi, que puede gobernar en el vacío que se ha creado a su alrededor, y perjudican al funcionamiento del país, alejando la posibilidad de una alternancia de poder y otorgando demasiado poder al Presidente del Gobierno. La impresión final es que en Italia hay un sólo partido, un partido personal.

Finalmente, Renzi prometió mucho y por lo tanto los ciudadanos tienen el derecho a exigir que cumpla sus promesas. Reconozco que desde el principio me llamó la atención la "superficialidad" de algunos de sus eslóganes, las buenas intenciones y las dificultades prácticas en intentar cambiar un país tan complicado como Italia. No obstante, ahora que tiene en sus manos tanto al Partido como sobre todo a Italia, debería emprender con urgencia las reformas que Italia necesita, escuchando a la calle, promoviendo también aquellas batallas que el M5S había abanderado: lucha contra los privilegios, medidas contra el despilfarro generalizado, un Parlamento "limpio"... Debe superar el inmovilismo de estos meses y la incompetencia de quien le precedió para relanzar la economía nacional, crear trabajo y devolver esperanza al país. Más allá del optimismo que intenta infundir en el país, debe realizar urgentemente reformas en interés del país. Asimismo, debería ser menos "democristiano" y un dirigente menos "líquido", mostrando más vínculos con el partido del que procede y mayor disponibilidad a escuchar las críticas y los consejos provenientes de sus filas y de sus militantes. A las promesas casi diarias, a los selfie y a los tweets debe acompañarse una eficaz acción de gobierno. La esperanza del cambio no es permanente y pronto los italianos le pedirán cuentas. Concluyendo, mientras los socialistas españoles quieren su Renzi y la izquierda Italia sueña con su Pablo Iglesias, la impresión es que en realidad nadie quiere a los políticos que les han tocado y están dispuestos a criticarlos amargamente. Y eso que en primavera los italianos a Renzi le querían tanto, tanto...

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

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