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ÚLTIMO TRABAJO DE ÁLEX ANGULO

Justi&Cia o el placer de fantasear con una venganza social a la corrupción

jueves 06 de noviembre de 2014, 16:00h
Charlamos con el realizador Ignacio Estaregui, que capitalizó su paro para filmar su ópera prima.
Justi&Cia o el placer de fantasear con una venganza social a la corrupción
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El alcalde de un municipio de Lugo se gasta 24.000 euros de dinero público en puros. Sigue en libertad. Hasta aquí, un hecho tan escandaloso como lamentablemente habitual. Estamos curados de espanto, encallecidos, perdiendo la capacidad de asombro. Una mañana, el regidor sale a correr y es interceptado por dos hombres enmascarados que lo reducen, lo meten en una furgoneta y lo llevan a una nave abandonada para recibir un castigo ejemplar: masticar y tragar dos cajas de puros, uno tras otro. La grotesca escena es inmortalizada con una cámara de vídeo y enviada a una cadena de televisión. Vendetta ‘made in Spain’ la que propone el realizador Ignacio Estaregui en su ópera prima, Justi&Cia, una oda a la revulsión social contra la corrupción impune gestada en una “noche catárquica”, según cuenta el director zaragozano a El Imparcial.

En una versión más contenida aunque de valentía innegable, el propio Estaregui viene a representar también un puñetazo en la mesa, un coger el toro (el de la crisis, el del paro, el de la inacción, el del conformismo…) por los cuernos. Despedido en un ERE de la productora en la que trabajaba en Zaragoza, capitalizó su prestación por desempleo, pidió un “súper crédito”, tiró de los ahorros que había conseguido acumular en el banco tras su paso por el concurso televisivo Atrapa un Millón y se lanzó a buscar inversores privados que completaran los 300.000 euros (200.000 para la producción y el rodaje, más otros 100.000 para las copias y la promoción) con los que ha logrado parir su película.

“Te ves en el paro con 35 años y piensas, ¿qué hago con mi vida? Mandas tarjetas y no sale nada, mandas tu demo reel y no sale nada, te ves, de repente, en el precipicio y empiezas a replantearte tu futuro”, explica el cineasta, y asegura que a sus “ganas de sobrevivir” se sumó el “hartazgo”.

“En esos momentos empiezas a tomar conciencia social; no es que no la tuvieras antes, pero seamos sinceros: tienes tu sueldo, llegas a fin de mes, te compras tus cosas y estás bien. Lo ves en la tele y de repente te das cuenta de que tú eres uno de los que puede acabar mal. Y encima ves de que las cosas funcionan como funcionan porque nos están robando. Una noche catárquica surgió la idea, vino todo de repente”.

Lo que vino fue un guión: un ex minero gallego que pierde una y otra vez su lucha contra la administración en los juzgados decide actuar y traza un plan de venganza contra empresarios y políticos corruptos a lo largo del mapa de España. En su camino, se cruza con un jubilado que se suma a la aventura y completa la peculiar pareja de justicieros protagonista, encarnada por el ex boxeador y nominado al Goya el mejor actor revelación en 2014 Hovik Keuchkerian, y el recientemente fallecido Álex Angulo, que brinda una entrañable última interpretación.


El cineasta Ignacio Estaregui (centro) junto a los actores protagonistas de Justi&Cia, Álex Angulo a la izquierda y Hovik Keuchkerian a la derecha (Foto: SplendorFilms)


“Lo de Álex fue una putada, una noticia horrible por inesperada y repentina, porque le quedaban muchos años de estar con su familia y de brindarnos grandes personajes”, lamenta Estaregui. “Me gusta pensar que el personaje de Ramón es un homenaje, porque es como él era, una buena persona”, asegura, y confiesa que haber sentido su ayuda “cuando te lo estás jugando todo es una sensación increíble que te une para toda la vida”.

Ni Keuchkerian ni Angulo se lo pensaron mucho. Un día después de haber recibido el guión junto a una “modesta propuesta económica” aceptaron ser el minero Justino y su escudero, Ramón, y embarcarse en esta roadmovie de justicia “de abajo a arriba”, con un humor ácido a ratos, tosco en ocasiones, ideado para cubrir una realidad trágica que acaba por aflorar irremediablemente. Un Batman y Robin sin dinero ni tecnologías; un Don Quijote y Sancho Panza del siglo XXI.

"No es una peli sobre la crisis, sino sobre la mierda que ha salido a flote con la crisis"


“Quiero pensar que no es una peli sobre la crisis, sino sobre la mierda que ha salido a flote con la crisis: ha bajado el caudal y ahora vemos todo el fango que hay”, explica Estaregui. Y por fango, la película entiende un ex jugador de balonmano que ha defraudado dinero público, un concejal que ha gastado fondos del ayuntamiento en cocaína y prostitutas u otro que también ha metido la mano en la caja para comprar confeti. “Es muy triste, pero es cierto eso de que la realidad supera a la ficción”, señala el cineasta, quien lamenta que Justi&Cia, pensada hace un año y medio, esté más de actualidad que nunca. “Llevamos más de dos años viendo caso tras caso, con la sensación de que sale uno para tapar el anterior; parece que estamos inmunizándonos y nos tenemos que poner firmes”, señala y anima a levantar la voz, aunque sea en pequeños gestos como él lo ha hecho con su película, y a luchar por “un cambio” a través de las urnas.

Con referentes argumentales como V de Vendetta, Thelma & Louise o Un día de furia, Estaregui se propone darle al público una fantasía contra el hartazgo, siendo o no aceptables las acciones de los personajes. “Eso ya queda a juicio de cada espectador”, dice. Sin embargo, a diferencia de aquellas películas, asegura percibir que lo que plantea Justi&Cia “quizá esté más cerca de que ocurra” porque “cuando la gente no tiene nada que perder es capaz de cualquier cosa”.

Además del despertar de las masas, Justi&Cia toma de V de Vendetta el símbolo de la máscara, aunque adaptada a la vis de comedia que envuelve el verdadero drama de la película: unas gafas con una enorme nariz y cejas incorporadas con las que los protagonistas se cubre el rostro durante sus acciones. ¿Y si la gente las adoptara como símbolo de lucha? “Eso sería algo increíble, significaría que la peli ha gustado, ha calado y ha llegado ese mensaje de que estamos muy cansados”.

De fuera hacia adentro

“Vertiginoso”. Así define Estaregui el proceso que le ha llevado hasta las salas. De ser un parado que el 1 de mayo (día de trabajador, por cierto) de 2013 tiene una idea, a estar rodando su primer largo en octubre de ese año y esperando el veredicto del público en este mes de noviembre. Lo que más le satisface, dice, es haber hecho una película al margen del sistema y haber terminado metiéndola en él.

“Teníamos dos alternativas. La primera, ir a Madrid o Barcelona con el proyecto debajo del brazo, algo que sabía que iba a ser muy difícil. En parte, entiendo la lógica desconfianza hacia alguien que no ha hecho ninguna película, que ni siquiera ha estudiado cine. Elegí la segunda opción: hacerla yo, no encomendarme a nadie, lo que ha tenido la gran ventaja de que no hemos tenido cortapisas, pero el inconveniente de la financiación, de haber tenido que buscar el dinero debajo de las piedras”.

“El que tuvo la idea de hacer portales de crowdfunding tuvo la idea del siglo, pero yo, como creador, no estoy del todo de acuerdo”


Dice Estaregui que nunca se planteó el crowdfunding. “El que tuvo la idea de hacer portales de crowdfunding tuvo la idea del siglo, pero yo, como creador, no estoy del todo de acuerdo”, defiende y opina que el pedir dinero a la gente “pervierte un poco el sentido de que lo que queremos es hacer industria”.

“La industria del cine, como la de la música, no se ha sabido readaptar del todo a las circunstancias actuales, estamos en proceso todavía y el crowdfunding puede funcionar como una manera de no molestar, de conseguir la financiación al margen de una industria que tiene que completar ese proceso. Hay algo que no me gusta y creo que es más útil por el ‘crowd’ que por el ‘funding’. Es decir, es una herramienta para hacer popular tu proyecto, para que se conozca, pero yo prefiero buscar la financiación en otro sitio y que la gente se guarde los cinco euros para la entrada de cine”.

Descartada la financiación colectiva, Estaregui buscó inversores privados de forma coherente a su deseo de hacer industria. “No hay más que mirar otros modelos, en el momento en el que se articulen bien las leyes para que realmente haya unos incentivos fiscales en España, la inversión privada es el futuro”, señala e insiste en la necesidad de cambio en nuestro país, “el único en el que el cine está asociado al ministerio de Cultura y no al de Industria”.



Sin posicionarse en contra de la subvenciones, el realizador señala que recuperar la inversión es un motor más que eficiente para mover la película y hacerla llegar a la gente, y sitúa a Antena 3 y Telecinco como “lo más parecido al sistema de estudios americano, una inversión privada que lo hace muy bien para recuperar su dinero”. En su más modesta experiencia, también se reconoce a sí mismo como una garantía. “Me lo estoy jugando todo, así que está claro que voy a llevar esto hasta las últimas consecuencias”.

Donde sí reconoce haberse “topado con la industria” es en la etapa de distribución. “Somos profesionales que hemos hecho cortos, videoclips, que trabajábamos en la televisión autonómica, y que podíamos hacer una película, pero no podíamos distribuirla; ahí te topas con el muro de la industria, de cómo funciona el mercado y los exhibidores y necesitas una empresa que se dedique a ello, que esté dentro del mundillo”. Tras mucho silencio y algunos ‘noes’, la distribuidora catalana SplendorFilms cogió la “patata caliente” y se ha encargado de llevar Justi&Cia a las salas.

La pregunta que arrancó el proyecto de Estaregui también lo cierra. ¿Y ahora qué?

“Siendo sincero: hay que sobrevivir a esta película. Este viaje no ha terminado aún y, aunque no quiero medir el éxito en dinero, el agujero económico es muy grande. Eso sí, la mayor victoria es haber estrenado, haber hecho una peli fuera del sistema y acabar teniéndola dentro. Si estuviese ya pensando en otras películas sería como engañarme a mí mismo, soy consciente de que en función de cómo le vaya a la película me irá a mí. Prefiero ser cauto, esperar, que la gente la reciba bien y a partir de ahí, que venga lo que venga”.
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