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INVESTIGACIÓN DEL ESPACIO EXTERIOR

¿Quiere conocer los detalles del aterrizaje de la misión Rosetta?

martes 11 de noviembre de 2014, 17:56h
La histórica misión Rosetta de la ESA supera una fase crucial: el descenso de su módulo de aterrizaje, Philae, a la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
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La Agencia Espacial Europea (ESA) ha firmado este miércoles una nueva página en la historia de la investigación del espacio. A las 17,05 horas de este miércoles se confirmaba el primer aterrizaje en un cometa, el de la misión Rosetta, que también tiene en su haber otros hitos científicos como el de haber entrado en órbita por primera vez con uno de estos objetos celestes y seguirlo en su viaje alrededor del Sol.

A las 10:03 horas se confirmaba el éxito de la separación de Philae, el módulo de aterrizaje. La sonda Rosetta, un complejo laboratorio con una veintena de instrumentos científicos a bordo, fue lanzada en marzo de 2004 desde la base espacial de la ESA en la Guyana Francesa. Tras un periodo de 31 meses de hibernación que le permitió superar la parte más dura y fría de su viaje, despertó el 20 de enero de este año y emprendió su acercamiento al cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, su objeto de estudio, cuya órbita alcanzó en el mes de agosto.

Desde entonces, además de haber recogido algunos datos inesperados sobre el cometa –como su abrupta superficie, su forma bicefálica o una mayor presencia de polvo que de hielo en su composición-, los responsables de Rosetta se ha esforzado en los preparativos del momento más crucial de la misión: el descenso del módulo de aterrizaje, Philae, y su posado sobre la superficie del 67P/Churyumov-Gerasimenko, en el lugar seleccionado tras exhaustivos análisis y bautizado como punto J.

Con el trabajo de 25 investigadores internacionales, 11 de ellos españoles, como garante y un poco de suerte a favor, Philae se ha convertido en el primer contacto del ser humano con un cometa. Anclado en el satélite, un cuerpo en movimiento de 25 kilómetros cuadrados y con una gravedad 10.000 veces inferior a la de la Tierra, el módulo de aterrizaje continuará con la misión: una investigación de tres meses de duración mientras el cometa sigue su trayectoria acercándose al sol, con el consecuente aumento de temperatura en la superficie. Transcurrido ese tiempo, el equipo estima que el calor impedirá el correcto funcionamiento de los diez instrumentos de científicos que porta Philae.

Aterrizaje

Hasta cinco lugares diferentes de la superficie del cometa fueron preseleccionados el pasado mes de agosto para el aterrizaje. Las irregularidades del terreno, la iluminación, la emisión de gases y el tiempo de caída desde Rosetta fueron determinantes a la hora de seleccionar el punto J como lugar de aterrizaje definitivo.

Desde finales de octubre, Rosetta ha realizado una serie de maniobras milimétricamente calculadas para posicionarse en el lugar adecuado a su objetivo, alejándose primero desde los 10 hasta los 30 kilómetros de distancia de la superficie para descender después hasta los 22 kilómetros sobre el punto J.

En este momento crucial, se han desatornillado las tres sujeciones que mantienen la sonda Philae sujeta al orbitador y se han activado los dispositivos pirotécnicos para asegurar la correcta separación a las 10:03 horas. Las señales de radio tardaron 28 minutos y 20 segundos en recorrer la distancia que separa al transmisor de Rosetta de nuestro planeta, por lo que la separación realmente tuvo lugar a las 09:35.

El módulo de aterrizaje comenzó una caída libre de siete horas hacia el cometa, sin posibilidad de intervención del equipo de la misión, en manos de los precisos cálculos en la preparación y de la tímida atracción de la gravedad del 67P/Churyumov-Gerasimenko. La velocidad de impacto fue de 99 centímetros por segundo.

Una vez recorridos los 100 primeros metros, Philae desplegó, según lo previsto, sus patas, dotadas de arpones, lanzados a cuarenta minutos del aterrizaje para permitir el anclaje a la superficie, aunque con algunos fallos que están intentando solventarse.






Mientras, el orbitador Rosetta realizó otro complejo conjunto de maniobras para volver a la órbita del cometa y garantizar las comunicaciones con Philae.

La importancia de poder estudiar de cerca un cometa reside en que estos cuerpos de hielo y polvo que cruzan el espacio profundo se consideran elementos constitutivos del Sistema Solar primitivo y, por tanto, pueden brindar una información valiosa sobre la formación de nuestro entorno, su desarrollo y, en concreto, sobre el origen del agua en nuestro planeta. Incluso, en un futuro cercano, el análisis de los datos de la misión Rosetta podría esclarecer la realidad de la Teoría de la Panspermia, que propone que la vida llegó a la Tierra desde cualquier parte del espacio a bordo de meteoritos o cometas. Aunque Philae no incluye ningún instrumento preciso para detectar una hipotética presencia de vida, sí dispone de herramientas para el análisis químico, capaces de detectar moléculas necesarias para la vida tal y como hoy la conocemos.

Mientras la sonda realiza su labor en la superficie, el satélite Rosetta se encargará de trasmitir toda la información a la Tierra y, pasados los tres meses de vida útil de Philae, continuará su periplo como “escolta” del cometa, hasta llegar a otra de las fases más interesantes de la misión: el día 13 de agosto de 2015, cuando alcanzará el punto más cercano al Sol y las altas temperaturas extremarán la actividad del cometa. El final de la misión está previsto para diciembre del próximo año, aunque es probable que pueda alargarse hasta entrado 2016.
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