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DESDE ULTRAMAR

Cayetana, duquesa de Alba

jueves 20 de noviembre de 2014, 20:14h
Ha fallecido en su amada Sevilla la décimo octava duquesa de Alba. Cayetana, doña Cayetana, fue un personaje singular conocido en ambas orillas del Atlántico. Coincido con la afirmación de que su adorada Sevilla no será la misma desde ya. Mi aprecio por la capital hispalense me permite afirmarlo y quedará en su recuerdo y en homenaje a su celebérrima presencia, esa glorieta frente al puente de la Barqueta, que enseñorea su título para remembranza imperecedera de la capital del Guadalquivir a la que siempre llevó en su corazón.

Cayetana era pintoresca pero afable, firme en sus decisiones, infaltable en la crónica rosa y defensora de su estirpe, traducida en un rico patrimonio que, a juzgar por las medidas adoptadas en los últimos años, posiblemente no pasara por su mejor momento, lo cual la condujera a permitir esas visitas turísticas, lo mismo al palacio de Liria en Madrid que al de los Condes de Monterrey en Salamanca. Como quiera que sea, es una referencia obligada , mezcla de historia, poderío económico, nobleza y tradición que delinean lo más destacado de la tradición nobiliaria española.

Con una genealogía de órdago, un linaje lucidor que no hacía mal a nadie externándolo apenas, siempre con absoluta discreción y sin mancillar a ninguna persona; siendo poseedora de una heredad patrimonial y noble excelsa y consciente de su jerarquía y precedencia históricas, mas sin hacer derroche de ello, sino al contrario, conduciéndose con una sencillez que ya quisieran tantos que no poseían su aristocrático rango. Siendo descendiente de los prominentes duques de Alba de Tormes, guerreros, embajadores, con antecedentes familiares pintados por Goya, que fueron virreyes de Nueva España, cuyo título aportaron a las ciudades de Monterrey en Nuevo León (México) y Monterrey en la otrora Alta California, siendo funcionarios de terciopelo y con capacidad probada, así como grandes de España y por ende, cercanos a la Corona española, atesoraron alcurnia y abolengo a lo largo de los siglos, y que ahora han perdido un eslabón emblemático. Sus afamados títulos, su leyenda que reza que Isabel II le cedería el paso ante la cauda de aquellos, acaso más apabullante, o aquello de que la recordaremos por su amor profundo por Sevilla y sus tradiciones más acendradas, como la Feria de abril y la Semana Santa, la convirtieron en una celebridad ineludible, ya fuera en el mundo del toro, en la nobleza española o de la historia misma de España.

Mi impresión sobre doña Cayetana, además de ser mi consentida como personaje que siempre supo estar y prodigó su presencia en pro de las mejores causas, sin aspavientos, sin necesidad de perder el porte y el estilo, para siempre estar presente, para estar allí, es la de una mujer que vivió a plenitud y jamás se arredró ante nada ni nadie. La echaremos de menos. Aun en sus excentricidades, en su monarquismo, en su andaluza manera de vivir y disfrutar de su longevidad, como toda una señora.

Recuerdo que en la dilatada lista de títulos que poseía doña Cayetana, convirtiéndola en la titular de la segunda casa noble española tras los duques de Medinacelli, además de contar con 17 marquesados, 13 condados y 9 ducados con grandeza de España o un vizcondado entre muchos otros y multitud de órdenes y reconocimientos dispensados a su egregia persona a lo largo de su vida, que sumemos uno que quizás es poco conocido: señora de Palos. Palos de la Frontera, Cuna del descubrimiento de América como reza el membrete que utiliza el excelentísimo ayuntamiento de la onubense ciudad emblemática de los nexos entre España y América, le extendió el titulo a finales del siglo XX. Lo traigo a colación en esta jornada de pérdida de tan singular figura.

Finalmente se ha ido doña Cayetana. Rememorando la preciosa iglesia sevillana en el Hospital de la Caridad, que alberga los prodigiosos murales de un sevillano ilustre, Murillo, con Cayetana hoy aplica decir que se actualiza la frase latina Finis Glorie Mundi y nos queda un vacío entrañable que su recuerdo llenará por siempre. Adiós Cayetana, Sevilla sin duda, no será más la misma, no obstante que cierto es que Sevilla es mucha Sevilla y la engalanará por toda una eternidad.
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