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DESDE ULTRAMAR

México: Peña Nieto, Ayotzinapa, Chespirito…

domingo 30 de noviembre de 2014, 19:29h
Sencillamente, no nos dan tregua informativa. Apenas si nos dan respiro. Las noticias se agolpan atropelladamente y uno apenas puede digerirlas con apremio y premura, externando someras opiniones que merecen no pasarse por alto. La actualidad mexicana no para y sus alcances internacionales, tampoco. El agobio crece. En México este otoño está cuajado de noticias que quitan el aliento, estremecen, indignan y movilizan a quien más. Al menos parece ser que nadie queda indiferente a nada. Es lo único positivo.

El 1 de diciembre de 2014, Enrique Peña Nieto alcanza dos años en el cargo de presidente de México. Dos años de desbarajuste, de reinventar el mundo y de corrupción que opacan su desempeño que tanto desmerece y que lo coloca como un jefe de Estado disminuido y alienado a los problemas reales, a los que evade, delega, retrasa atender o sencillamente, pasa de ellos; dos años de contar, es un decir, con un jefe de Estado que es gris como el cemento, que no ha cumplido cuanto prometió a los electores en 2012, rebasado en sus peores cartas de presentación como son seguridad y sin duda, en economía –cuyo rezago implica que la ronde la recesión no reconocida oficialmente– por un PRI que ofreció experiencia y asumió que era mejor que su antecesor, el PAN. La crisis está causada por pésimas medidas adoptadas por su gobierno sin ánimo de rectificar, que han desincentivado la inversión, han incrementado la economía informal y han alterado los índices económicos, reportando un aumento de la inflación y un decremento de los benefactores sociales.

No admitirlo así es acallar un sano, democrático y necesario sentido de la crítica, que como autocrítica no asume Peña Nieto, colocándose de espaldas a la población. Parafraseando a un político español, Peña Nieto ni está ni se le espera. El otrora candidato guapo pero hueco, que embaucó a sus electores en 2012, está demostrando su pequeñez política, su inoperancia para resolver asuntos torales de la nación y esta siendo señalado junto con su segunda esposa, de tener nexos y de corruptelas mayúsculas al por mayor quedando al descubierto. La pus brota por todos lados. Así, es imposible calificar de bueno el mal gobierno de Peña Nieto. Ha quedado a deber tanto a la sociedad mexicana en estos dos años, que está calificado en las encuestas de opinión rondando el 40% de preferencias, propiciando un caldo de cultivo socialmente explosivo. Y lo peor: en vez de rectificar, la complica.

En medio de las tribulaciones causadas por la desaparición forzada de 43 estudiantes en el estado mexicano de Guerrero, en la localidad de Ayotzinapa –calificado como crimen de Estado y de lesa humanidad– que ha movilizado a medio país y ha conseguido que en el exterior se repudie de forma notable, lo que ha puesto en aprietos a este gobierno, su procurador de justicia dijo que ya se cansó y no entrega resultados contundentes. Ante tales protestas en aumento de tono y participación ciudadana, los intentos de Peña Nieto por evadirlas y minimizarlas han fracasado. Pese a que demuestran el hartazgo de una sociedad movilizada contra una clase política permisiva con el narco, incompetente en la economía, corrupta y cínica en su diario andar y donde el PRI en el gobierno intenta escabullirse y culpar a otros de su incapacidad probada, las justas reclamaciones por lo sucedido en Ayotzinapa se han revuelto con otros temas no menos merecedores de ser atendidos. Y sorpréndase: Peña Nieto no ha sido capaz de comprenderlo y las descalifica.

En efecto. La sociedad mexicana está harta y consternada, pero una parte en particular se siente ofendida por las torpes declaraciones del atolondrado jefe de Estado que, incapaz de entender lo que está sucediendo en las calles, solo atina a decir que ante esas manifestaciones acompañadas de actos vandálicos de origen incierto, solo usará la fuerza como último recurso y después afirma que quienes protestan, acaso pretenden desestabilizar su gobierno. Así como lo ha leído. Tan desatinadas declaraciones conducen a constatar que Peña Nieto está empeñado en meter la pata una y otra vez, y en cada ocasión de una forma aún más grave, lastimosa y decepcionante, con supina torpeza y una carencia de tacto brutales, ya no digamos de oficio político, encima, y mostrándose ajeno a lo que ocurre, o ese es el mensaje claro que envía el jefe del Estado mexicano, que cada vez que abre la boca, tropieza nuevamente.

Es inconcebible. Peña Nieto incrimina a los ciudadanos que protestan en un justo, merecido y necesario “¡ya basta!” por una inseguridad desbordada que el Estado que preside no elimina y donde él no entrega resultados, sino errores garrafales de acción y de omisión y como respuesta desaira olímpicamente el reclamo culpando a la población, en tanto asume posturas tan equivocadas y decisiones tan tardías y rebasadas por la realidad, aparentando que enfrentan la violencia y al crimen, que insulta la inteligencia de todos. Pintan para tomadura de pelo intentando minimizar los hechos, como lo ha instruido a hacerlo a los embajadores mexicanos en el exterior. Así de chulo va por la vida.

Lo sucedido en Ayotzinapa ha sido una gota que derramó el vaso. Desde muchos sectores de la sociedad mexicana se alza la voz contra abusos que comenten las autoridades y culpan al Estado mexicano del crimen que nos ocupa. Nos indigna la perversidad de sus autores, la impunidad con que se saben y la inacción de la propia autoridad, incluida la federal, o sea Peña Nieto. Es entendible porqué amplios sectores han pedido que Peña Nieto renuncie. Pero si lo hiciera después del 1 de diciembre, impediría elecciones.

Y en medio de toda esta vorágine que ya cumple dos meses de protestas con las que iniciará su tercer año el jefe de Estado, ha muerto el afamado comediante Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, conocido en amplias regiones del mundo hispanohablante cual verdadero icono, por personajes como “El Chavo del 8”. Es un verdadero fenómeno mediático de larga duración que nos recuerda que la comicidad puede ser blanca. Reír en estos momentos es cada vez más difícil. Y parece que las oportunidades de hacerlo serán más escasas.
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