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EL TEATRO EN EL IMPARCIAL

El profe, de Jean-Pierre Dopagne: las heridas de la enseñanza hoy

domingo 07 de diciembre de 2014, 11:42h
El profe, de Jean-Pierre Dopagne: las heridas de la enseñanza hoy
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La degradación de las aulas debe ser un motivo de preocupación de primera magnitud. “El Profe”, de Jean-Pierre Dopagne, que ahora nos ofrece Réplika, nos muestra su amplitud, tanto por el resquebrajamiento de los principios del aprendizaje como por su alcance a escala europea.

El Profe, de Jean-Pierre Dopagne
Director de escena: Jaroslaw Bielski
Intérpretes: Gabriel Garbisu
Lugar de representación: Sala Réplika (Madrid)


El autor belga Jean-Pierre Dopagne escribió el drama El maestro, rebautizado en Francia como Prof!, contracción de “Profesor”, escandalizado por la degradación de la enseñanza en su país. Cabe preguntarse: ¿si Dopagne se horroriza por el retroceso pedagógico en Bélgica, que se sitúa entre los diez primeros puestos mundiales en “Destreza lectora” con arreglo al informe PISA, qué debemos pensar de la pedagogía en España, que ocupa reiteradamente los lugares de cola universales en ese mismo informe? Si en Bélgica se escandalizan, aquí tendríamos que estar atormentados, exasperados, enfurecidos. El debate público que plantea El profe es, entre nosotros,mucho más perentorio, mucho más urgente y decisivo, porque la degeneración de las aulas está aquí aproximándose a los límites de la supervivencia.

La pieza de Dopagne se inicia sarcásticamente con el monólogo de un profesor que explica su calvario diario desde que se despierta abrumado por la conciencia de tener que enfrentarse a un aula indiferente y hostil, hasta la cadena de ofensas y pequeñas vejaciones a las que se verá sometido durante su jornada laboral. La obra del dramaturgo belga no se decanta hacia el ya consabido populismo de reclamar más medios materiales para la enseñanza. A él le basta un pupitre y un libro. El mal está a un nivel más profundo. Este profesor no hace populismo quizá porque el populismo pedagógico sea la gangrena que origina ese declive de la educación. Ya los populistas rusos del siglo XIX acuñaron un lema que sin duda haría fortuna en Europa: “Un par de botas valen más que Shakespeare.” Llegados al siglo XXI ha arraigado con formidable éxito, añadiendo un simple matiz, por ejemplo: “U par de botas de marca, o de diseño, valen más que Shakespeare”. La estrategia de dar la espalda a Shakespeare, o la gran cultura, para aproximarse y ensalzar el par de botas de diseño, la moda y la celebridad, lo televisivo, el deporte y el ocio lúdicos, resume fielmente el gradual desplome de la escuela.

La educación requiere esfuerzo, trabajo sobre uno mismo, afán de superación. El populismo difunde entre los alumnos la primacía del placer, del juego, el desinterés hacia los valores del espíritu y la cultura. Por lo tanto, el profesor cosechará un frustrante rechazo a su autoridad moral, a la disciplina y la transmisión de los valores. En su auditorio encontrará la atención vacilante y apática con la que se mira la pantalla de plasma de un televisor, cuando no el desprecio hacia lo que se considera desfasado o la ira contra quien representa una jerarquía. El personaje de Dopagne realiza una elegía a su propia experiencia cuando admiraba a sus profesores y agradecía lo aprendido a través de ellos, así como un rosario de humillaciones -que evocan las degradaciones del universo de Gogol-, a las que se ve sometido por unos adolescentes despectivos y desafiantes que le contemplan como un ser inferior. Un mal que no se resuelve únicamente con otorgar una autoridad formal a los docentes, sino inculcando otro modelo de cultura donde el joven comprenda que el empeño por superarse y la voluntad de adquirir destrezas y conocimientos le engrandecen y le salvan del fanatismo o de una simple manipulación comercial.

El Profe de Dopagne va deslizándose hacia una experiencia trágica de las ofensas recibidas. Con indudable acierto el director de este montaje, Jaroslaw Bielski, ha corregido esa deriva hacia la exageración reconduciéndola hacia lo grotesco, perfecto punto de encuentro entre los ideales y su derrota a manos de una grosera realidad. La obra encuentra aquí su momento álgido, el que más nos conmueve y mejor nos invita a reflexionar sobre el gradual desprestigio del aprendizaje. El teatro posee una gran fuerza docente, la clase en el aula debería acoger esa energía pedagógica de lo teatral. Jean-Pierre Dopagne ilumina una cuestión crucial sobre la que habríamos de pensar con calma y en toda su complejidad. La dirección de Bielski demuestra una envidiable sintonía con Gabriel Garbisu, curtido tanto en la televisión y el cine como en la escena clásica, que mantiene una atención creciente y sin desfallecimientos sobre la peripecia de su personaje. La hostilidad del ambiente, sus dilemas interiores, las sucesivas voces de otros que acoge en su monólogo, los singulares giros de sus incidentes, siguen una extraordinaria escalada de interés hasta desembocar en su insospechado desenlace.

El director de la obra y el intérprete han hecho bien en eludir cualquier efectismo. Una sobriedad escénica que engarza con Copeau: un vestuario, un pupitre, un libro y un puntual diseño de luz, son suficientes para que el drama alcance su plenitud. Un drama que es el de un profesor belga, pero que, en realidad, es asimismo el drama que corroe la pedagogía en la sociedad occidental más avanzada.Un motivo serio de meditación. Un placer que su puesta en escena se prorrogue estas Navidades.

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