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ENSAYO

Jordi Canal: La historia es un árbol de historias. Historiografía, política, literatura

domingo 07 de diciembre de 2014, 13:55h
Jordi Canal: La historia es un árbol de historias. Historiografía, política, literatura

Prensas de la Universidad de Zaragoza. Zaragoza, 2014. 340 páginas. 22 €

Por Carlos Dardé

Jordi Canal, nacido en Olot, en 1964, es profesor desde hace más de una década de la prestigiosa École des Haute Éstudies en Science Sociales (EHSS), especialista en movimientos contrarrevolucionarios de Europa y América, y autor de dos libros fundamentales sobre el carlismo. En los escritos, elaborados en los últimos quince años, que recoge el presente volumen -cuyo título procede de la novela de Mario Vargas Llosa, La guerra del fin del mundo- no trata, sin embargo, de aquellos temas sino de otros varios, relativos a las formas de escribir historia, a las relaciones de ésta con la literatura, y a diversas cuestiones de historia política.

Lo primero que cabe destacar en este libro es la gran familiaridad del autor con la historiografía francesa de las últimas décadas, facilitada sin duda por su prolongada residencia en París. La relevancia de los historiadores franceses del último siglo difícilmente puede ser exagerada. La revista Annales, ha sido considerada, con razón, como la institución más influyente en la forma de escribir historia, en todo el mundo, desde su fundación en 1929 hasta la década de 1970; desde entonces, los historiadores franceses están en la vanguardia de una historiografía heterogénea, crítica e innovadora como es la actual.

Las referencias a los autores franceses por parte de Jordi Canal son, lógicamente, muy abundantes en los capítulos del libro que tratan de temas relativos al país vecino. Concretamente, el “Gran Miedo” que recorrió los campos franceses en el verano de 1789 y la biografía de dos importantes historiadores, por quienes Canal muestra su admiración: el medievalista Marc Bloch y el contemporaneísta Maurice Agulhon -mucho menos conocido en España-, de quienes se expone no solo su trayectoria como historiadores sino también como ciudadanos comprometidos en diversas causas: el primero, con la resistencia a la ocupación alemana, que le llevó a ser fusilado en 1944, y el segundo con el “republicanismo”, después de abandonar la militancia en el partido comunista, en 1960. Pero también los autores franceses están presentes en casi todos los demás textos del libro, especialmente en el metodológico que trata del concepto de “sociabilidad” y su aplicación a la historiografía.

Gracias al conocimiento que nos trasmite sobre los autores galos, Jordi Canal viene a contrarrestar un hecho lamentable que es analizado en el capítulo “Admoniciones, mitos y crisis”: la escasa influencia que la historiografía francesa sobre la época contemporánea tuvo sobre la historiografía española en las últimas décadas del siglo XX. Algo que en buena parte se debió, según Canal, al desprecio que Josep Fontana manifestó por Annales (con exclusión de Marc Bloch), para quien la escuela era un (mal) recambio del capitalismo a la (buena) historiografía marxista. Hacía falta mucha independencia de criterio -y mucha valentía- por parte de Jordi Canal para escribir aquello, al mismo tiempo que para desacralizar a Pierre Vilar, en 2002, cuando se publicó por primera vez este artículo. Cualidades que el autor ha seguido manifestando desde entonces al abordar cuestiones relativas a la historiografía catalana actual, en particular. En este sentido, merece la pena transcribir sus propias palabras: “Ser historiador es un oficio con sus características propias, sus reglas, sus obligaciones y sus compromisos. Se trata de un compromiso con la historia que no debe confundirse, como se hizo con frecuencia nefasta en el siglo XX, con los supuestos compromisos del historiador con ideologías sistemas o utopías. El compromiso del historiador con su oficio, con la historia, no puede identificarse ni, menos aún, subordinarse al libre compromiso del ciudadano -sea historiador o bien ejerza cualquier otra profesión- con la ‘ciudad’, con la sociedad. Estamos ante dos cosas distintas. El único compromiso del historiador en cuanto que historiador es con la historia” (p. 75).

Con relación a la política, el libro incluye diversos temas como un esbozo biográfico del progresista y, más tarde, republicano Manuel Ruiz Zorrilla -del que tenemos un conocimiento limitado mientras no podamos consultar su archivo-, y un estudio de los exilios y exiliados en la historia de España. Las relaciones entre historia y literatura son analizados con perspicacia y profundidad, en “Gerona (1808-1809), el baluarte sacrosanto de nuestra nacionalidad”, en torno al Episodio Nacional de Benito Pérez Galdós, “Max Aub, el árbol de Figueras y el éxodo de 1839”, “El bizcocho de la literatura. Josep Pla y la historia”, y “La verdad de las mentiras, las mentiras de la verdad: Jorge Semprun, Federico Sánchez y el comunismo”.

En esta breve reseña -que no puede hacer justicia a la riqueza de este volumen-, es necesario mencionar, al menos, el primero de sus capítulos: “Por una historia americana de la España contemporánea”, en el que se reclama una consideración más profunda de la dimensión americana de nuestro país. Orientación practicada ya por algunos historiadores actuales, como señala el autor, y que, sin duda, será bien fecunda en el futuro.

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