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DESDE ULTRAMAR

Felipe VI en Veracruz

miércoles 10 de diciembre de 2014, 20:25h
Se ha verificado la XXIV Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno en Veracruz, México, país al que regresó desde que saliera de allí en 1991, al iniciar estas trascendentales reuniones en la ciudad de Guadalajara.

Siendo la que ha tocado organizar a Enrique Peña Nieto, era un reto para el ministerio de exteriores mexicano que fuera un éxito de convocatoria, considerando el siempre incompleto cartel que tras Guadalajara, no ha podido completarse por angas o mangas. No ha sido la excepción, pero al menos 17 de los 22 jefes de Estado comparecieron, incluyendo al debutante rey de España Felipe VI, aunque no fue su primer viaje a América, pues ya en octubre anterior estuvo en la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Pese a todo, no coincido con medios que afirman que Iberoamérica está fracturada.

Que hay disensos y consensos es lo normal. Y los ausentes tal parece que lo están por razones diversas, pero si fueran ideológicas y económicas, ya las cosas han ido quedando claro en su justa dimensión y ya tendrán tiempo de reflexionar si prosiguen modelos chavistas sin Chávez que los lidere. Cada quién. Y los que no han ido es porque lo quisieron. Nadie les echó y estaban invitados. Sumar y no restar, es la clave. A estas alturas del partido, los iberoamericanos no nos vamos a contar una de piratas entre nosotros. No pudo ser su presencia y lo lamento porque, después de todo, Cuba es y ha sido crucial en la historia iberoamericana y su ausencia la siento justamente por eso.

La asistencia del rey Felipe VI ha sido bien recibida. El monarca entra a México en su primera visita oficial por Veracruz, ese Veracruz próximo a conmemorar los quinientos años de la llegada de Hernán Cortés (1519) marcando el comienzo del quinto centenario de la conquista de México (1521) que tanto representó a España y al mundo. La estancia del rey suma un eslabón más a una larguísima relación bilateral y eso parece un magnífico mensaje.

La Cumbre ha engalanado ribeteándolo, un año fastuoso para Veracruz, con que ha coronado al año 2014, sumándose a las conmemoraciones del centenario de la invasión artera de los Estados Unidos al puerto y puerta de México, acaecida en abril de 1914, y con la que ha compaginado diversos eventos de especial trascendencia histórica, militar, deportiva y ahora diplomática, que harán de 2014, su año. Y es que Veracruz conmemoró con faustas maniobras navales este centenario, desarrolló una rica agenda cultural a lo largo del año que termina y fue la sede de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, calificados como los mejores hasta ahora de entre los efectuados, que tanto nos significan en México por ser el inicio de nuestro ciclo olímpico, a continuar en los Panamericanos de Toronto de 2015 y a desembocar en los Olímpicos de Río 2016. La hospitalidad veracruzana lo ameritaba, el jarocho ­gentilicio amigable para referirse a los porteños– lo merece.

Eso sí, a Peña Nieto le ha tocado poner la cara a una comunidad iberoamericana en cuyas calles la gente se pregunta por el tema de Ayotzinapa y sus 43 desaparecidos. En mal momento le ha sucedido aquello.

La Cumbre de Veracruz será la última de las anuales. A partir de 2016 en Cartagena de Indias, Colombia, será bianual, lo cual ya lo decía aquí mismo hace un año, es un craso error. Iberoamérica tiene tantas asignaturas pendientes de tratar y resolver, y una necesidad de contacto obligada, de diálogo, que no puede ser que nos hayamos cansado de vernos las caras una vez al año apenas en 23 años, frente a quinientos de no hacerlo. No se habrá agotado la imaginación para resolver los muchos problemas que nos aquejan.

Dicen que los asistentes hablaron de educación e innovación. No esperemos mucho sobre el tema, y menos en el tema de homologaciones profesionales que siguen siendo farragosas entre nuestros países. Son de las asignaturas que deberían de tratarse así sea cada año, para impulsar su unificación. Como podemos constatar, no era tiempo de espaciar los encuentros, pues si anuales luego no parecen rendir frutos, ahora bianuales, menos. Y esto lo digo porque sospecho para mal de los gobiernos iberoamericanos. Dudo mucho que espaciar los encuentros obedezca a que cocinarán grandes cosas para mostrárnoslas cada dos años y tenernos mientras en ascuas. Ojalá que a ello obedeciera espaciar las ocasiones. Dúdelo usted como lo hago yo.

La Cumbre también nos ha dejado las advertencias del director de la OCDE, el mexicano José Ángel Gurría, que ha señalado que la región pronostica ralentización económica y crecimiento no superior al 1% anual, misma tesitura en que lo ha expresado la mexicana Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), que advertía que han pasado los años de bonanza reciente. Por delante quedan retos económicos y eso debería de alertarnos a todos.

Como sea, el espacio para el diálogo es inconmensurable. La oportunidad de hacerlo vis a vis y de intercambiar puntos de vista en una Iberoamérica viva y cambiante, trepidante, reclamante y que afronta los desafíos que la delinean y delimitan, no puede negarse. Muchos recordamos cuando decir Iberoamérica era una suerte de entelequia. Los iberoamericanos nos hemos acostumbrado a la referencia que suponen estos encuentros anuales. Con sus más y sus menos, no creo que seamos indiferentes a ellos. De serlo, sería un desastre superlativo, una ceguera imperdonable, un craso error.

Al mismo tiempo, pugnemos para que tales encuentros, de no haber más remedio en que sean bianuales, reporten dividendos claros, ofrezcan resultados tangibles. No decaigan en facilotes discursos que afirman que no caminan porque los intereses de todos están en otros escenarios, pues si nos la creemos, y fuera realidad y yo lo dudo muchísimo que lo sea, no habríamos aprendido nada los iberoamericanos, todos.

Dicen que Veracruz es caribeña sin estar en el Caribe. Yo pienso que es absolutamente cierto. Si usted se pasa por México, no deje de visitar Veracruz y recuerde el estribillo de la afamada canción a él dedicada por Agustín Lara. Aquella que reza: “Veracruz, rinconcito donde hacen su nido las olas del mar…”.
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