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DESDE ULTRAMAR

Palabras que echo de menos en el DRAE

jueves 25 de diciembre de 2014, 19:28h
Comentaba meses atrás y con motivo de la esperada y por fin sucedida publicación de la vigésimo tercera edición del DRAE, las bondades del ejemplar que marca el tricentenario de la Real Academia Española.

Ahora me referiré a un conjunto de vocablos que me habría gustado encontrarme y no fueron incluidos en esta ocasión. Considero que ni sobran ni mucho menos merecen su exclusión. Se usan. De algunos, me parece legítima su presencia en el DRAE y espero que sean incorporados lo más pronto posible, así sea en la edición electrónica consultable, que es de gran utilidad, también.

Me ha escaldado un poco que se argumente que una palabra admitida en esta ocasión, sobre todo los americanismos, estuvo sujeta a que tres países la emplearan. Es un criterio muy cortito. Veamos: una palabra como «copistería», centro de fotocopiado, que además me encanta, la he oído solo en Andalucía y no en toda, y sin embargo, está inscrita en el DRAE. No es asunto menor y debe señalarse. En cambio «ché», posiblemente solo se use en dos países, Argentina y Uruguay, y pasa. Ergo creo que el criterio de admisión de vocablos no es muy parejo y sí asaz injusto y desproporcionado. Aún hay que trabajar mucho esa parte. O desde luego, entonces deberían de circular varios criterios.

Por tal motivo, es pertinente destacar que puede ser una magnífica ocasión repasar esas voces que ameritan añadirse. Pregunté en las redes sociales por palabras que la gente usa y que no incluyó el DRAE. Los resultados fueron muy enriquecedores al provenir de distintos sitios del Mundo Hispánico. La siguiente lista solo es enunciativa y no exhaustiva, pero sin lugar a dudas que es propositiva y busca ser muy provocadora.

Si «escrache» como argentinismo se quedó fuera y con su sentido de protesta ciudadana dirigida contra el domicilio particular del funcionario responsable de una medida impopular, que la Wiki atribuye a 3 países y la práctica la he visto en México, considero que debió apuntarse; «memorabilia», ese conjunto de objetos o recuerdos que conforman un patrimonio perteneciente a determinada época, también ameritaba incluirse. «Pareidolia», esa capacidad para encontrar figuritas en las nubes, por ejemplo, debió sumarse. Lo hemos hecho siempre, aunque la expresión parezca más nueva. Agregaría «testerear,» rozar a alguien, con ánimo de empujarle o golpear suavemente un objeto frágil e inclusive, puede ser que se sacuda algo con cierta agresividad.

Mi amiga Cristina desde Madrid me ha propuesto «al tran tran», pues las cosas se hacen al tran tran, poco a poco, de manera discontinua. Un contacto mexicano me sugiere «bicisenda», que es aquel camino, aquel sendero, aquella pista apropiada para los ciclistas. Vale recordar que hace un siglo se decía «biciclista»; y hay una palabra referida por Colombia que me extraña no verla incluida en el DRAE: «bolaspa», ese círculo que incorpora una cruz y lo hacemos aún a mano sirviendo de firulete, para identificar o señalizar algo, cuando vamos enumerando puntos a tratar. Dibujamos el círculo y lo cruzamos, rebasándolo, con una cruz horizontal o en imprenta, colocándola dentro del círculo de manera inclinada y exacta. Es de toda la vida, hasta que alguien le encontró un nombre preciso. El Panhispánico le da un particular significado y uso.

Me gusta el gentilicio de la ciudad mexicana de Aguascalientes: «hidrotermometropolitano». Adicionaría uno más: «sandieguino», referido a los oriundos San Diego en California; y «sudcaliforniano» para los habitantes del estado mexicano de Baja California Sur, que se distinguen así de los bajacalifornianos, sus vecinos de la cuasigemela Baja California, con la que comparten la península homónima.

Nuestro ingente y comprometido esfuerzo difusor no para allí. Propongo incrementar el acervo del idioma español registrado en el DRAE con la palabra «cibergrafía», es decir, el conjunto de fuentes y referencias en línea, consultadas y enunciadas en trabajos académicos, particularmente. Parece mentira que no se mencione el término «gubernatura», tanto como sinónimo del cargo de gobernador de provincia a disputar en elecciones, como del periodo que cubre. Si ya hay legislatura ¿qué no haya gubernatura? Es un vocablo de lo más corriente en México. Si «weberiano» está ausente del DRAE, pese a ser un pensamiento harto invocado en la academia, no menos sorprendente nos resulta la ausencia de «washingtonia», o sea la denominación de ciertas espigadas palmeras que en la misma España así las llamaron, inexplicablemente en honor a Washington Irving y pese a poseer ya su nombre español, palmeras de abanico. Y no se venga a decir aquí que el DRAE no es un diccionario de filosofía o de botánica.

Si bien el DRAE ya incluye el mexicanismo «engentar», con una definición que no me convence del todo, no estaría de más completarlo con «engentarse» y conviene precisar su definición, pues es una suerte especial de agobio, uno muy particular. Es más que un aturdimiento. Uno se engenta por ejemplo, tras salir de las tiendas departamentales en la temporada navideña. ¿A que sí? ¿Y qué me dice usted del vocablo «plastipiel» referido a las imitaciones en cuero, independientemente de su calidad, si bien la palabra la conozco más en su idea de una mala copia algo hortera, ordinaria. Sumemos «esconognosia», ese conocimiento sobre aquello que ya no se usa o que ya resulta inútil o innecesario saberlo, como tristemente sucede con la taquigrafía frente a las herramientas hoy existentes.

Mis alforjas se vacían, pero permítame mostrarle dos palabras más: «mascotería» y «pistear». La primera no aparece en el DRAE y debería. Qué mejor que utilizarla como sinónimo de tienda de mascotas. ¿En verdad no le agrada? ¡Es magnífica! La segunda no está definida en la manera más usual con la que sí la empleamos en México: acudir a ingerir bebidas embriagantes con un ánimo de convivencia y camaradería. “Vamos a pistear” le dirá alguien de su entera confianza.

De manera tal que puede usted elaborar un listado de expresiones que crea que merecerían agregarse al actual diccionario publicado en 2014, que estoy cierto ni sobran ni estorban. Son parte de nuestra habla cotidiana y por lo tanto, merecen justipreciarse mejor para otorgarles carta cabal de naturalización ¿no le parece? La lista está iniciada. Le corresponde a usted acrecentarla.
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