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TRIBUNA

Podemos y, especialmente, el nacionalismo catalán

martes 30 de diciembre de 2014, 20:09h

Como vieran Orwell o Kedourie los nacionalistas tienden a no enterarse de lo que pasa, sumidos como están tantas veces en la bruma de la ensoñación y el ensimismamiento. Así se explica la sorpresa que en Cataluña y, según parece, también en Euskadi han causado las perspectivas de Podemos, que de la nada quedan aupados a la condición de posible segunda fuerza política en esas comunidades, según las prospectivas electorales ,respectivamente, de la Generalitat y el Euskobarómetro. La explicación para el caso de Cataluña que encuentran dos ilustres miembros del Consejo Asesor para la Transición Nacional es, según leo en sendas colaboraciones en la Vanguardia, el lerrouxismo (podían haber dicho la Mano Negra con igual fundamento) o la invariable incapacidad del español, sea de la ideología que sea, se dice forzando la referencia a Josep Pla, para entender lo catalán.

Quizás la explicación sea menos complicada. Primero, podría ocurrir que Cataluña y Euskadi no sean tan diferentes políticamente al resto de España, de modo que no sería lógico que en esos territorios variasen significativamente las oportunidades electorales de la nueva formación política. Pero además lo que sucede en esas comunidades, es que a través de una actuación tan constante como intensiva, se ha sometido a las sociedades respectivas a una presión ideológica cuya artificialidad y forzamiento necesariamente habrían de patentizarse en algún momento. Sencillamente no es creíble en los tiempos que vivimos, con la complejidad de las sociedades actuales, presentar la solución del nacionalismo como el arbitrio maravilloso para salir de la crisis. No puede ser que España sea la causa de los problemas catalanes: no se sostiene la tesis del expolio, ni del mal trato institucional de Cataluña.

Como era de esperar las perspectivas para alcanzar la coincidencia en la reclamación de la independencia, que solo podían prosperar en una situación de marginación o desprecio a Cataluña, no consiguen suficiente entidad cuando la Generalitat dispone de competencias plenas de autogobierno, que le permiten tomar las decisiones adecuadas en el ámbito de la economía o de la cultura. Por tanto a Cataluña no le cuadra la condición de víctima, como pretende el nacionalismo, sino la de un sujeto político dotado de formidables medios de actuación. Así no puede prosperar la pretensión de la autodeterminación, que todo el mundo sabe es lo que hay detrás del derecho a decidir, pues su admisión significaría la liquidación de nuestro sistema constitucional de autonomía que consiste precisamente en su esencia, como ocurre con cualquier forma federativa, en la renuncia por parte de sus elementos territoriales a la independencia a cambio de su disposición del autogobierno y las oportunidades de participación en el estado común.

Las oportunidades de Podemos resultan de la explotación por su parte del pluralismo de las sociedades vasca y catalana, que no encuentran suficiente reconocimiento en la simplificación obligada (First and only, la independencia) del nacionalismo. No tiene de extraño que haya fuerzas como Podemos que se resistan a aceptar la reducción forzada y limitadora del nacionalismo, cuya hegemonía política además en Cataluña se habría impuesto con las mismas sino peores artes de la clase política española, inmersa, como está, en la corrupción y el nepotismo.

Hay determinadas circunstancias que subrayan la ventaja de las bazas de Podemos para asumir la representación de la parte no nacionalista de Cataluña; por ejemplo, sin la ambigüedad del socialismo catalán (en que no ha incurrido nunca el socialismo vasco), que piensa que el problema lo ha generado el Partido Popular y no el descarrilamiento soberanista del catalanismo. La nueva formación tampoco tiene el lastre del Partido Popular al que se le pueden endosar los errores del gobierno en el proceso, que por cierto no faltan. Ciudadanos, es cierto, puede disputarle el espacio, pero sin los atractivos de la radicalidad y desparpajo del partido de Pablo Iglesias.

Son muchos los interrogantes que Podemos plantea todavía en el terreno ideológico: quizás lo primero que debería hacer es aclararse sobre lo que pretende con el sistema constitucional, que desde luego no merece el tratamiento del candado; seguro que es insuficiente su aceptación de la complejidad de la sociedad que solo los tontos pueden pensar en reconstruir de la nada; y la nueva formación debe de repensar su juicio sobre el populismo americano, que en todas las formas que ha conocido hasta hoy, quizás con la excepción de Correa, no ha generado más que corrupción, ineficiencia, y autoritarismo.

En todos estos terrenos Podemos requiere una profunda reflexión que le lleve también a reparar en los riesgos de la ciberpolítica, arte que la gente de la nueva formación domina como nadie, pero con una pendiente pronunciada, como sucede con el asambleismo que profesan, para la manipulación.

Pero hay que reconocer que en el análisis del nacionalismo cuentan con una ayuda que deberían valorar en todo lo que sirve: a mi juicio nadie como el magistrado Carlos Jiménez Villarejo ha sometido al proceso catalán a un análisis de la lucidez y sagacidad que mostró en dos colaboraciones recientes, una entrevista y un artículo de opinión, del diario el País al respecto. No tienen desperdicio.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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