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POR LIBRE

Rajoy, chamuscado

domingo 04 de enero de 2015, 19:00h
Por mucho que se esfuerce Rajoy en vender nuevas medidas anticorrupción; por mucho que despliegue gráficos de la caída de la prima de riesgo, del recorte del desempleo o de la incipiente recuperación económica; por mucho que insista en señalar a Pablo Iglesias y a Pedro Sánchez como jinetes del apocalipsis, su discurso ya no convence a nadie. Puede resultar injusto calificar de fracaso la legislatura que ya se encamina a su final. El presidente del Gobierno ha logrado evitar la catástrofe del rescate, ha enderezado la terrible crisis económica que heredó de Zapatero, ha vuelto a situar a España en el tablero político mundial. Pero estos éxitos se han visto empañados por sus fiascos políticos: la irritante apatía ante el desafío soberanista catalán, la ceguera ante la amenaza de la irrupción del populismo, el incumplimiento de promesas electorales fundamentales para sus militantes o simpatizantes como la cobardía de emprender la reforma de la ley del aborto o la inesperada y escandalosa subida de impuestos.

Pero, probablemente, ya no cuentan ni sus éxitos ni sus fracasos. La opinión pública se ha cansado de ver siempre las mismas caras, las mismas barbas, de escuchar los mismos soniquetes cansinos. La sociedad española requiere una regeneración política, que pasa por el relevo de los políticos más desgastados. Puede resultar injusto, pero Rajoy lleva en la chepa a sus compañeros de viaje como Jaume Matas, Rodrigo Rato, Francisco Granados y tantos otros que o están en la cárcel o se preparan para entrar. Su cartel electoral aparece chamuscado. El juez Ruz tiene en sus manos la metralleta que puede liquidar a la cúpula del PP y derribar los muros de Génova 13.

Es verdad que el PSOE ha sustituido a un hombre de Estado como Rubalcaba por un chiquilicuatre político como Pedro Sánchez. Pero, por increíble que parezca, las perspectivas electorales de los socialistas han mejorado por el cambio de cara. IU también ha sustituido la desgastada imagen de Cayo Lara por la del joven Garzón, aunque, en este caso, lo chamuscado es el partido y ni el cambio de líder servirá para nada ante la avalancha del populismo de extrema izquierda encarnado por Pablo Iglesias.

El PP cuenta con una excelente cantera de políticos inteligentes, preparados y sin lastres del pasado para encabezar el partido. Todo el mundo sabe, sin embargo, que Rajoy se empeñará en presentarse como candidato en lugar de convocar unas primarias, de las que podría salir reforzado o de las que podría surgir un mirlo blanco para salvar al PP de la deriva en la que se encuentra. Pero no lo hará, pese a tener muchas papeletas para convertirse en el primer presidente de la democracia que no renueva su mandato. Y, aun peor, para dejar en bandeja a la izquierda populista el gobierno de la nación, pues parece evidente que Pedro Sánchez pactaría con Podemos sin pestañear, pese a que hasta el más tonto sabe que eso supondría el fin del PSOE.

Son muchos los pesos pesados del PP que apuestan por una renovación del partido para lavar la cara ante las convocatorias electorales de 2015. La cadena de casos de corrupción que irá estallando, eslabón a eslabón, de aquí a las elecciones locales y generales puede embarrar la campaña del PP. Y Rajoy, por muy honrado que sea personalmente, ha permanecido en la cúpula del partido desde hace décadas; por lo que siempre le salpicarán los escándalos protagonizados por sus compañeros de viaje.

Pero no lo hará. Como decía un editorial de este periódico, 2015 puede ser el “annus horribilis” de Rajoy. Y de España.
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