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ENSAYO

Mabel González Bustelo: Narcotráfico y crimen organizado. ¿Hay alternativas?

domingo 04 de enero de 2015, 19:10h
Mabel González Bustelo: Narcotráfico y crimen organizado. ¿Hay alternativas?

Icaria. Barcelona, 2014. 290 páginas. 19 €


Por Luis de la Corte Ibáñez

Antes de que acabara la “guerra fría” y de que llegara la “guerra contra el terrorismo” se abrió paso la “guerra contra las drogas”. Lo que todas esas denominaciones tienen en común es su doble condición de analogía y descripción. Todas esas guerras han sido guerras figuradas, pues inicialmente consistían en otra cosa distinta de enfrentamientos armados y militarizados, aunque ello no impidiera su traducción en auténticas guerras: entre las dos superpotencias hasta 1989 y libradas por terceros países y actores interpuestos, en el caso de la guerra fría; o conflagraciones desencadenadas en el marco de programas destinados a combatir el narcotráfico o el terrorismo y otras manifestaciones de violencia política.

Aunque Estados Unidos no haya sido el único país empeñado en someter a control el narcotráfico internacional, la acción mundial contra ese fenómeno adquiriría un nuevo enfoque cuando en 1971 el presidente Richard Nixon declaró públicamente el inicio de la “guerra contra las drogas” antes aludido. Comenzaba así una ofensiva que aún se mantiene más de cuarenta años después. Como se detalla muy minuciosamente en el libro que ahora reseñamos, las notas distintivas de ese nuevo enfoque antidrogas son la prioridad en la lucha contra la oferta (antes que contra la demanda que la sustenta) y, por tanto, el combate contra su producción (principalmente a través de programas de erradicación de cultivos) y contra los narcotraficantes, sus estructuras y la incautación de sus mercancías y propiedades, más el fortalecimiento de instituciones y agencias policiales y judiciales con responsabilidades en la materia.

Un complemento no menor y ampliamente tratado en Narcotráfico y crimen organizado, es el recurso al instrumento militar. Lo cierto es que ésta última característica no es tan general como las anteriores, tratándose en realidad deuna opción esencialmente circunscrita a la acciones punitivas promovidas en algunos países productores o de tránsito donde el problema de las drogas interactúa con dinámicas de conflicto armado o en los que el poder emanando de la droga ha logrado una honda penetración en las estructuras del Estado. No obstante, la atención al aspecto militar se justifica en parte por la aproximación desarrollada en el libro, semejante a lo que en ciencias sociales se denomina investigación comparada, centrada aquí en dos escenarios cuya relevancia no admite duda, así tanto en el caso de Colombia como en el de México.

Periodista e investigadora bien acreditada en estas temáticas, Mabel González Bustelo ha escrito un libro conveniente, repleto de información y de referencias sólidas y bien sintetizadas. Todo ello en torno a un problema de seguridad, político, económico y social de considerable complejidad, cuyo tratamiento hasta la fecha se ha comprobado insuficiente y para el que no están demasiado claras las alternativas, aunque algunas se señalan en el final del libro. La posición de partida es clara y se recuerda una y otra vez a lo largo de todo él: el prohibicionismo y la guerra contra las drogas, pilares de la aproximación desarrollada en este terreno por la mayoría de los organismos internacionales, en parte gracias al impulso decidido de Estados Unidos, han fracasado rotundamente. A pesar de la incesante lucha contra la oferta de drogas, sus mercados siguen siendo pujantes y han permitido a los traficantes liderar las tramas de la economía criminal global mientras promueven delito, violencia, inestabilidad y corrupción allí donde actúan y también más allá, además de alimentar una de las principales amenazas a la salud pública mundial. Para colmo, las acciones emprendidas contra ellos no habrían hecho sino incrementar la violencia y generar cambios organizativos que han convertido a los grupos de “narcos” en entidades más fluidas y borrosas, más “resilientes” o adaptativas.

A juicio de este lector, después de una didáctica revisión de la historia que forjó el modelo de la guerra contra las drogas, la parte más valiosa del trabajo es la que justa y convenientemente ocupa su centro, ocupado en describir la evolución de las actividades, estructuras y estrategias del narcotráfico (en esencia, tráfico de cocaína) en Colombia y México, y explicarlas como una función de diferentes factores aunque, sobre todo, de la dinámica de la respuesta estatal e internacional al propio fenómeno. Tras sucesivos capítulos dedicados al propio marco latinoamericano en que ambos países se integran y al estudio de cada uno de ellos se viene a desembocar en otro orientado a demostrar cómo los programas implementados en Colombia, ilustración máxima del paradigma que se critica, no deberían seguir empleándose como modelo para México, quizá el país del mundo donde el crimen organizado se cobra más muertes y desgarros desde la mitad de la década pasada hasta acá.

Aunque al llegar al apartado final de conclusiones y examinar los pormenores de la cuestión se presente una postura más matizada de lo esperado, la autora va sugiriendo una y otra vez la idea de que, asumida la premisa del fracaso de la “guerra contra las drogas”, la solución sólo podría pasar por intervenir en el problema haciendo exactamente lo contrario o algo radicalmente distinto a lo hasta ahora hecho. Como cambiar prohibición por legalización y sustituir las respuestas represivas centradas en combatir la oferta y a los narcotraficantes por un enfoque casi sanitario. Honestamente, en los dos capítulos finales se apuntan las dificultades reconocidas inherentes a esta opción de recambio y se indican otros planteamientos de rectificación a la política antidrogas que podríamos llamar más moderados.

La relación entre el narcotráfico en Colombia y México y las políticas “duras” que allí se han aplicado podrían ser concebidas de modo alternativo a como se plantean en este libro. Cabe preguntarse si la (parcial) militarización de la respuesta es sólo causa y factor agravante de la continuidad del problema, como se afirma, o asimismo consecuencia de aquél y un recurso inevitable dado el potencial de coacción y violencia alcanzado por el narcotráfico y los niveles de corrupción policial (además de judicial, económica y política) vigentes en los dos países estudiados.

Por otro lado, quizá el celo aplicado en el libro a denunciar la influencia de Estados Unidos (presión) sobre los países latinoamericanos en sus políticas antidroga puede llevar al lector a descontar parte de la responsabilidad que toca a esos mismos países en sus propias decisiones y actuaciones. Por ejemplo, convendría haber advertido que la corrupción y el militarismo son problemas comunes a buena parte de los países que integran el subcontinente latinoamericano y que algo de esto también puede tener que ver con el recurso a los ejércitos para desarrollar operaciones policiales. Algo que, por otro lado, no necesariamente tiene por qué constituir un error y que nunca ha funcionado como dimensión única de las políticas contra el narcotráfico, tampoco en Colombia y México.

Por último, el asunto de las alternativas a la “guerra contra las drogas” merecería un tratamiento más amplio, especialmente respecto a las políticas de la legalización, cuyas condiciones se indican pero aún pueden estudiarse más a fondo (por ejemplo, en una obra que diera continuidad a ésta).

Pero no es necesario compartir todos los argumentos y premisas volcadas en este libro para sacarle partido y reconocerlo como lectura de sumo valor. El valiente posicionamiento que recorre todas sus páginas lo convierte en material de máxima utilidad para entrar al debate de la legalización de las drogas y de los enfoques de seguridad hasta ahora implementados.

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