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NOVELA

Andrea Camilleri: Los casos de Montalbano

domingo 04 de enero de 2015, 19:21h
Andrea Camilleri: Los casos de Montalbano

Traducción de Carlos Ortega Mayor. Salamandra. Barcelona, 2014, 608 páginas. 25 €

Por Carmen R. Santos

El comisario Salvo Montalbano, creado por el escritor italiano Andrea Camilleri, es uno de los personajes más populares y queridos en el ámbito de la novela policiaca. Montalbano hace las delicias de los miles y miles de seguidores del género, que ven como pone en acción su gran olfato investigador para solucionar cualquier caso por intrincado que parezca. Aunque autor de otras novelas no policiacas –recientemente se ha publicado en nuestro país Un sábado con los amigos, una dura historia con turbios personajes-, es con las narraciones protagonizadas por Montalbano con las que ha alcanzado renombre internacional.

La ciudad de Vigàta, trasunto ficticio de Porto Empedoche, la ciudad siciliana donde nación Camilleri, es el escenario de las pesquisas de este detective que ha encontrado un hueco privilegiado en la nutrida galería de investigadores, sin nada que envidiar a nombres clásicos como el de Sherlock Holmes. Curiosamente sus padres, Camilleri y Conan Doyle, respectivamente, comparten el cierto agobio que les producen sus famosas criaturas. De momento, sin embargo, aunque Camilleri ha confesado a veces su intención de “matar” a Montalbano, no ha consumado el asesinato.. A pesar de que, como ha revelado: “La verdad es que no me apetecía ser escritor de novela negra, y menos de una serie con un mismo personaje”. Para alegría de los muchos y fieles fans de Montalbano, Camilleri se enganchó a su personaje.

Ahora, la editorial Salamandra –que cuenta en su catálogo con prácticamente todo Camilleri- ha tenido el acierto de reunir en un magnífico volumen los tres primeros casos de Salvo Montalbano: La forma del agua, El perro de terracota y El ladrón de meriendas. En el primer título, el comisario debe enfrentarse a la aparición del cadáver de un político y poderoso empresario de la localidad que unos singulares basureros descubren en una zona donde se ha hecho fuerte la prostitución y la droga. Parece que a todos les interesa que se cierre pronto el caso, aceptando lo que se pensó a primera vista: la muerte se produjo por un ataque al corazón mientras mantenía relaciones sexuales en el coche en cuyo interior apareció semidesnudo. Pero a Montalbano las cosas no le cuadran

En El perro de terracota se cruzan diversas historias, como un absurdo robo en un supermercado, o un asesinato, ya prescrito, cometido en la Segunda Guerra Mundial. “Todo crimen conlleva un mensaje. La cuestión es conocer el código de quien lo ha escrito”, le dijeron a Montalbano y a esa tarea se pone con ahínco y perspicacia. En El ladrón de meriendas, el mundo de los servicios secretos y el de la inmigración ilegal se dan cita en una trama que comienza con el asesinato de un comerciante jubilado. La principal sospechosa es su joven amante tunecina. Pero Montalbano comprueba que hay mucha más tela que cortar.

De gran interés es el prólogo que abre el volumen, donde Camilleri cuenta cómo le nació el impulso de escribir novelas policiacas y el de dar vida al célebre comisario. Camilleri no era ajeno al universo de lo policiaco, pues como él mismo recuerda aquí fue, en calidad de delegado la RAI, responsable de todo la serie televisiva de Maigret, el detective creado por Simenon. No obstante, señala que empezó en el género para demostrarse a sí mismo que era capaz de escribir ciñéndose a una estructura narrativa sólida, en la que no hubiera saltos temporales ni lógicos. Este reto le llevo a un ensayo de Leonardo Sciascia donde habla sobre las reglas que debe respetar un autor policiaco. Y a la vez recordó una tajante afirmación de Italo Calvino donde advertía que era imposible ambientar una novela negra en Sicilia.

De este doble reto, Camilleri ha salido más que airoso. Y en su éxito, sin duda, desempeña un papel esencial la invención del comisario Salvo Montalbano -nombre elegido en homenaje a Manuel Vázquez Montalbán-, un personaje cuyos rasgos explica el propio Camilleri: “Debía ser un hombre inteligente, fiel a su palabra, reacio a los heroísmos inútiles, culto, buen lector, que razonara con sosiego y que careciera de prejuicios, Un hombre al que se pudiera invitar tranquilamente a una cena familiar”. Un personaje, añadiríamos, pleno de sabiduría y sensualidad mediterráneas, alejado del calvinismo de muchos de los grandes detectives de la serie negra norteamericana. Aunque Montalbano y sus colegas estadounidenses tengan en común la necesaria lucha sin cuartel contra el crimen.

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