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EPPUR SI MUOVE

Charlie Hebdo: la islamización de Europa

miércoles 07 de enero de 2015, 20:32h
No hay prevista ninguna acción de las Femen en París. Para ellas, el asesinato de 12 personas en el nombre de Alá sólo por trabajar en un periódico es una más de esas cosas que pasan, sin más. Tampoco hay noticias de que tengan pensado ponerse en tetas en mitad de alguna mezquita de Arabia Saudí, Qatar o Pakistán. Qué va. Poco importa que haya mujeres en esos países golpeadas con toda impunidad a diario, vejadas y ninguneadas. Las hay, incluso, encarceladas por haber sido violadas: tener relaciones sexuales con alguien que no es su marido está mal visto en el Islam.

“El castigo físico a la mujer puede ser necesario; de hecho, a muchas les gustan las palizas”. Semejante aberración no ha sido rebuznada por ningún iletrado del tres al cuarto, sino por Yusuf al-Qaradawi, una de las personalidades públicas más conocidas del Islam actual. Tiene un programa de televisión en Al-Yazira llamado “La Sharia y la vida”, donde se alecciona sobre cómo ser un buen musulmán. En su momento, pidió que se acabase con el dibujante danés que se había atrevido a caracterizar a Mahoma en una viñeta con un turbante en forma de bomba y quienes se hicieran eco de ello. Y tres energúmenos cumplieron sus deseos.

En el nombre de Alá. Conviene dejarlo bien claro, porque eso es lo que es. A día de hoy nadie mata en nombre de Dios, Yahvé o Buda; sí en el de Alá. Hoy el Islam tiene un problema; un problema que sólo el Islam puede resolver. Mancilla, es verdad, a una gran mayoría de musulmanes que no merecen que se les mezcle con semejantes alimañas. Ahora bien, esto sólo se puede parar en tanto en cuanto surjan voces autorizadas entre ellos que fijen claramente su posición. Que digan que nada ni nadie justifique la muerte de una sola persona. Que se pasen por el forro ciertas fatwas -veredictos dictados por algún clérigo, como los que condenaban a muerte a los dibujantes asesinados - Que mujeres y hombres sean iguales ante la ley. Que no se obligue a las primeras a vestirse como buzones de correos y se respeten sus derechos. Que dejen de culpar a Occidente de todos los males del mundo. Que no se mate a quien dibuje. Y que cese de una vez la hipersensibilidad con una forma de entender la religiosidad fanática y medieval. Si no les gusta Europa, que se vayan a Yemen o a Afganistán, y que dejen de mamar aquí de la ubre de las ayudas sociales. Porque eso sí que les gusta: disfrutar de sanidad, educación, ayudas públicas y subsidios a cascoporro, pero impuestos, poquitos. E integración y respeto con los países que les acogen, menos aún; todo lo más, resquemor.

Martin Niemöller fue un pastor luterano alemán que se enfrentó abiertamente a los nazis. Suya es una de las mejores citas contra la barbarie de cuantas se han escrito: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos, no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”. El atentado islamista de París no ha sido sólo contra los dibujantes de Charlie Hebdo, sino contra todos nosotros. Se ha escrito un nuevo capítulo de la islamización de Europa, con la connivencia de miles de progres que tildan de racistas e intolerantes a quienes simplemente no ven bien que se asesine por no ser musulmán. Dios mío.
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