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ENSAYO

Massimo Recalcati: El complejo de Telémaco. (Padres e hijos tras el ocaso del progenitor)

domingo 11 de enero de 2015, 16:45h
Massimo Recalcati: El complejo de Telémaco. (Padres e hijos tras el ocaso del progenitor)
Traducción de C. Gumpert. Anagrama. Barcelona, 2014. 168 páginas. 14,15 €

Por José Antonio González
¿Es posible establecer el diagnóstico de una época histórica, la valoración clínico-moral del modo de vida de toda una sociedad? Massimo Recalcati (Milán, 1959) considera que sí, siempre que contemos con la teoría adecuada al efecto: el psicoanálisis (sobre todo, en su versión lacaniana), y como punto de partida, la relación entre padres e hijos, o entre generaciones. Para dar luz a lo que se esconde tras esta problemática esencial, el autor echa mano de algunos mitos griegos de perenne significación; dos de ellos ya figuran en el imaginario básico del discurso analítico: Edipo, por supuesto, y Narciso. El otro lo ha tomado el autor de la lectura de diversos estudios sobre la Odisea: es Telémaco, el hijo capaz de esperar persistentemente al padre, escrutando el horizonte y salvaguardando su lugar, físico y simbólico. El libro de Recalcati se subtitula: “Padres e hijos tras el ocaso del progenitor”, pero este rótulo no hace justicia a la profunda ambición filosófica del texto, que procura aportar una reflexión singularmente perspicaz sobre la transcendencia de la Ley simbólica: la condición de la existencia humana como decurso contingente, determinado por los límites que enmarcan su carencia, su dependencia radical del Otro.

Con una prosa contundente, clara y hermosamente cincelada, el libro trata de describir las difíciles vicisitudes que, en medio de la actual crisis global, atraviesa la transmisión del sentido de la Ley humana o de la Palabra (el reconocimiento de nuestra deuda con el Otro que hace posible nuestra propia escritura subjetiva) a las nuevas generaciones. La juventud se halla asediada por la carencia de referentes éticos, de figuras paterno/maternas renovadas y confiables, y asaltadas por los embates del neocapitalismo, que les priva de cauces para su realización mientras les induce a arrojarse en brazos de un goce irresponsable e ignorante: “La apremiante oferta de nuevas sensaciones se ha multiplicado casi como para compensar la dramática ausencia de perspectivas de vida”.

En ningún momento el libro se deja llevar por algún tipo de nostalgia reaccionaria del peso autoritario de la tradición; antes bien, todos sus desarrollos se orientan por la búsqueda de nuevas formas de ejercer la responsabilidad que supone, en cada persona (ya desde la posición paterno/materna -que tiene algo que decir-, ya desde la de hijo o hija -que tiene algo que heredar-) ser “sujeto”, en toda la extensión de la palabra.

El autor, en un giro final un tanto sorprendente, se muestra confiado en los rendimientos críticos de una peculiar hermenéutica psicoanalítica de los mensajes evangélicos (que nunca parecen agotar su capacidad de generar sentido). Sin embargo, en el contexto que su discurso ha perfilado con nitidez, este recurso puede parecer tan esperanzado como ilusorio: la perspectiva del (psico)análisis muestra con claridad la imposibilidad estructural del encuentro pleno con el Otro; la radical soledad del ser hablante y su condición siempre menesterosa. Es necesario no subestimar la significación de este hecho, para no incurrir en la premura de habilitar una solución meramente apaciguadora de la agitada y ansiosa conciencia de nuestro tiempo. En cualquier caso, estamos ante un libro luminoso, capaz de hacer fluir la reflexión en esta época de “inédita y acuciante demanda del padre”, más allá de cuáles sean nuestras particulares filiaciones teoréticas.
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