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DESDE ULTRAMAR

Europa nos preocupa fuera de Europa

domingo 11 de enero de 2015, 20:14h
Me he quedado estupefacto y patidifuso al leer los detalles del inaceptable atentado contra la revista Charlie Hebdo. Me quedé atónito al ver la foto del lugar en que se produjo el siniestro, difundida por Le Monde. Mas no me extraña. Me deja absorto, sí. Es una explosiva mezcla que conjunta una libertad de expresión que ha rayado en la provocación, con la intolerancia y un extremismo que no actúa, sino bajo advertencia bien sabida hace tiempo y de manera artera, pero real, que allí está y es un clamor a la mesura de todos. Y a la actuación que no admite ya más dilaciones ni discursos paniaguados basados en posturas invocadoras de libertades o modernidad de las que tanto se precia la Europa actual. Es un tema de libertades, pero no solo de eso.

Y en efecto, me gusta irme al origen de las cosas para no liarnos. Hay un ataque a la libertad de expresión, pero si te mofas en una portada de valores religiosos propios y ajenos, te arriesgas a que te apliquen una frase de sabiduría popular que ya decía mi abuelita: “el que se lleva, se aguanta”. No nos equivoquemos. Clamemos por la mesura y el bien juicio, que no está la Magdalena para tafetanes. Lo sabemos todos. Quepa la cordura, pues.

Y se lo digo sin tapujos ni falsos pudores, porque no me interesa pasar por modernillo y que no se me tache de nada, callándolo. Porque Europa nos preocupa fuera de Europa. Repaso sí, que Europa hace tiempo que no va bien con el tema migratorio –de Portugal a Rusia y quien más y quien menos ha cerrado fronteras reaccionando tardíamente a un fenómeno que ya la rebasó– y con sus consecuencias directas e indirectas, que pasan a la segunda y tercera generación; que está pagando un alto precio por su colonialismo, por su admisión de mano de obra barata y por su cada vez más evidente incapacidad para integrar a todos sus habitantes. Que Europa ha integrado a la mayoría, se me responderá, quizás, pero es la minoría pues, la que parece tener una fuerza mayor y está retando el orden de las cosas, cada vez de manera más sangrienta. A una vieja, envejecida Europa, que no atina a responder a la altura del problema. Y es grave y no le veo ninguna solución sensata. Eso es todavía más grave.

Es inevitable pues, que nos preocupe Europa fuera de Europa, porque, al tiempo que no podemos satanizar a nadie ni generalizar para mal, al no ver una solución que satisfaga a todos, respetando libertades y derechos humanos de por medio frente a los no integrados, con algunos que se envuelven en extremismos islámicos, veo a Europa en una encrucijada, palabra que rima con entrampada, para actuar de forma aleccionadora y con la fuerza suficiente para dar certeza de que algo como lo sucedido no se repetirá, frente a lo que no es ni debe considerarse como un hecho aislado. No lo es. Podría ser el primero de muchos y eso me aterra. Europa en sus entrañas alberga a quienes ni se integran ni aceptan el modelo al que han llegado y seguirán actuando para acabar con el orden de las cosas. ¿Europa esta vez se enfrenta a un nudo gordiano, a un galimatías irresoluble, a un callejón sin salida y si me apura, a un laberinto que no adelanta una solución al gusto de todos y que salve el futuro de Europa? Sí.

Y no digo que Europa esté irremisiblemente herida de muerte, pero desde luego la tiene muy complicada para hacer que se respeten la tolerancia y la convivencia pacíficas, al paso que va. Y está actuando tarde, de forma que el proceso cultural que hoy vive y nos muestra esta cara en Charlie Hebdo, lo veo irreversible. Pensé, optimista, que tardaría en llegar, pero ya está aquí.

Me queda la inquietante sensación de que algo no predecible ni cuantificable se ha muerto el 7 de enero de 2015. Algo apenas identificable, apenas perceptible, pero no menos valioso. La tranquilidad de la convivencia multicultural, si es que es real, acaso. Y que igual ha nacido algo que no me agrada. Pero hace rato que observamos fuera de Europa a un soterrado recelo y un odio étnico-cultural que se mueven estrepitosos bajo una aparente calma civilizada que suponemos y atribuimos a las sociedades europeas. Un nuevo fantasma recorre Europa, pero uno de carne y hueso, real, envuelto en interpretaciones mesiánicas, que es de temer, presente pero no visible hasta que se manifiesta cargándose a varios. No es cosa de islamofobia o de maurofobia mencionarlo, pues tan solo ya basta de negar que hay un tema y que ese tema se está cobrando vidas en las calles de Europa, como viene sucediendo a los ojos de todos.

Y va traducido en extremismo que no puede ocultarse más, creyéndose las buenas conciencias –de izquierda y derecha– que bastaría con mirar hacia otro lado arropándose en sus libertades y en minimizar esos incidentes, disfrazándolos de multiculturalismo, para desestimarlos. No bastó. Apenas ha querido Europa aceptarlo y reconocerlo. ¿Europa desea islamizarse de forma extrema? Va por bien camino y escoger otro ya se antoja asaz complejo y de difícil consecución. Y que conste que no es malo convertirse, el asunto clave es cómo lo hará, porque está visto que el radicalismo sí campea y reta la convivencia prevaleciente.

Europa nos preocupa fuera de Europa, porque muchos percibimos un continente que no solo está cambiando de rostro a pasos acelerados, sino que para mal y con un futuro sombrío. Fuera de Europa, la envejecida Europa, nos sorprende que en unos cuantos lustros y con Francia como escenario destacado, más no como la única poseedora del problema integrador, crezcan los choques con islamistas, la no completa integración y ahora el reclutamiento de gente que se va a inmolar al Estado Islámico, en tanto la ultraderecha lleva agua a su molino y clama por extirpar todo lo que huela a no europeo, porque así de cortito es un talante y su criterio descerebrado, mientras los neonazis asoman cada vez más las narices, envalentonados y enarbolando valores que anticipan choques brutales en un futuro inmediato. Con ataques a las minorías de por medio. No puedo ser optimista y no veo a quien sea capaz de resolver esta ecuación, que nos queda tan clara fuera de Europa, quizás porque ni nos tragamos que todo es libertades y librepensamiento y porque poseemos nuestros propios problemas raciales y culturales, que después de todo asumimos, como que los digo. La mitad de un problema se resuelve asumiéndolo.

Un panorama sombrío con un islamismo ensimismado y extremo, obliga al Islam al completo a dejar en claro qué desea del mundo. La Humanidad lo merece saber, pero no está obligada a someterse. Complejo ¿verdad? La cumbre convocada en París no dará resultados si no se atiende el problema de origen: la convivencia explosiva con los no europeos de origen y su proceso integrador en Europa. Y eso involucra a todos los europeos. Una Europa realmente integradora está en entredicho y con ello, su futuro y su viabilidad como la entendemos hasta hoy. Así de grave y así de sencillo exponerlo. Menuda tarea hay por delante. Desde América, un océano de por medio es maldecido a veces por muchos que idealizan vivir en Europa. Ese mismo océano quizás un día lo agradeceremos al marcar distancias. Yo ruego porque no suceda. Espero que Europa se libre de una guerra que pase de lo cultural a lo demás. Pero tampoco la veo tan alejada de que se produzca. Muy grave, sí.
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