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¿Qué es Pegida y qué subyace bajo el mayor auge islamófobo de los últimos años?

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 12 de enero de 2015, 15:17h
¿Qué es Pegida y qué subyace bajo el mayor auge islamófobo de los últimos años?
No sólo es un grupo de ultraderecha o racista. Por Borja M. Herraiz
El pasado 5 de enero, más de 19.000 personas, entre las que se contaban unos 4.000 ultras y neonazis, se congregaron en la ciudad alemana de Dresde para reclamar "una Europa libre del islam, contra el uso indiscriminado del derecho al asilo y por la lucha frente a la pérdida de la cultura alemana". Fue la última demostración de fuerza de Pegida.

Ya por entonces, hacía meses que las autoridades germanas habían dado la voz de alarma frente a la velocidad que estaba cogiendo el movimiento de corte fascista, pero la tragedia de París ha puesto el foco sobre lo que significa esta confederación de grupos radicales, de ultraderecha, racistas, islamófobos y, cada vez más, con notable participación de una clase trabajadora, jóvenes en paro y jubilados descontentos con el devenir sociocultural de la Unión Europea.

El movimiento Pegida, acrónimo en alemán de Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente, fue fundado a mediados del año pasado por Lutz Bachmann, un publicista alemán con una considerable lista de antecedentes penales por robo y otros delitos menores. En tan sólo seis meses ha logrado rodearse de lo más granado de la ultraderecha germana y congregar a varios grupos filonazis hasta ahora disgregados y poco coordinados.

El resultado es una masa social de entre 10.000 y 20.000 militantes sólo en Alemania que abogan por la persecución de la islamización y la multiculturalidad europea. Basado en la estrategia de la demagogia y el populismo, Pegida se ha llegado a apropiar incluso del lema de la Revolución Pacífica de 1989 que precedió a la caída del Muro de Berlín: "Wir sind das Volk" ("Nosotros somos el pueblo").

En sus inicios, Pegida, que se reúne periódicamente cada lunes de la semana en distintas ciudades, apenas dejaba noticias en la prensa, pero con el paso del tiempo ha logrado que hasta la mismísima canciller Angela Merkel haya mostrado su honda preocupación por sus actividades, quizás motivada por las encuestas que señalan que el 35 por ciento de los alemanes ven con buenos ojos sus reivindicaciones.

¿Una respuesta social?
Pero lo que realmente preocupa a la Policía alemana no son tanto los radicales que ya están controlados y fichados, sino los millares de ciudadanos que se suman lunes tras lunes a estas protestas cada vez más multitudinarias.

“Observamos que hay gente de las capas más bajas de la población, empresarios y mucha gente afín al fútbol”, explicaba recientemente Danilo Starosta, de la Oficina de Cultura de Sajonia. De hecho, algunos de los convocantes de las manifestaciones son ex miembros del Partido Demócrata Liberal (FDP), lo que da buena cuenta del crisol social que gravita en torno a Pegida.

Alemania, que cuenta con una importante comunidad islámica viviendo en su territorio desde hace varias generaciones, especialmente de origen turco, ha visto cómo sólo en el último año se registraban un centenar de ataques xenófobos contra centros de refugiados y culturales, algunos con claros tintes pronazis.

Recientemente, Boris Pistorius, máximo responsable del Interior en el land de Baja-Sajonia, señalaba que el auge de Pegida no respondía a una creciente islamofobia en territorio alemán, sino al temor entre sus ciudadanos a perder el trabajo en favor de una mano de obra extranjera más barata y sacrificada. Sin embargo, los informes que manejan los cuerpos policiales europeos sostienen que los grupos racistas y excluyentes gozan de buena salud y aumentan su influencia mes a mes.

La vecina Francia asiste expectante hasta dónde será capaz de llegar el Frente Nacional de Marine Le Pen tanto en las elecciones regionales de marzo como en las presidenciales de 2017. Casi todos los pronósticos señalan que al menos será capaz de alcanzar la segunda vuelta electoral. Por lo pronto, un 25 por ciento del electorado galo votó al FN en los pasados comicios europeos.

Holanda tiene un largo historial de violencia anti islámica, con ataques a centros culturales y mezquitas por parte de grupos filonazis y hooligans y en países como Polonia o Hungría también se han registrado casos de islamofobia, mientras que en España su presencia es residual y muy ligada a peñas radicales de clubes de fútbol.


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