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La pulla más dolorosa de Aznar a Rajoy

sábado 24 de enero de 2015, 09:47h

Si Rajoy aspira a ganar las elecciones debería seguir punto por punto la hoja de ruta trazada por Aznar en la convención del partido, que, en síntesis, consiste en mantener el ideario del partido y, así, recuperar el voto perdido de esos millones de militantes y simpatizantes que se sienten defraudados por la política del PP. De ahí el dardo envenenado con el que el expresidente comenzó su intervención: ¿Dónde está el PP? Porque el Gobierno ha centrado su gestión, sin duda con éxito, en la recuperación económica, pero ha olvidado los valores que le auparon al poder con Aznar y con el propio Rajoy.

El PP vive atenazado por el miedo a ser tachado de derechista, hasta de fascista. La propaganda de la izquierda ha hecho mella en el entorno del partido y Arriola y compañía creen que hay que dar una imagen “más centrada”; esto es, pastelear, no mojarse, intentar no alterar. Pero cuando se gobierna hay que mojarse y jamás pastelear. Aznar lo dejó muy claro cuando se refirió al desafío secesionista catalán, el momento álgido de su discurso, la pulla más dolorosa que le endiñó a Rajoy: “Nadie puede echar un pulso al Estado sin que eso tenga consecuencias”.

Y el tándem Artur Mas-Junqueras le ha echado al Estado el más desafiante pulso que se recuerda, ha desobedecido la ley, se ha saltado a la torera al Tribunal Constitucional, se ha choteado del presidente y el Gobierno ha mirado hacia otro lado. No ha tenido consecuencias. Ahí sigue la pareja independentista gobernando y convocando nuevas “elecciones plebiscitarias”. Y Rajoy, a la luna de Valencia. No quería alterar. No quiso mojarse. Consecuencia: el gran fiasco de toda la legislatura. ¿Dónde está el PP?, se preguntaba Aznar.

El PP debe actuar sin complejos como lo que es: un partido conservador, de derechas, liberal también y tan democrático como el que más. Los gurús del marketing pueden llamarlo de centro-derecha que queda más moderno, pero sus bases, sus militantes, sus votantes esperan que defienda los valores que representan los partidos conservadores de todo el mundo. Y ahí están sus principios. Y ser de derechas no significa ser fascista; todo lo contrario. Como ser de izquierdas tampoco significa ser estalinista, aunque en España tengamos un porrón de bolcheviques con coleta.

Y, entre otras cosas, ser de derechas (perdón, de centro-derecha) significa defender, como recordó Aznar, a las víctimas del terrorismo y, desde luego, impedir que los secesionistas campen a sus anchas y gobiernen al margen de la ley. Pero Rajoy se ha olvidado de ello. Está a tiempo de corregir el rumbo. Solo hace falta que siga al pie de la letra las instrucciones que le dio Aznar en su apoteósico discurso en la convención del partido. Las bases le aclamaron hasta la extenuación, mientras los actuales dirigentes, avergonzados, se hundían en sus asientos. ¿Aspira el PP a ganar las elecciones? Pues que pregunten a Aznar dónde está, o debería estar, el PP. Sin duda, donde siempre, que en palabras del expresidente se resume en tres frases: recuperar el ideario del partido, actuar con más determinación frente a quienes quieren acabar con nuestros valores y nuestras libertades y, desde luego, impedir que alguien pueda echar un pulso al Estado sin que eso tenga consecuencias. Aznar ha puesto en evidencia la política de Rajoy, pero también le ha trazado una hoja de ruta para ganar las elecciones. Que la siga sin salirse un milímetro, si es que aspira a ganar las elecciones.

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