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DOCUMENTAL

Jon Sistiaga y Hernán Zin traspasan "la epidermis" de la guerra en Nacido en Gaza

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
Jon Sistiaga y Hernán Zin traspasan 'la epidermis' de la guerra en Nacido en Gaza
En diciembre, el periodista Jon Sitiaga y el cineasta Hernán Zin presentaron Nacido en Gaza, que opta al Goya a la mejor película documental.

El pasado mes de diciembre se estrenó documental Nacido en Gaza, dirigido por el periodista y premiado documentalista italo-argentino Hernán Zin y producido por el reportero Jon Sistiaga y la cantautora Bebe. La cinta, rodada durante la ofensiva israelí que asoló la franja de Gaza en julio y agosto de 2014, sigue a diez niños que cuentan cómo es su día a día bajo las bombas y termina tres meses después, retomando las diez historias. EL IMPARCIAL ha charlado con Zin y Sistiaga.


Pregunta:
Ambos habéis realizado trabajos previos en Gaza. ¿Qué aporta este documental?

Hernán Zin: Es un acercamiento muy distinto a la guerra en general, no sólo a Gaza. Tanto Jon como yo llevamos veinte años cubriendo conflictos, hemos trabajado juntos en muchas zonas en guerra como Somalia o Afganistán y siempre tenemos la sensación de que te quedas un poco en la epidermis. Vas corriendo tras la bomba, das el último dato de muertos después de la declaración del militar de turno… Queremos que esta película mirara la guerra desde otra perspectiva, con una visión más pausada, centrándonos en la herida, en la víctima y con una fórmula más cinematográfica y poética. Se trata de contar la guerra como nunca la han contado, pero no gratuitamente, sino para tratar de que la gente comprenda lo que implica esa herida que sigue ahí una vez acaban las bombas: la pérdida de un familiar, la pérdida de la salud mental y física, la pérdida de tu casa, de tu identidad, de tus cosas, de todo lo que querías. Eso perdura, cuando los periódicos y las teles dejan de hablar de un tema, sigue ahí como un río subterráneo. De eso va Nacido en Gaza, de esa realidad que permanece cuando se callan las bombas.

P: ¿Cuáles han sido las mayores dificultades de la producción?

Jon Sistiaga: Estamos acostumbrados a trabajar en sitios complicados, en condiciones muy adversas y aunque parezca mentira, este caso ha sido de lo más fácil en cuanto a complicaciones de tipo burocrático. Afortunadamente, en esta ocasión el Gobierno de Israel decidió permitir el acceso de la prensa internacional a esa enorme cárcel rodeada de un muro que es Gaza. Por lo tanto, tuvimos que pedir el permiso habitual de medio de comunicación. No te preguntan qué es lo que vas a hacer, estás entrando en un lugar en guerra así que dan por hecho que vas a informar para tu medio sobre la ofensiva.
Una vez dentro, lo principal era localizar los diez perfiles de niños que queríamos, para lo que ya habíamos hecho un trabajo previo con un periodista local. La única duda que teníamos es si estos niños iban a funcionar tanto en cámara como por discurso, si lo tenían articulado, si sabían hablar o no. La sorpresa fue que todo se hizo mucho más fácil de lo que pensábamos. Hernán tiene una forma de trabajar que consiste en dejarles hablar, les permite abrirse y termina siendo, de alguna manera una especie de terapia para ellos.
De lo que tuvimos que mentalizarnos fue de no salir corriendo cuando escucháramos un bombazo en algún lado, de retener nuestro instinto de periodistas de ir a averiguar qué ha pasado. Estábamos a otra cosa, trabajando en otro tempo narrativo, mucho más pausado y reflexivo.

"Tuvimos que retener nuestro instinto de periodistas"

P: Al comparar los testimonios de adultos habitantes de Gaza que habéis recogido en otras ocasiones y los de los niños sobre los que trabajáis en este documental, ¿qué conclusiones sacáis?

Hernán Zin: La sorpresa de que el discurso de los niños podría ser el de un adulto. Nuestro miedo era precisamente que la película no se sostuviera con el discurso de los niños y al final se sostiene de maravilla. Hablan con una cantidad de claroscuros, de matices, de recovecos intelectuales y emocionales que hacen del documental una película muy rica. Soy el primer sorprendido en ver cómo hablan, cómo se ponen tensos y cómo reflexionan sin romperse, con qué dignidad. Todo un hallazgo, aunque también es lógico si lo piensas. Un niño que a sus ocho años ha sufrido bombardeo tras bombardeo, al final, ¿cómo no va a tener esa madurez? ¿Cómo no va a preguntarse que por qué le ha tocado eso? ¿Cómo no va a pensar quién es y por qué está allí?

Jon Sistiaga: Al niño que sale en el cartel lo grabamos yendo a su casa, a lo que había quedado de ella, para rescatar sus enseres, sus juguetes y libros. Lo que tiene en las manos es la carcasa de un mortero. ¿Qué discurso va a tener?

P: Crecer en un estado de guerra periódico puede sembrar en esos niños el odio, la sed de venganza por los sufrido, o bien el hartazgo, la voluntad de que acabe por fin. Preguntados por su futuro, sólo uno de los diez niños protagonistas del documental dice querer unirse a los “rebeldes” para vengar a sus primos muertos en un bombardeo. ¿Qué lectura hacéis?

Jon Sistiaga: La idea del documental, y creo que la que mantenemos nosotros a pesar de nuestra propia opinión personal, es dejar puertas abiertas y libertad de interpretación. Ni la película ni los niños transmiten odio ni afán de venganza y eso es lo que nos encontramos: críos que hablaban de manera muy sincera, muy dramática también, pero no con ansias de venganza. Luego ya está la lectura que haga cada espectador sobre lo que cree que puede pasar con esos niños en el futuro. Si esos niños que con diez años de vida tienen a sus espaldas tres o cuatro ofensivas van a llegar a ser los médicos, las profesoras de inglés, los pescadores y los ingenieros agrónomos que quieren ser. O si van a acabar metiéndose en una organización armada que trabaje dentro de Gaza. Eso queda abierto, pero en mi opinión sí que transmite sensación de esperanza. Sobre todo porque el pueblo Palestino sabe levantarse una y otra vez con dignidad, tiene una capacidad maravillosa de regenerarse a sí mismo.

"Los niños de Gaza tienen más perplejidad que odio"

Hernán Zin: Quien vea la película es quien lo tiene que interpretar, pero mi sensación final es que los niños de Gaza tienen más perplejidad que odio. Sobre todo se preguntan por qué no pueden ser niños como los que están en Valencia en la playa en agosto. A ellos en agosto les tocaba estar bajo las bombas. Lo que más hemos detectado es ese interrogante: ¿Por qué?

P: Por haber nacido en Gaza…

Hernán Zin: Eso es.

P: Hay algunas imágenes duras en el documental, pero no diría que es un rasgo definitorio de Nacido en Gaza. Personalmente, ¿pensáis que hay límites a la hora de mostrar una guerra?

Jon Sistiaga: Trabajar con víctimas es algo muy complicado y muy duro. Hay un umbral que, al menos nosotros, en nuestro nivel ético, no traspasamos nunca. Preferimos bajar la cámara antes que seguir grabando algo que vaya a herir aún más la sensibilidad de la víctima con la que estás hablando. También sabemos a qué público nos dirigimos y hay cosas que no son ‘emitibles’ para el público español. Hay veces que la situación tiene tanta emocionalidad que supera al reportero y hay que tomar aire.

Hernán Zin: Para mí lo más duro fue el hospital. Ya había estado otras veces, pero nunca lo había visto así, con tanta cantidad de niños, en las habitaciones, en los pasillos… Creo que la situación de ese hospital podía ser un termómetro de la brutalidad de aquella ofensiva, la más salvaje que se ha orquestado sobre Gaza.

"Hay cosas que no son 'emitibles' para el público español"

P: Los niños piden ayuda de una forma cruda, mirando a cámara, y se refieren a una ayuda en el plano psicológico, para curar las heridas que no se ven en los telediarios cuando la Franja de Gaza está en el primer plano informativo. Vosotros habéis hecho una película, nosotros venimos a cubrir la información, parece que algunos países dan pasos en el reconocimiento del Estado Palestino… ¿es suficiente? ¿Qué podemos hacer desde fuera para responder a esa llamada de auxilio?

Hernán Zin:
Como ciudadanos, presionar a los Gobiernos, en nuestro caso al español, para que no lo reconozcan solo en el Parlamento sino también en el plano Ejecutivo y para que presionen en Europa. Es la única solución y Europa lleva décadas postergándola. Nunca entendí bien porqué. Es evidente que ése es el camino: ya que los israelíes por sí mismos no van a dar el paso atrás para crear el Estado Palestino, que el mundo lo imponga. Si lo hace, no será una arbitrariedad sino una respuesta a las resoluciones de la ONU, al derecho internacional, al derecho internacional humanitario, a la lógica y a la ética. Si a un pueblo se le da un Estado al pueblo que vivía en ese territorio también hay que darle otro. Punto, basta de discusiones absurdas. Y a la gente israelí que está viviendo en el lado palestino hay que sacarla para que el Estado Palestino sea viable. Es la única salida y si Europa no presiona a Israel en este sentido, no habrá cambios. La llave la tenemos nosotros, tenemos esa suerte y esa desgracia.

"La llave la tenemos nosotros, tenemos esa suerte y esa desgracia"


P: Para vosotros que lleváis dos décadas cubriendo escenarios bélicos en todo el mundo, ¿es comparable el problema palestino con algún otro conflicto histórico? ¿Podemos bucear en la Historia para esbozar una posible salida en Gaza?

Hernán Zin: Puede que Sudáfrica. Allí se creía que nunca iba a terminar el Apartheid, una situación que también se traducía en meter a la gente nativa detrás de muros y sacarles todos sus derechos, en llamar terrorista a Nelson Mandela y encerrarlo durante 34 años. Y un día cambió. Un día, el mundo reconoció que ese pueblo tenía unos derechos y que su líder no había sido un terrorista sino uno de los hombres más admirados del siglo XX. Ese cambio se produjo por la presión internacional: ahí está la clave. Con todas las diferencias por delante, el ejemplo sudafricano es válido en el sentido de que la presión internacional, el boicot, hizo que el Gobierno blanco afrikáner cambiara de opinión y de estrategia. Y eso, exactamente lo mismo, es lo que tiene que pasar con Israel.


Horror. Belleza.

Nacido en Gaza conjuga la contundencia del documental con un cuidado exquisito de la fotografía en secuencias más cinematográficas, alejadas del testimonio a cámara y la imagen de archivo clásicos del género. En lo visual, explota los colores del mar, de la tierra y del cemento de los escombros y eleva a categoría poética acciones mundanas a través de recursos de rodaje (grúas y steadycams) y de edición, como la cámara lenta y el time-lapse. Belleza perturbadora en medio de una guerra. La vocación de apelar no sólo a los sentimientos sino también a los sentidos se extiende al estreno de este jueves en Madrid (Cine Palafox), donde la cinta se proyectará con la música de Carlos Martín interpretada en directo junto a un cuarteto de cuerda.


10 x 507
Dicen Zin y Sistiaga, que los diez niños protagonistas de Nacido en Gaza son “portavoces de los 507 niños muertos y más de 3.000 heridos que dejó la ofensiva israelí conocida como ‘Margen defensivo’”. Estas son las diez historias.