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TRIBUNA

Nuevo portazo a los migrantes en EE.UU.

miércoles 28 de enero de 2015, 19:58h
Lo normal. Nada nuevo. El tema de regularizar a un conglomerado significativo de indocumentados lo replanteó Obama el otoño pasado. Cuando lo escuché me despertó el más profundo bostezo, producto del hastío: de nuevo el político de turno usando a la comunidad hispana con un plan, como gancho para declaraciones políticas y aquella colectividad esperanzada, corriendo tras las promesas de siempre. Por enésima vez. Tal cual y ha vuelto a suceder.

El pasado 17 de enero de 2015, en Washington la Cámara de Representantes aprobó una ley que impide avanzar a las medidas unilaterales de Obama. Otra vez es un portazo en las narices a los indocumentados en Estados Unidos, a los que se condena a seguir siendo explotados allí, en un negocio millonario como es la contratación de ilegales que mueve a esquilmarles derechos por no ser ciudadanos o a vivir en vilo, mientras llega su deportación, bajo el gobierno Obama que prometió una reforma migratoria para embolsarse así el voto hispano, engatusándolo en sus dos campañas presidenciales, mientras que ha sido el principal expulsor de esa comunidad bajo el sello demócrata.

En su mensaje al Congreso y a la nación del pasado 20 de enero de 2015, Obama ha vuelto con la sobada cantaleta de azuzar aquello de que su país es uno de migrantes y de leyes; una postura que ya no cuela y por lo tanto, aunque encareció a un congreso republicano a que apruebe una ley migratoria que desde 1986 no ha visto ese país, volvieron mis bostezos al anticipar el resultado.

La cantaleta citada nunca ha cuajado, desde que los nativistas defendían su derecho a no recibir nuevos migrantes ya inicios del siglo XIX y menos conmueve la respuesta de Obama, diciendo que la negativa republicana provocará el futuro despecho electoral a ese partido, de parte de esos a quienes hoy les niegan una legalización.

Ciertamente que la propuesta del mandatario estadounidense llegó en forma tardía y desesperada, dividiendo a una comunidad hispana que ya sabemos que no es compacta ni en origen ni en intereses. No lo perdamos de vista. Ha sido presurosa la respuesta negativa republicana frenando a Obama, confirmando que en las encuestas ya se oponía un 46% de los consultados a que Obama actuara de manera unilateral sin esperar al nuevo congreso surgido de los comicios de 2014. Ahora lo han acorralado quitándole una de sus últimas cartas para que no luciera una presidencia sitiada y deslucida, a la que se ha llenado de escollos, como haberse conducido con tanta tirantez con un congreso que la ha limitado permanentemente.

Claro es que la propuesta de Obama tampoco era ni la panacea ni el curatodo. Sin cifras ciertas de cuántos se iban a beneficiar de tal iniciativa, la especulación iba acompañada de saber unos requisitos para regularizar la situación, que parecían inalcanzables para un grueso de aquel colectivo del que no se sabe entonces cuál sería su destino, en caso de no verse favorecido. Una cifra aventurada sondeaba que solo escasos 5 millones de los estimados 11,3 millones de ilegales, se beneficiarían de tal propuesta. Una cifra volátil y francamente difícil de cuantificar, porque la frontera sur es porosa y han llegado por décadas a allí, de manera tal que se antoja imposible conocerla.

Aunque tal propuesta no parecía nada mal, extendía beneficios a quienes carecieran de antecedentes penales, pagaran multas por su ingreso y estancia ilegal y quisieran pagar impuestos; era en pro de los padres de residentes o de ciudadanos cuya residencia también fuera de al menos 5 años, con una edad abierta en el caso de estudiantes destacados. Y habría permisos de trabajo por 3 años, pero siempre que supieran hablar inglés y conocieran la historia de Estados Unidos. Se contemplaba también ampliar visas para trabajadores altamente cualificados y modificaciones a procedimientos de detención de inmigrantes (ya se sabe que se han basado en el aspecto racial, aunque lo niegan). Desafortunadamente, las medidas de Obama parecían bastante excluyentes después de todo y los análisis sobre ellas entre la comunidad hispana, parecían más confusos que luminosos.

Permítame un paréntesis obligado. No sobra recordar que si bien no se impone el monolingüismo –que ha fracasado– Obama y demás insisten en él. Propio de una obtusa mentalidad anglosajona que no ha podido ser bilingüe con éxito. Los hispanos por fortuna lo tienen más claro y se defienden mejor moviéndose en dos idiomas y lo saben bien. Solo siendo necio se insistiría en lo contrario. Siendo sabido que puedes moverte allí en perfecto español, la persistencia del solo inglés, preocupa. Pues ya sea un idioma español mal pronunciado, es aprendido y utilizado por millones a los que no se les ven las ganas ni la necesidad de soltarlo, porque una cosa es que otrora no se quisiera hablar una lengua de esclavos, como denunciara el escritor mexicano Carlos Fuentes, y otra es que se ven muy claras las ventajas por ser bilingües. Enhorabuena.

El mazazo de los representantes al Ejecutivo estadounidense también lo es a la comunidad hispana, nuevamente encandilada con una promesa que le puede conducir en su mínima porción a la ciudadanía. Que a los demócratas ese fracaso podría serles contrario en las presidenciales de 2016, si los hispanos le siguen el juego a unos republicanos que saben que era de las poquísimas cartas que se jugaba Obama, es verdad. Y lo han rechazado aferrándose a que el dinero a emplear en ese proyecto ahora frustrado, se necesita para ciberseguridad y combate al terrorismo, tras los atentados en París. Mezquinos y oportunistas esos republicanos. Y han endurecido la política migratoria, cancelando permisos temporales extendidos desde 2012.

Como vemos, Obama va extraviado y usa de nuevo a los hispanos como coartada electoral que no le funcionará, a menos que los hispanos crezcan en número legal suficiente para que, en efecto, puedan determinar ahora sí los resultados electorales y compren el proyecto del que les prometa de nuevo una verdadera reforma migratoria. Eso, cuando de verdad determinen los resultados electorales que hoy dudosamente lo hacen. Su número no refleja que eso suceda en un país de 320 millones de habitantes, aunque suena apabullante decir que sí lo consiguen. No me lo creo.

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