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TRIBUNA

México, Argentina y Venezuela en 2015: ¿más autoritarismo o más anarquía?

sábado 31 de enero de 2015, 19:35h
Para empezar, Enrique Peña, presidente de México, Cristina Fernández presidenta de Argentina y Nicolás Maduro, presidente de Venezuela no son estadistas, repito, no son estadistas.

El primero llegó con un caudal de dinero que rebasó el límite establecido por el entonces Instituto Federal Electoral (hoy Instituto Nacional Electoral) y con el apoyo de las televisoras concesionadas, Televisa y T.V. Azteca, más de la primera que inclusive le presentó a Angélica Rivera, hoy esposa de Peña. Su paso como gobernador del Estado de México fue mediocre, es una de las entidades federativas con más pobres y con mayor inseguridad, antes de Peña, durante el gobierno de Peña y después de él, ahora con su títere, el gobernador Eruviel Ávila, un demagogo local, que viaja con un ejército de escoltas, mientras la población tiene que soportar la delincuencia en carreteras y calles del Estado de México.

Los escándalos que ha enfrentado Peña, derivados de las casas, ¿cuántas tiene y para qué tantas? Algunas están a nombre de su esposa quien en una pésima actuación de televisión intentó convencer a la población de haber obtenido millones y millones de pesos por su trayectoria como actriz –secundaria y sin más talento que muchas otras verdaderamente artistas-, más la mansión en Malinalco, propiedad del secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray comprada a un hombre de negocios ligado a contratos con el ex gobernador Peña y actual jefe de Estado y del gobierno mexicanos. Por supuesto que hay conflicto de interés, lo saben incluso los no nacidos, pero Peña aparenta que todos sus comportamientos están de acuerdo a las leyes.

El hecho de que aún sin terminar el segundo año de gobierno se hayan levantado voces en diversos sitios de México exigiendo la renuncia de Peña a la presidencia no tiene literalmente ningún precedente histórico, por lo menos de la Revolución a la fecha.

Los índices de criminalidad y violencia son aún alarmantes. La población que vive en la realidad lo sabe, la clase dominante aislada del vaivén cotidiano, se imagina otro México, viven en Peñalandia, un mundo de fantasía y arrogancia.

La segunda, si bien tenía carrera propia, la presidencia se la debe a su difunto marido. Es una mujer polémica, de contrastes y claroscuros, aferrada al poder, sin carisma. La situación económica argentina es lamentable, ha crecido el desempleo y hay diversos tipos de cambio. Mis amigos argentinos que residen en México han vuelto de vacaciones decembrinas muy desalentados por la situación de su patria. El discurso populista de la Fernández no es creíble dentro y fuera de la república Argentina.

Argentina ha perdido peso específico en el concierto de naciones. La antipatía que genera la Fernández más ahora con la muerte, mejor dicho, homicidio del fiscal Nisman, enrarece más el clima de gobernabilidad y de credibilidad.

El peor de todos, el tercero, Maduro quien no tiene ningún mérito para seguir en la presidencia de Venezuela: más escasez, más inflación, más pobreza, más violencia, más demagogia.

Maduro hizo una gira internacional carísima, porque llevó a mucha gente en su comitiva, para mendigar ayuda, incluso a Putin, que también está desesperado por la baja del precio del petróleo, pero en realidad regresó con las manos vacías.

Maduro quien no sólo no es estadista, tampoco es un político profesional, sin cultura ni preparación académica mínima, que imaginaba ver en un pajarito a su antecesor, está llevando a Venezuela a los peores escenarios: una revolución o un golpe de Estado.

Maduro se aferra al poder, mientras crece considerablemente su patrimonio y el de las hijas del difunto Chávez, la población venezolana vive en la desesperación, con mercado negro de dólares, racionamiento, etcétera.

Los tres, han sido débiles frente a los hermanos Castro de Cuba: Peña les condonó una deuda considerable y ni así Raúl Castro tuvo la generosidad de permitir que México mediara entre Cuba y E.U. La Fernández juega a ser de izquierda pero solicita préstamos internacionales al primer mundo y Maduro, pobrecito, sin haber leído siquiera una biografía de Simón Bolívar, dice estupideces sobre El Libertador y lo hace pasar como un revolucionario socialista.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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