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ENSAYO

Tom Godfrey: La pintura hoy

domingo 01 de febrero de 2015, 16:34h
Tom Godfrey: La pintura hoy
Phaidon Press. Londres, 2014. 448 páginas. 75 €

Por Pedro Ortega
Imbuido de mi conocimiento de los clásicos del Arte en las clases de la universidad, mi primer encuentro cara a cara con la pintura del siglo XXI fue en Düsseldorf, en el K21 (Kunst 21) dedicado a honrar las obras de arte del incipiente milenio, un museo que continúa con la tradición de su padre el K20, dedicado a los maestros del siglo XX. La experiencia fue un tanto desconcertante pues me sentí un tanto ajeno al arte que se suponía que estaba creciendo en mi tiempo, en mi vida. Todo resultaba extraño y pensé que tal vez yo estaba viviendo mi vida en una burbuja. Recuerdo tan solo un cuadro con el que me pude identificar, se trataba de D.P.II, de Daniel Richter, recién terminado y expuesto en 2008. Allí, unos militares oscuros eran guiados por unos perros guardianes de un color naranja intenso. Era la violencia de nuestro mundo lo que allí quedaba reflejado y por ello me conmovió. Me estaba hablando de mi mundo.

Esta cierta decepción continuaba cuando visitaba las ferias de Arte contemporáneo como nuestro ARCO, de donde realmente salía año tras año profundamente insatisfecho. ¿Era el Arte de mi época insatisfactorio para mí?

Con ánimo de responder a esta pregunta me he aproximado a este libro: La pintura hoy viene a sintetizar qué le ha pasado a la pintura después de proclamada su muerte en 1968. El profesor y Research Director del Sotheby’s Institute of Art, Tony Godfrey, es autoridad para poder disertar acerca de lo que ha acontecido con la pintura en los últimos cuarenta años. Para acometer tal tarea ha tenido que diseccionar las tendencias, de exponer una taxonomía necesaria para abordar tan amplio elenco de manifestaciones pictóricas. Según comenta en el libro decidió acatar esta tarea dividiendo la pintura en “temas” aún incluso cuando ha de hablar de abstracción, campo en el que el tema está absolutamente prohibido. Algunas de las categorías que nos propone son el foto-realismo, el retrato, la pintura de historia, el neo-expresionismo, el paisaje o los bodegones. Sorprenden también clasificaciones como la escuela de Leipzig, presunta corriente con la que muchos críticos están en desacuerdo. Al transcurrir las páginas mi sensación de sentirme ajeno a la pintura contemporánea persistía, lo de Düsseldorf no parecía haber sido casual.

Sin embargo, hay una categoría de las propuestas por Godfrey que llamó sobremanera mi atención y despertó mi interés: es el capítulo titulado “Muerte y vida”, allí encontré un topos común a la idea del Arte: el thanatos del Arte de antaño parecía querer sobrevivir todavía en el siglo XXI. Allí figuraban autores destacados como Gerhard Richter, Jasper Johns o Anselm Kiefer, Julian Schnabel y, como no, el anteriormente citado Daniel Richter.

Pero la luz de este capítulo no fue suficiente para recuperar la fe por la pintura contemporánea, o quizá sería mejor decir por pintura oficial. Sin duda mi criterio como historiador del Arte discrepa de la tarea de los directores artísticos de los museos, de los comisarios y de los galeristas, que sin duda alguna han puesto la mirada en lugares distintos a la mía.

En mi opinión, los talentos del siglo XXI se encuentran fuera de este ámbito y solamente los podemos encontrar en el panorama underground, artistas que han tenido que buscarse la vida en campos como el diseño gráfico, la ilustración o, más significativamente, en el arte creado por ordenador al servicio del cine, de los videojuegos y de la publicidad, triunvirato que parece haberse convertido en el gran comitente del Arte del siglo XXI.
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