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NOVELA

Martín Casariego: El juego sigue sin mí

domingo 01 de febrero de 2015, 16:39h
Martín Casariego: El juego sigue sin mí
Premio Café Gijón 2014. Siruela. Madrid, 2015. 216 páginas. 16,95 €

Por Ángela Pérez

Martín Casariego (Madrid, 1962) es un gran conocer del universo adolescente y juvenil, de esas etapas de la existencia en las que se abre todo un futuro, pero que suelen resultar enormemente complicadas. Dio muestras de ello anteriormente -y no solo en sus narraciones dirigidas al público juvenil-, y ahora vuelve a hacerlo en la novela que acaba de publicar, El juego sigue sin mí, que se ha alzado merecidamente con el Premio Café Gijón, un prestigioso y veterano galardón que cuenta entre sus ganadores con nombres de la talla de Carmen Martín Gaite, Luis Mateo Díez o Eduardo Mendicutti, entre otros.

El juego sigue sin mí toma su título de la cita que encabeza la obra: “Me despido de ti y de ella. Os doy las gracias por todo. Tú pronuncias dos palabras: A usted. El juego sigue sin mí”. Son palabras de El juego, de Pedro Casariego Córdoba, hermano de Martín, que se suicidó en 1993. Sin duda, ni la cita ni el recuerdo a su autor son superfluos -aparte de lo que conlleva de homenaje-, pues en esta novela se nos habla de la renuncia a la vida, o, quizá, en el fondo, de su abandono porque no se quiere desertar de lo que implica de más apasionante, porque no se desea vivir en ese limbo al que a veces parecemos abocados.

La trama se articula en torno a la relación entre un muchacho de trece años y otro cinco años mayor que él, Rai, a quien los padres del primero contratan como profesor de matemáticas alarmados por el bajo rendimiento escolar de su hijo. El alumno es el que, transcurridos varios años y cuando ya ha dejado atrás la adolescencia, rememora en primera persona lo que para él fue un encuentro decisivo. Porque en esas clases, el narrador ha aprendido matemáticas, pero no fue eso lo importante en ese singular pacto que establecieron alumno y profesor, según el cual este le hablaría de literatura, de escritores, de películas, de música y, sobre todo, de la vida, mientras que aquel estudiaría fuera de las clases.

Martín Casariego ha señalado que hace tiempo tuvo el impulso de escribir una historia sobre un chico que amenazaba a su exnovia con suicidarse si no se presentaba a una cita. La idea está en El juego sigue sin mí, pero se subsume como parte de lo que Rai cuenta en sus atípicas lecciones, quedando así englobada en la relación entre este y su alumno. Una relación llena de sutilezas y secretos que nos despierta un gran apetito por saber más y más de ella, y que no defrauda hasta llegar a un desenlace cuyas pistas no lo convierten finalmente en menos sorpresivo.

La última propuesta de Martín Casariego se inscribe con brillantez en el atractivo género de la novela de aprendizaje. Su autor dosifica con fluidez los acontecimientos que se van sucediendo y dibuja a la perfección a los personajes, explorando con solidez la personalidad de un adolescente marcada por las contracciones y las búsquedas muchas veces dispares, que se observa a sí mismo desde un momento en el que ya no lo es, lo que otorga al relato una mayor riqueza.

Significativamente, el narrador comienza la historia diciendo: “No voy a revelar mi nombre, porque no importa. Se me podría llamar Ismael”. Y hacia su final confiesa: “Al contrario que el capitán Ahab durante estos años yo no he perseguido a la ballena, sino que más bien la he rehuido”. Vuelta de tuerca a la mítica novela de Hernan Melville, Moby-Dick, en este nuevo título de Martín Casariego, cuya facilidad de lectura se combina con el sinfín de matices que encierra.

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