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LA HUMILLACIÓN DE LA CERRADURA

viernes 13 de febrero de 2015, 12:35h
Pedro Sánchez estaba no solo en su derecho sino además en la obligación de destituir a Tomás Gómez...
Pedro Sánchez estaba no solo en su derecho sino además en la obligación de destituir a Tomás Gómez ante la catástrofe electoral anticipada por encuestas solventes. Por áspero que sea escabechar a alguien a última hora, la inmensa mayoría de los militantes del PSOE madrileño han entendido la medida adoptada.

Pero una cosa es esa y otra muy distinta la atroz humillación a la que ha sido sometido Tomás Gómez a través de las imágenes del cerrajero violentando su despacho de trabajo. Se habla de la pena del telediario. A muchos les parece mucho peor la pena del cerrajero. El líder del socialismo madrileño, que hasta ahora ocupaba su puesto gracias no al dedo de Ferraz sino al voto de los militantes, no se merecía una vejación de tan grueso calibre. La operación denigratoria no se ha perpetrado sin luz ni taquígrafos. Por el contrario se han enviado las cámaras de televisión para certificar la liquidación total del líder proscrito.

Pedro Sánchez se ha buscado un enemigo de por vida. No sé si Tomás Gómez hubiera digerido su destitución. Lo que no aceptará nunca es el procedimiento empleado. Que gentes de su propio partido, encabezadas por el líder nacional, hayan instrumentado la maniobra cerrajera es algo que excede los límites más elementales de la moderación y la cordura.

Muy fuerte debe sentirse Pedro Sánchez porque Tomás Gómez es todo menos un enemigo que se pueda desdeñar. Dentro y fuera del partido se producirán noticias de la guerra abierta entre los dos líderes socialistas.