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DESDE ULTRAMAR

Obama enfangado entre su congreso y el EI

sábado 14 de febrero de 2015, 19:50h
Pues aquí los tenemos de nuevo: los Estados Unidos lanzan un manifiesto para guerrear al Estado Islámico (EI o ISIS). Según quien informe y quien traduzca, le llaman autorización de guerra al EI, pedida por Barack Obama a su congreso. Ya sabe usted que eso de declarar la guerra no es lo suyo. Se la equipara sin más.

Se agolpan muchas preguntas de aparente difícil respuesta, ante tan audaz (e irresponsable) anuncio del mandatario pidiendo esa autorización el miércoles 11 de febrero de 2015, que no acallan ni las fanfarrias ni la altivez y soberbia con las que se ha efectuado el pedimento.

Porque seamos serios: ¿están los Estados Unidos en posibilidad de emprender una guerra contra un fantasma que los mira sin que ellos lo miren, con la misma eficacia, por muchos drones que posean en Washington? ¿Han aprendido de verdad acerca de cómo tratar con grupos como los conformadores del EI? ¿La economía estadounidense resistiría esa fórmula de emprender la guerra para reactivarse, cuando desde los años noventa esta visto que se agotó el modelito, antes eficaz? ¿Tan pronto como anunció Obama que había quedado atrás la crisis, ya están listos para emprender una nueva aventura? ¿No fracasará igual que su presencia en Iraq y Afganistán, sin resultados claros ni para la paz ni para el exterminio del terrorismo, como lo estamos viendo? Se tropiezan con la misma piedra.

Adelanto que una respuesta pronta al tema de la agotada economía, que no está para nuevas aventuras, se puede responder y paliar diciendo que como en otros tiempos, es momento de sacrificios. Puede reiterarse que de paso se llevará democracia y derechos humanos a quien no se los está pidiendo. Eso nunca fallaba como excusa. Empero, me temo que ese discursillo ya está muy sobado por desvergonzado.

Son muchas preguntas que empiezan por contestarse señalando que así, nuevamente, pidiendo enfocar las baterías económicas hacia la guerra, se justifica la estructura bélica existente y jamás desmantelada a niveles razonables desde que terminó la Guerra Fría. Siempre ha sido necesario tener un enemigo en la mente estadounidense y así lo evidencia su historia. Por angas o mangas, cuando no indios y mexicanos, comunistas o narcotraficantes. Siempre. Clinton propuso cerrar bases militares, reducir contingentes y reposicionar a su país en el mundo cuando ya no estaba el enemigo comunista, priorizando nuevos temas. Cada intento de reestructuración militar con su carga de poner fin a privilegios castrenses y disminución del gasto militar que tiene endeudada y empobrecida a la economía estadounidense, fue frenado de golpe.

El pretexto idóneo para no mover las cosas y que continuara un ritmo de gastos como si se estuviera frente al enemigo anterior y se justificara así mantener ese nivel de dispendo en gasto militar, lo propinó el 11 de septiembre. Quién en su sano juicio iba a desestimar y a condenar la parafernalia estadounidense y la necesaria economía de guerra que soporta el desarrollo nacional en gran medida, de ese país. Por tratarse, desde luego, de un acto patriótico ¡faltaba más!, razonaron los asesores de Bush, aquel debía continuar e incrementarse. La guerra y no la paz, siempre ha sido un gran negocio y no vamos a venir aquí a negarlo.

Bush incrementó sustancialmente los gastos militares desatendiendo otros rubros (como equipar a Nueva Orleáns contra desastres, como el que la afectó en 2005), dejó intocados los intereses y beneficios militares y se rehusó a disminuirnos. El mismo Obama prometió hacerlo y apenas en su séptimo año parecía que daría algún paso adelante, tras salir a regañadientes de Afganistán, para de nuevo, apenas meses después, ahora anunciar el regreso a tierras de Asia a posicionarse con la complicidad de los países tradicionalmente aliados. Por si faltara, Cuba ha exigido que, de proseguir las negociaciones entre ambos países, le regrese la base naval de Guantánamo al completo, revirtiendo el robo estadounidense que fue apropiársela a perpetuidad en 1903, amparado de la descarada y abusiva Enmienda Platt de 1901. Bien ha jugado su carta el dictador cubano, viejo lobo de mar, hay que reconocérselo.

El anuncio efectuado por Obama no puede acarrear nada bueno. No es que la lucha contra el terrorismo islamista o contra las descabelladas pretensiones del Estado Islámico no merezcan atención alguna y aplicación de una estrategia, a lo que llega tarde EE.UU. Pero es luchar contra molinos de viento y azuzar el avispero lidiando contra fantasmas. No hay que darle demasiadas vueltas. No caben ni el chantaje al patriotismo ni calificar la calidad de la democracia de nadie que juzgue puntualmente el proceder estadounidense. Semejante aventura suena disparatada, chirría por inoperante. Suena mucho más a salida facilona y demostración de debilidad ante, por ejemplo, los rusos. Se va mejor ladrando a los islámicos. Finalmente, supone una demostración de fuerza cuando fuera de su país se mira a los Estados Unidos como débiles ante un mundo de contrapesos cambiante, donde hasta el inmaduro de Maduro les saca la lengua.

Así pues, al pedir a su congreso semejante despliegue de fuerza para combatir a una fuerza tan desdibujada después de todo, tan rapaz y hábil para escabullirse, tan eficaz y huidiza para afrontar a sus adversarios y enemigos y tan exitosa en sembrar el terror, solo augura nuevas desgracias para todos, empezando por el propio paladín que se arroga el ajado y desvencijado derecho de poner quietos a esos peculiares personajes que enseñorean el EI. Me preocupa mi país, pues con los acuerdos de cooperación militar, México puede quedar expuesto, cuando que no tenemos facturas que nos cobren en Oriente Medio ni las necesitamos.

Obama ha pedido 3 años para tan alucinada empresa contra la amenaza que es el EI, afirma, y no sabemos si lo hizo iluso o excesivamente confiado, rebasando su mandato. Asegura que no requiere tropas en tierra en Oriente Medio –quizás pensado que EE.UU. salió de Iraq y Afganistán con la cola entre las patas– pero amaga con que no dudará en usar “fuerzas espaciales” de ser necesario e involucrará la ayuda a los que se coludan y apoyen allí esa presencia. Si resultara cierto como se afirma, que el EI es como una suerte de Frankenstein creado por las pésimas políticas de contención de los EE.UU. en la región, sería un nuevo caso de combate al antiguo aliado. Hacerlo suena como un esfuerzo pequeño e inútil.

Los Estados Unidos están endeudados hasta las cachas y se antoja muy complicado que remonten favorablemente una nueva crisis a corto plazo. De verdad que solo puede despertar resquemores la intentona que puedo anticipar fracasada y acaso muerta, antes de nacer. Lo que yo le diga.
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