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ENSAYO

Julio Camba: «¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno!» Los escritos de la anarquía (1901-1907)

domingo 15 de febrero de 2015, 15:22h
Julio Camba: «¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno!» Los escritos de la anarquía (1901-1907)

Edición, prólogo y notas de Julián Lacalle. Pepitas de Calabaza. Logroño, 2014. 580 págs. 26 €

Por José Miguel G. Soriano

Finalizaba el año 1900 cuando, sin haber cumplido aún los dieciséis años de edad, un joven escritor gallego de ideología radical, Julio Camba, decidía abandonar su villa natal de Vilanova de Arousa para embarcarse como polizón rumbo a la bullente ciudad de Buenos Aires. Alumno indisciplinado de niño, tras abandonar prematuramente la escuela había trabajado como ayudante de farmacia en Marín, en un establecimiento donde, ocultamente, solía reunirse una tertulia de librepensadores. Sería aquel el primer contacto de Camba con las ideas anarquistas, credo y espíritu libertario que tan bien se ajustaban con su carácter natural inconformista, de una radical individualidad, enemigo de dogmas establecidos y de una inteligencia viva.

A sus primeros escritos en pequeñas publicaciones ácratas, sucederían las subsiguientes denuncias por parte de las autoridades gallegas y su salto a la Argentina, donde el anarquismo, nutrido por la inmigración, poseía «un carácter cosmopolita, pintoresco y alegre, capaz de entusiasmar a cualquier imaginación juvenil», según sus propias palabras. Así lo afirmaba en El destierro, relato autobiográfico de su exilio aventurero que publicó años después y que encabeza el presente volumen, una selección representativa de aquella época inicial de Camba, entre 1901 y 1907, en la que el autor se relacionó con el movimiento anarquista. Textos en muchos casos de combate, de un saludable desdén por la autoridad.

«¡Oh, justo, sutil y poderoso veneno!», definiría Julio Camba el «veneno» de la anarquía, parafraseando a Tomás de Quincey hablando del opio; exclamación que sirve asimismo como título -muy acertado literariamente- para esta edición, al cuidado de Julián Lacalle. «La anarquía -asegura Camba- es también uno de los paraísos artificiales, y bien vale la pena visitar este paraíso cuando no se dispone de uno natural». En Argentina tomará contacto con los principales núcleos librepensadores, colaborará en medios libertarios y a finales de 1902 jugará -pese a su juventud- un papel protagonista en la huelga general revolucionaria de Buenos Aires. Detenido como agitador social, merced a la llamada Ley de Residencia sería extraditado de vuelta a España.

La presente recopilación recoge los escritos publicados por Camba en diversas cabeceras radicales de ambos lados del Atlántico, como la bonaenerse La Protesta o -ya en suelo patrio- El Rebelde, del que fuera fundador y director, hasta desembocar en los diarios de adscripción republicana El País y España Nueva, donde su firma alcanzará el éxito general y su planteamiento ideológico experimentará diversos cambios. Los atentados de un sector extremista, que apelaba a la violencia armada, desprestigiaron al movimiento anarquista y el escepticismo iría así apoderándose del autor gallego; pero lejos de representar únicamente un error de juventud o -lo que insinuaba Cansinos en La novela de un literato- una «pose» para adquirir notoriedad, Camba había asumido el suficiente compromiso personal como para que el anarquismo no perviviera posteriormente en su espíritu: su incredulidad desdeñosa, sus reservas íntimas hacia casi todo lo que le rodeaba, hubieron de ser fruto -como señala Lacalle en la introducción- de esa intensa creencia y militancia juvenil y su desengaño de poder llevarse a cabo.

La evolución en la escritura de Camba, de un mayor retoricismo inicial al estilo ágil y directo, cada vez más breve de extensión, característico suyo, a la vez que la presencia desde un inicio de otros rasgos de su acusada personalidad, como su incisivo sentido del humor, agudeza e ironía, es otro de los aspectos más interesantes que se desprende de la lectura de estos textos, gran parte de ellos sin reeditar hasta la fecha «siguiendo las normas establecidas de lo políticamente correcto», según se afirma; y que en esta ocasión hubiesen necesitado, precisamente, de una mayor corrección -de erratas- para no empañar una edición, por lo demás, rigurosa y de una considerable belleza.

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