www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Matteo Salvini, ¿nuevo líder de la derecha italiana?

domingo 15 de febrero de 2015, 19:46h

Italia tiene un nuevo Presidente de la República, Sergio Mattarella, un político de la primera república, ex democristiano (como la mayoría de los políticos italianos), católico (el “monje laico”) y con un perfil un tanto bajo que promete no hacerle sombra a Matteo Renzi. Y mientras el Parlamento es nuevamente teatro de escenas poco edificantes adornadas con insultos y vergonzosas peleas, desde hace unos meses un nuevo personaje irrumpe en el escenario político nacional: Matteo Salvini. Es el líder de la Lega Norte desde diciembre de 2013, partido que es recordado sobre todo por haber comprado licenciaturas en Tirana,diamantes en Tanzania y calzoncillos verdes con dinero público. Ahora, su secretario aspira a liderar el centro derecha italiano prodigándose públicamente para darse a conocer. ¿Le conviene? No creo. Pero los italianos sí que deberían conocer el peligro que implica una persona xenófoba y populista. De esa manera quizá podría evitarse cometer de nuevo el “error cavaliere”: infravalorarlo, arrinconarlo como fenómeno folclórico o considerar sus absurdas frases contra los inmigrantes, los gitanos y…los napolitanos como simples provocaciones o “deslices electorales”. Estamos en presencia de un animal político, hábil a la hora de utilizar las nuevas tecnologías y deseoso de cabalgar el hartazgo del electorado italiano. Orgullosamente inculto –y no lo digo sólo por haber superado apenas 5 exámenes en 16 años de carrera universitaria…-, Salvini conoce a los italianos, la volubilidad de un electorado insatisfecho con la clase política y decepcionado con la supuesta renovación de Renzi.

El otro Matteo ha comprendido que la derecha italiana está aturdida. Berlusconi, en una etapa senil decadente –perdiendo desparpajo electoral y gran parte de su peso político como se ha visto en la elección de Mattarella-, no acepta un recambio generacional dejando al partido a la deriva. Y Renzi vive en una etapa delicada, debido a la polémicas reformas que quiere aprobar. Así que, mientras la popularidad del primer ministro empieza a padecer el desgaste del poder, la suya se encuentra en pleno ascenso. Y para asaltar el liderazgo de la derecha italiana, Salvini parece dispuesto a “traicionar” las absurdas reivindicaciones secesionistas de la Padania. Su plan es convertir la Lega en un partido nacional, siguiendo el ejemplo del Frente Nacional francés. No se trata de una operación sencilla: dos décadas alimentando el mito de “Roma ladrona” e insultando a los italianos del sur, llamándoles guarros y coléricos, y aclamando el Vesubio a lavarlos con el fuego, no se olvidan tan fácilmente. Lo ha comprobado él mismo en su último viaje a Sicilia. No debería bastar con buscar un nombre más conciliador al partido ni admitir “conocer poco el sur”. Y mientras corteja a los electores del Sur de Italia, acusa a los inmigrantes de ser portadores de “la sarna, la tuberculosis y de quedarse con los subsidios estatales en menoscabo de los pobres italianos. Incluso se inventan leyendas metropolitanas basadas en el miedo al diferente o al falso mito de que los italianos que emigraron eran gente honrada y trabajadora…Se trata de un astuta obra de desinformación, que se apoya en la equivocada percepción ciudadana de la inmigración y apela a un nacionalismo excluyente. Al mismo tiempo, está intentando ampliar su red de contactos, fortaleciendo vínculos con la líder de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen –su musa política y estrella polar a seguir- y el presidente ruso Vladimir Putin –el posible patrocinador de su campaña electoral antieuropea.

Tras el buen resultado electoral de la Lega en Emilia-Romagna a finales de noviembre –que, por cierto, debería ser matizado e interpretado a la luz del número bajísimo de votantes, dato muy preocupante-, Salvini ha librado la batalla mediática con Renzi, retándole con frases polémicas, proclamas populistas, tweets incendiarios y abundantes apariciones televisivas. Su omnipresencia mediática es garantía de altas audiencias y palabras desafortunadas. Usa un tono simpático, de bar –de los peores-, una chulería al estilo de su predecesor en el partido (Umberto Bossi), una presencia campechana, lanzando mensajes extremistas y simples, casi siempre bordados en la chaqueta de su chándal –táctica de inmediatez comunicativa. Sin embargo, a sus mensajes -Italia fuera del euro y basta con la inmigración clandestina- no corresponden propuestas serias o alternativas: se limita al insulto, a la provocación, al intento de aglutinar el descontento ciudadano apelando a una retorica vacía de contenidos. Abandona el nacionalismo padano para abanderar la oposición a la UE. La suya es una operación populista que busca, de forma oportunista, secundar la rabia ciudadana respecto a temáticas sensibles: la crisis económica, el desempleo, los bancos, la degradación del país…Crece en los sondeos aprovechando también los errores del Movimento 5 Stelle, partido evanescente, afligido por una crisis de identidad e incapaz de librarse de la pesada sombra de Grillo-Casaleggio.

Finalmente, escribir sobre Salvini en Italia hoy es como hacerlo en España sobre Pablo Iglesias y Podemos: es un tema de interés asegurado a nivel nacional y que genera gran curiosidad fuera de las fronteras. De la misma generación que Renzi, Salvini usa una mezcla de política y espectáculo -como otros protagonistas políticos italianos de la última década-, deseando convertirse en la alternativa al primer ministro, su alter ego de derecha, euroescéptico y populista. Puede que este sea el camino de la derecha italiana, pasando de poder ser liderado por Marina Berlusconi a una Marine Le Pen lombarda, con aún meno estilo y más vulgaridad. Una vez más, pobre Italia.

Andrea Donofrio

Politólogo

Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios