ESTRENO EN SALAS EL 6 DE MARZO
Selma: Luther King en el año de los biopics
Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
El próximo 6 de marzo llega a las salas españolas una de las películas que ha causado más consternación por sus desiguales nominacines de los Oscar,
Selma, un retrato de la marcha por el derecho a voto de los negros americanos que encabezó Martin Luther King en 1965 y que opta a dos premios de la Academia de Hollywood: mejor película y mejor canción original.
Basta con echar un vistazo a las últimas ediciones de los Premios Oscar para afirmar que a la Academia de Hollywood le gustan los hechos reales pasados por el tamiz cinematográfico. El discurso del Rey, Argo o 12 años de esclavitud han recibido el mayor reconocimiento de la industria en los últimos años. En la 87ª edición de los galardones, cinco de las ocho producciones que optan al Oscar a la mejor película entran con holgura entre las paredes del género biopic y, aunque son precisamente dos de las tres restantes las que parten como favoritas (Boyhood y Birdman), no puede negarse que las nominaciones de este año se han rendido a las vidas llevadas a la gran pantalla.
Dirigida por la cineasta Ava DuVernay, Selma es la última de las nominadas a mejor película que llega a las salas españolas (lo hará el próximo 6 de marzo, pasada ya la gala de entrega de los premios) y completa la lista de biopics que han convencido a los académicos junto a El francotirador, Whiplash, La teoría del todo y The Imitation Game. La cinta reproduce los acontecimientos previos y la organización de la marcha encabezada por Martin Luther King desde Selma a Montgomery (Alabama) en marzo de 1965, que llevó al presidente Johnson a firmar la ley sobre el derecho al voto de los negros americanos. Digno de análisis es el hecho de que, mientras el resto de candidatas al premio gordo compiten en entre cinco y nueve categorías, Selma opte solo a dos galardones, con pesos bien distintos: mejor película y mejor canción original.
Selma es una buena película, con ingredientes suficientes como para que hubiera tenido una mayor presencia en los premios del cine estadounidense. La ausencia de nominaciones a sus actores –muy correcta sobre todo la interpretación de David Oyelowo como Martin Luther King-, su fotografía o su dirección deja cierta sensación de que la Academia se ha cubierto las espaldas en un asunto que, cincuenta años después, ha vuelto a las portadas, y poco más. La desequilibrada repercusión de Selma en las nominaciones puede leerse como una obligación de la conciencia estadounidense ante la que es su mayor vergüenza histórica sin prestarle mucho más interés. De paso, han hecho historia nominando por primera vez a mejor películala producción de una cineasta negra.
Mirada documental
El próximo 7 de marzo se cumplen 50 años del inicio de la marcha de Selma a Montgomery (Alabama) encabezada por Martin Luther King en defensa del derecho a voto de los afroamericanos. De la intensa lucha social previa a la manifestación se extrajeron dos importantes conquistas: por un lado, la sensibilización (casi inédita por aquel entonces) de la opinión pública americana; por otra parte, la promulgación de la Ley del Derecho a Voto en 1965 que el presidente Johnson firmó tras un intenso pulso con el propio Luther King. Selma llega en forma de homenaje a la figura del Nobel de la Paz y a todos los que le siguieron en su resistencia pacífica, casi como un documento histórico del que emana al mismo tiempo lo mejor y lo peor de la cinta.
Selma es el primer trabajo de DuVernay que trasciende de los circuitos más minoritarios y esconde en fondo y forma la trayectoria de la cineasta californiana. Después de desencantarse del periodismo, probó con la publicidad y terminó produciendo espacios televisivos. Su debut como realizadora en el largometraje, This Is the Life, se produjo en el género documental, al que siguieron dos dramas independientes: I Will Follow y Middle of Nowhere, que le valió el premio a la mejor dirección en el festival de Sundance. En Selma, la cineasta conjuga la mirada documental heredada de su etapa periodística con su demostrado buen hacer en la contención de la ficción dramática. El resultado es una película que despierta el interés desde un punto de vista histórico y hacia el retrato de unos personajes reales, pero con un ritmo desigual que se levanta, en ocasiones, in extremis.
Aún teniendo en cuenta la exigida capacidad de síntesis a la hora de abordar hechos reales en la gran pantalla, el conjunto de la película hubiera agradecido un metraje menor. Selma alterna secuencias más documentales, muy dialogadas, con escenas de una potencia visual magnánima que, en conjunción con una banda sonora exquisita, componen cuadros casi bélicos y transmiten a la piel del espectador la sensación de estar inmerso en un momento histórico. Son estos picos dramáticos los que mantienen agarrado al espectador y consiguen devolverlo a la trama después de algunos bajones.
Junto a fieles reproducciones de conversaciones o discursos previamente documentados, DuVernay retrata al Luther King-persona (y no activista) a través de la relación con el presidente Johnson y, sobre todo, con su mujer, Coretta Scott King. Aunque se contrapone con inteligencia su ímpetu en las apariciones públicas con las dudas y miedos propios del ser humano, quizás se echa en falta una profundidad mayor en la representación del personaje para terminar de inclinar la balanza hacia la dramatización y diferenciarse de la exposición sucesiva de hechos propia del documental.
A parte del encomiable trabajo de Oyelowo como Luther King, hay que destacar las apariciones de Tom Wilkinson como el presidente Johnson; un excelente Tim Roth como George Wallace, el gobernador de Alabama; y Oprah Winfrey, que además de coproducir de la película interpreta a la activista Annie Lee Cooper.
Una película que, con algunas flaquezas derivadas de un enfoque muy descriptivo, es solvente en su conjunto y deja la sensación de haber sido injustamente olvidada en los Oscar.