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JORNADA 24: ATLÉTICO 3 ALMERÍA 0

El Atlético se cuelga de los errores del Almería para aferrarse al Barça sin sudar

Diego García. Estadio Vicente Calderón
sábado 21 de febrero de 2015, 22:04h

Los goles de Griezmann –dos- y Mandzukic penalizaron el nefasto partido andaluz. Los pupilos de Simeone no mostraron una mejor precisión asociativa pero no les hizo falta. El marcador sobrevino como consecuencia de la distancia del nivel de ambos contendientes.

El Manzanares engalanó su ribera para acoger uno de esos duelos que definen el cariz de una temporada. Encuadrado en un contexto sorpresivo y favorable -el despeño del Barça en el Camp Nou ante el rocoso Málaga, que no ha concedido ni un tanto a los culés esta temporada-, el envite ante el necesitado Almería tomó el estatus de trascendental, significado como un peldaño de obligatoria subida en la suma de méritos que dirige el objetivo hacia revalidad el título doméstico, en plano panorámico, y seguir recortando distancia para aferrarse a la cima, en el primer plano.

Diego Pablo Simeone entendió, pues, que la recepción del bloque andaluz no solo no implicaba establecer un parcial campo experimental para rotar y conceder minutos a variantes en el plan b del colectivo, sino que, por el contrario, merecía desplegar toda la potencia del guión habitual. Así, Siqueira y Juanfran actuarían como puñales en la llegada desde la cal, Arda digiría la orquesta, Saúl adoptaría el rol llegador y Mandzukic y Griezmann representaría el papel tradicional: desborde, desequilibrio, este último, y pegada y brega, del lado croata. En esta ocasión, Tiago y Gabi ordenaría y salvaguardarían el equilibrio en una pugna con menos relevancia a lo físico y más atención en el manejo propio de la pelota.

Juan Ignacio Martínez, por su parte, arribó en el Calderón con la intención de replegar sin renunciar a las transiciones vertiginosas -a lomos de Thievy y Edgar-, con una línea de cuatro atrás reforzada con el doble pivote Verza y Fran Vélez. La cohesión en el achique se antojaba como un elemento básico para digerir el ardor local. La velocidad en la contra y el balón parado, elementos básicos a explotar por el bando visitante para no salir trasquilado de la visita a la capital.


Tras el pitido inicial se desplegó, antes de que ambos contendientes tomaran posiciones, el control sublime tras pelotazo de Griezmann que permitió al galo girarse y rematar ajustado al poste. Con esta precoz ocasión pudiera entenderse una salida de vestuarios en tormenta colchonera. Nada más lejos de la realidad. El choque entró, al instante, en el ritmo plomizo que contaminaría los 90 minutos. La intensidad no gozaba del nivel habitual en el coliseo colchonero y el duelo se reducía a un intercambio de posesiones intrascendentes sólo interrumpidas por imprecisiones. Respondió Trujillo de tímido testarazo en el primer saque de esquina almeriense para cerrar los primeros 10 minutos que dibujarían el tono del duelo.

Con incapacidad para salirse de la guerra posicional, sin cambios de velocidad a través de la posesión ni acierto en el juego en largo, el gris espectáculo sugería entregar protagonismo a los errores, elevando este apartado hasta la cima de la trascendencia en el marcador.

El primer golpe nació de una intercepción del punta francés, en plena efervescencia, en la medular. El 7 interceptó la pelota a Dubarbier y el incisivo lateral cometió falta. Instante después, en el 12, Gabi lanzó una falta lateral lejana que condujo al penalti señalado por el colegiado Lahoz por agarrón y derribo en el área andaluza. Mandzukic tomó la pelota y ajustició el fallo rival con una resolución pausada y elegante.

No hubo reacción visitante tras la herida contraída. Todo lo contrario. A su perfil plano y unidimensional añadió el cuadro de JIM el sutil viraje hacia la aceleración rojiblanca, que había olido sangre sin desenvainar la espada. Y a falta de la tan ansiada precisión en la asociación -tras el varapalo vigués-, sobrevino otro infortunio del bloque azul para doblar la apuesta de escaso esfuerzo colchonero y maximizado rédito. Un fallo grotesco en la salida de pelota de la zaga del Almería -que provocaría el desconsuelo de cualquier entrenador de cantera- entregó el balón a Mandzukic cuando la defensa propia permanecía fuera de colocación. El croata cedió a Griezmann para que el galo resolviera el mano a mano con suficiencia, ajustando su envió al poste. Corría el minuto 20 y el esperpento andaluz alimentaba la sonrisa y placidez colchonera.

Pero, sin variar las pulsaciones ni el rictus tedioso -alejado de lo brillante del manejo de la pelota-, el Atlético recibiría antes del intermedio otro regalo que cerraría la pulsión competitiva de manera definitiva. Un saque de esquina mal despejado por la zaga andaluza, que emitió un balón suelto que interceptaría Griezmann, significaría el tercer cuadro azul con penalización rojiblanca. El escurridizo francés eludió al portero y, sin demasiado hueco para perfilar el disparo, cruzó ante la inoperancia de Cuesta. Tres fallos, tres goles y partido zanjado en 30 minutos.

Apareció el descanso con un solo chut a puerta del Almería, ejecutado en el 41 por Edgar –voluntarioso en el desborde en transición pero desasistido- que cazó un rechace para enviar la pelota a la tribuna, y una única combinación elaborada desde atrás, con fluidez y conclusión de jugada –en centro de Siqueira al segundo poste, sin rematador- experimentada en el 44 de partido. Un balance muy pobre si se entiende que el rendimiento rival pasaba por reflejar el nivel más bajo de los conjunto que han pasado esta temporada por el Calderón. El bagaje de los pupilos de JIM quedaba reducido a la amalgama de intentos de slalom de Thievy en banda –todos ellos sin éxito- y las quejas en foro interno de Hemed, el caza goles israelí al que no llegó una pelota interesante.

Abrió el segundo acto el técnico andaluz con la inclusión de Soriano por Fran Vélez, en un intento por adelantar líneas y maquillar el sonrojo de algún modo, aunque esto supusiera desguarnecer, aún más, su propio repliegue. Y el Almería, en efecto, subió líneas, pero no afinó su acierto en el pase ni en el disparo. Tras el intercambio de remates muy alejados de la diana, el ritmo y las pulsaciones cayeron en picado –si cupiera un margen amplio- y se quemó el primer cuarto de hora con dos sobresaltos: la entrada de Torres en sustitución de Mandzukic -notable en sus atribuciones- y el remate orientado de Corona desde la frontal tras un mal despeje de la zaga colchonera.

El escenario amplió lo coyuntural en tendencia y el Atlético se agazapó a esperar el robo y salida. Sin fogosidad en ninguna de las dos facetas ni inquietud ante el derroche de impotencia visitante. El Cholo abrió de manera definitiva la puerta a las rotaciones, visto el paisaje, y Raúl García entró por Griezmann –de nuevo, el mejor del partido- y Tiago –el peón más castigado físicamente- dejó su escaño a Mario Suárez. JIM sentenció entonces el derroche hedonista de Thievy y le sentó por Wellington y colocó a Casado por el agotado Dubarbier –luz en la ofensiva almeriense-. Velocidad individual para contagiar a un partido asesinado por los errores visitantes.

Atravesado ya el ecuador de segundo tiempo, ambos oponentes contaban los minutos para meterse en vestuarios. Cosa diferente ocurría con Torres y Raúl García, enchufados y en otro ritmo desde su ingreso en el juego. Sin embargo, el desacierto colmó los intentos aislados de ambos puntas en un bagaje cerrado con el remate a banda del navarro. Con chut de Saúl desde media distancia y roja a Siqueira –situación tan exótica como incomprensible dada la tesitura- se dio carpetazo a un duelo desigual a todas luces en el que el Atlético se dispara en persecución del Barça sin sudar una gota. El gris rendimiento de Arda no desentonó por la pírrica exigencia a la que fue sometido el colectivo rojiblanco. Simeone deberá aguardar a la Champions League para testar la corrección de las imprecisiones que costaron tres puntos en Vigo y a JIM le espera bastante trabajo para parchear el pobre despliegue efectuado este sábado.

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