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DESDE ULTRAMAR

Netanyahu de campaña en Washington

miércoles 04 de marzo de 2015, 20:16h
En los medios mexicanos ha sido muy publicitado el diferendo entre Washington y Tel Aviv, previo a la accidentada visita del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu a la capital estadounidense, que ha sido un desencuentro desde que se solicitó, y le fue censurada por la oposición israelí. Obama se negó a recibirlo, alegando que el israelí está en campaña y no deseaba que se usara su comparecencia en tal proceso electoral anticipado (a verificarse el 17 de marzo y surgido de un voto de desconfianza del parlamento israelí) ni a que tal encuentro dividiera más a la clase política estadounidense. A su vez Netanyahu ha negado la descortesía de no reportar a Obama su visita, escudado en la invitación congresional. Tampoco lo han recibido Biden y Kerry. Así que entre mula y mula, nada más las patadas se oyen, dice la conseja popular, pues no falta observador que destaca la mala relación entre Obama y Netanyahu y la rispidez de su actuar.

La coyuntura que supone la visita del mandatario de Israel y particularmente, de su discurso pronunciado en el congreso estadounidense, el martes 3 de marzo de 2015, se inscribe en medio de las elecciones en aquel país, que convierten el hecho en una pasarela electoral que entre otras cosas, Netanyahu aprovecha desde la difusa condición de mandatario y candidato. Puede entenderse pues, que su visita sea llamada como inoportuna, si bien le era apremiante decir a la vera del Potomac, lo que fue a decir. Pero siempre dentro de esa difusa condición, se mire por donde se mire. Y la oposición israelí la desestimó desde un inicio, pues supone desde luego, sacar raja en pro de su candidatura. Y no la tiene fácil para ganar.

No es frecuente o, al menos, no es oportuno, que un mandatario que aparece en las boletas electorales, ande de campaña en otro país. Por mucho que sea un aliado estratégico de EE.UU. que así saca ventaja a sus contrincantes. Parecía que a veces Netanyahu solo buscaba la foto. En mi país eso sería visto por parte de la oposición como una deslealtad y una ventaja electoral indebida, absoluta e inadmisible. Y no se venga aquí a decir que el mandatario israelí solo acude y habla por la seguridad de su país y no por él, el candidato, de espaldas a toda la clase política israelí. Porque no solo es eso. Que decirlo con toda claridad no implica ser ni anti ni proisraelí, sencillamente se deja en claro la posición ventajosa de Netanyahu.

A Netanyahu tal parece que se le ha hecho sentir su inopinada imprudencia al presentarse en Washington, pese a haberlo invitado los republicanos en mayoría y aunque agradeció a Obama su apoyo “y al Congreso a su lado”. Su presencia en el congreso estadounidense ha sido boicoteada por 50 legisladores y ha contado con la inusual ausencia del vicepresidente Biden. Justo con Obama, anda atendiendo su agenda desluciendo la presencia de Netanyahu. Su discurso en inglés azuzó esperpentos de amenazas nucleares. Pero no ha bastado. Y ha comparecido para refrendar su alianza con Estados Unidos y para censurar además, el acercamiento negociador con Irán, mientras se impulsa un acuerdo antinuclear con Teherán, comparando su islamismo con el del Estado Islámico. No ha dudado en ir del histrionismo al chantaje, con un par de frases punzocortantes. No cabe duda que ha aprovechado la invitación que obedece a pugnas partidistas en el congreso estadounidense. Recordando que Irán se la tiene jurada a Israel como todos sabemos, ha sentenciado, con torpeza más que con tino, que si Israel ha de actuar solo, peleará en solitario por su supervivencia amenazada. Esto ya es una provocación innecesaria, pues sabe que no es viable ni se materializará tal abandono. Israel no será moneda de cambio entre Washington y Teherán, aunque como telón de fondo esté no lo nuclear, sino apoderarse del petróleo iraquí, continuación geológica del iraní, ya secuestrado por empresas estadounidenses.

Bravuconadas aparte, porque no fue solo retórica ni reafirmación de carácter, queda en anécdota infortunada. Mas deja la impresión de que Netanyahu ha logrado poco y a lo más. Eso sí, me parece acertado que recordara que Israel en la agenda de EE.UU. es un tema bipartidista, no un tema de uno u otro partido mayoritario, salvando así mezquindades; advirtiendo que las pungas legislativas podrían debilitar la seguridad israelí y de EE.UU. En eso sí concuerdo con él. Pero lo tildo de paranoico, después de todo, pues no pierdo de vista que vemos más al candidato buscando reflectores que al mandatario.

Pero por lo visto, el israelí ha ido de trompicón en trompicón. El gobierno Obama al reaccionar, llamó como posible traición a que Netanyahu revelara en su discurso datos de inteligencia que debió guardar. En esa tesitura destaco la posición de la lideresa de la minoría demócrata, Nancy Pelosi, que afirmó que era un insulto a los servicios de inteligencia de EE.UU. hacer tales revelaciones.

Con todo, el primer ministro israelí no me deja boquiabierto, pese a su fluido inglés. No me apabulla, pues. Con Netanyahu me asaltan sentimientos encontrados. Ha reafirmado la seguridad de Israel, pero la ha entrampado, mientras ha aplastado a la Autoridad Nacional Palestina y socavado las libertades de los palestinos. Punto. No hay que darle tantas vueltas. Se ha ganado la merecida reprimenda mundial. Queda la idea de que los ciudadanos israelíes le han votado por años por sentirse seguros, mas sabiendo que los ha entrampado, que en ello va negarles una salida pacífica a los conflictos regionales dada su intransigencia y se ha aprovechado de haber creado esas condiciones. Que le han votado a falta de mejores opciones, mientras aprovecha esos sentimientos, canalizándolos, y enroscando más la tuerca en provecho político propio, arriesgando más a Israel, en vez de dotarlo de soluciones.

Concluyo. Hace unos años oí a un ciudadano mexicano de origen judío, despotricar contra Obama jurándole que por acercarse a los palestinos –no recuerdo exactamente qué había sucedido en concreto– en un momento determinado, Obama perdería la reelección. Desencajado, lo aseveraba como si de él dependiera. Supongo que insinuaba que los poderosos grupos proisraelíes estadounidenses le negarían su apoyo. El despistado “analista” se olvidó de que ni son los únicos poderosos ni los únicos que juegan sus cartas en una elección presidencial de EE.UU. Tiempo después Obama fue reelecto. A Netanyahu decirle que ha forzado las cosas demasiado para su pueblo. Pero ha quedado ajeno a la dinámica que representa hoy su entorno: ni Mubarak gobierna hoy en su aliado Egipto, ni Turquía quita el dedo del renglón ni Iraq cede un ápice. Y encima tiene ya al Estado Islámico enfrente. Habría sido más interesante y un mensaje más claro y propositivo a los pueblos árabes y al palestino que en vez de ir de rodillas a pedir apoyo a Washington con semejante panorama, hubiera extendido las manos pensando como estadista y no solo en las cercanas elecciones. Se ha vuelto a equivocar. Como sea, si a poderosos vamos, ha sido Netanyahu quien ha tenido que ir a Washington y no Obama a Tel Aviv. Así de fácil. ¡Jaque mate!
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